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El poder del poder. Repensar la autoridad en tiempos de crisis

Cultura

 | 12/12/2016

Por: Claudio Alvarado R.

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Pablo Ortúzar / Tajamar, Santiago, 2016, 300 páginas.
Desde la debacle electoral de la Nueva Mayoría hasta el bullado triunfo de Donald Trump, no faltan motivos para reflexionar sobre la legitimidad del poder político. En rigor, nuestras complejas sociedades contemporáneas parecieran sufrir el progresivo y transversal desprestigio de sus elites y estructuras tradicionales. ¿Cuáles son las causas de este fenómeno? ¿Es posible revertirlo, aunque fuera en parte? ¿Cómo hacerlo? Ayudarnos a responder esta clase de preguntas es lo que busca el reciente libro de Pablo Ortúzar El poder del poder. Repensar la autoridad en tiempos de crisis. 
El autor da por sentada la existencia de una crisis de legitimidad: del poder del poder, en sus términos. Acá asume el “notable” diagnóstico que articula Moisés Naím en El fin del poder (Debate, 2014). Con todo, Ortúzar piensa que conspira contra los fines de este último su “exceso de simplificación teórica”, pues “una cosa es saber que es preferible evitar a los demagogos […] y otra es saber cuáles son las opciones disponibles para lograr eso” (p. 20). 
Lo anterior pone de manifiesto una primera clave de lectura del texto de Ortúzar: para comprender y enfrentar con éxito nuestros desafíos actuales, se requiere cierta densidad intelectual. Como él mismo explica, los problemas humanos más relevantes se anidan en el plano del sentido, y quien pierde esto de vista renuncia a interrogar un aspecto decisivo de nuestra situación (por desgracia, es lo que suele suceder con nuestras elites políticas, especialmente al lado derecho del espectro). 
De este modo, nuestro autor se toma muy en serio la advertencia de Isaiah Berlin —y de tantos otros—: no cabe restringir a los procesos o estructuras institucionales el examen de nuestras comunidades políticas. En el caso de Ortúzar, ello se traduce en el recurso a la antropología y a la obra de René Girard y, en particular, a la importancia que el antropólogo francés otorga al mito sacrificial como fundamento de la vida común. Adoptar esta perspectiva, muy lejana al viejo contractualismo, tiene sus implicancias y así podrá comprobarse al revisar las páginas de El poder del poder (por ejemplo, al consultar su visión acerca del proceso constituyente).
Sin embargo, sería un error creer que este libro tiene pretensiones academicistas. Basta leer su introducción y su referencia a “uno de los mejores capítulos de Los Simpson, de entre sus decenas de mejores capítulos” (p. 17) para notar que no estamos en presencia de un tratado ni nada semejante. Como bien destaca Daniel Mansuy en el prólogo, Ortúzar escudriña la realidad con muchos lentes y eso refleja un determinado modo de entender la actividad intelectual. Al autor le interesan más los problemas humanos que las restricciones y esquemas disciplinarios, y esta obra, con todos los riesgos que ello conlleva, es fiel prueba de esa convicción. 
En ese sentido, no debiera sorprender la diversidad de tópicos a los que él alude, desde la naturaleza mimética del hombre hasta la justicia intergeneracional. Dicha diversidad, empero, encuentra un hilo conductor muy claro, que podría resumirse como sigue: el poder político se inserta en un cuadro social y cultural más complejo, que necesariamente limita su ejercicio. Ello permite comprender la relevancia que Ortúzar atribuye al pluralismo social y al principio de subsidiariedad.
Desde luego, El poder del poder no es un texto cerrado, sino una invitación a la reflexión. De seguro, el propio Ortúzar continuará explorando algunos de los múltiples temas que aquí no alcanza a desarrollar; por ejemplo —y siguiendo la pregunta formulada por Böckenförde a mediados del siglo pasado—, hasta qué punto es posible conciliar el (sano) pluralismo social con el sustrato moral común del cual dependen, pero no garantizan, las modernas sociedades democráticas. 
Como fuere, dicha invitación se encuentra muy bien lograda y esta es una obra que hace pensar. Por eso y porque, tal como dijera Carlos Peña en el lanzamiento del libro, se trata de una voz que indudablemente continuará influyendo en el debate público nacional, sobran razones para leerlo.