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Martin Scorsese y el Silencio de Dios

Cultura

 | 24/01/2017

Por: Antonio Delfau S.J.

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La aparente pasividad de Dios durante el sufrimiento humano está en el centro de la novela del japonés Sushaku Endo, llevada ahora al cine por el director estadounidense.
Más de trescientos jesuitas nos reunimos en el Pontificio Colegio Oriental de Roma a fines de noviembre para ver el preestreno de la película Silencio y conversar con su director Martin Scorsese. El gran cineasta estadounidense, acompañado de su señora e hija, quiso compartir con nosotros esta conmovedora historia porque es una historia de fe cuyo vehículo son los jesuitas. 
El filme, basado en la novela del mismo nombre de Shusako Endo de 1966, relata las vicisitudes de dos sacerdotes jesuitas portugueses, Sebastião Rodrigues y Francisco Garpe, que en 1633 se embarcan en Macao rumbo a Nagasaki, Japón, para atender a los cristianos perseguidos y encontrar a quien fuera su maestro y mentor, el padre Cristovão Ferreira. No quieren dar crédito a las informaciones que aseguran que apostató de su fe, cortando todo vínculo con su pasado. 
Es una historia de ficción. Sin embargo, tiene como trasfondo hechos reales. Efectivamente, Ferreira fue un jesuita portugués (1580-1650) que permaneció gran parte de su vida en Japón. En 1633, después de cinco horas de tortura, renegó de su fe. Hoy los historiadores discuten la verosimilitud de los relatos que sostienen que en sus últimos días se habría arrepentido de su apostasía, muriendo mártir. 
Lo que sí es cierto es que el catolicismo en Japón se había expandido de modo promisorio desde la llegada de san Francisco Javier en el siglo previo. Para 1613 los cristianos, según se estima, eran entre 300 y 400 mil. Y justamente al final de aquel año comenzó una persecución que alcanzaría su clímax en 1632, diezmándolos de manera considerable. Sin embargo, grupos de cristianos ocultos perseveraron por dos siglos sin la asistencia de sacerdotes. Hay una escena en la película donde los campesinos entonan cantos provenientes de esos pequeños grupos. Se trata de textos que mezclan el latín con el portugués y el japonés. Martin Scorsese quiso ponerlos no solo por su belleza, sino también como homenaje a esa impresionante fidelidad. 
 
UNA OBSESIÓN 
 
En 1988, después de comentar La Última Tentación, un obispo anglicano de Nueva York le regaló a Martin Scorsese el libro de Endo. Al año siguiente, el director lo terminó de leer en Japón, a donde había ido a interpretar a Vincent Van Gogh en el filme Sueños del destacado realizador japonés Akira Kurosawa. Desde entonces intentó varias veces plasmar la novela en una película. Pasaron veintiocho años antes de que pudiera concluir su edición, justo el viernes anterior a la exhibición a los jesuitas en Roma. Durante todo ese tiempo nunca dejó de trabajar en su proyecto. Tanto así, que tuvo que comenzar a indicar el año de las notas que ponía en los márgenes. 
Varios jesuitas colaboraron en la realización del filme. Incluso el actor que interpreta al padre Rodrigues, Andrew Garfield, hizo los Ejercicios Espirituales como parte de su preparación. En palabras del propio Scorsese, Silencio trata sobre la fe y el conflicto que este sacerdote lleva en su interior. 
Endo, convertido al catolicismo junto a su madre después de que esta se divorciara, relató al padre Adolfo Nicolás, hasta hace poco General de los jesuitas, que el catolicismo le quedaba incómodo, como “el traje heredado de un muerto”. También le contó a Martin Scorsese que el cura que había sido su mentor abandonó el sacerdocio. Y que un día, sin que él lo advirtiera, lo vio solo, en un restaurante. Quedó impresionado al verlo rezar y dar gracias, antes de comer. Y es que Silencio aborda el misterio de la fe y de la debilidad humana (tema recurrente en los libros del autor). 
Se trata de un filme que interesará a los lectores de Mensaje porque lleva a reflexionar, abre muchos interrogantes y sin duda suscitará interesantes discusiones. Están el sentido del sufrimiento, el misterio del mal, la traición, el miedo, la violencia y el silencio de Dios ante la persecución, la tortura, el hambre y la muerte.
 
FRAGILIDAD HUMANA, TRAICIÓN, REDENCIÓN
 
Unos de los personajes es Kichijiro (Yôsuke Kubozuka), quien se embarca como su intérprete con los padres Rodrigues y Garpe. Es un hombre que traiciona, que apostata una y otra vez. Y, sin embargo, siempre vuelve en busca del perdón. Este sujeto alcoholizado y cobarde en un momento dice: “¿Hay lugar para las personas débiles en el mundo en que estamos? ¿Por qué no nací donde no hubiera persecución alguna?”. En otro se pregunta: “¿Cómo Dios puede querer a un desgraciado como yo?”. Endo sugirió a Scorsese que podía ver en ese mendigo sucio y traicionero el sentido del actuar de Jesús. 
Silencio nos hace preguntarnos por quienes sucumbieron ante las torturas. Por quienes se quiebran ante las adversidades que les toca enfrentar. Scorsese, al comentar el filme, nos dice que la violencia, el miedo, el secreto, fueron parte de la vida del barrio de Nueva York donde creció. Por eso quizás en su filmografía (Toro Salvaje, Taxi Driver, entre otras) ha estado luego tan presente la violencia. Y agrega que constatarla en otros pasa por reconocerla en nosotros mismos. En este sentido, son sumamente interesantes los diálogos entre el padre Rodrigues y el Inquisidor que trata de convencerlo de apostatar. En un momento el Inquisidor Inoue lo provoca, diciéndole: “¡El precio de tu gloria es el sufrimiento de ellos!”. 
Silencio toca los grandes temas de la existencia humana. Filmada en Taiwán, con una notable fotografía, cuenta con intérpretes de gran calidad: no solo los famosos Adam Driver, Andrew Garfield, Liam Neeson, sino también japoneses menos conocidos por nosotros. Entre ellos, destaca precisamente el actor que hace de Inquisidor, Issei Ogatae. 
Scorsese aspira a hacer llegar esta película al gran público. No sabemos si efectivamente será un éxito de taquilla. Es cierto que en ella hay drama, violencia, grandes interpretaciones y bellísimos escenarios naturales. Sin embargo, se trata de una historia compleja, con múltiples aristas, fascinante y agobiante a la vez. MSJ