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Etnoarqueologías andinas

Cultura

 | 24/01/2017

Por: Mauricio Massone Mezzano

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Victoria Castro (ed.) / Ediciones Universidad Alberto Hurtado, Santiago, 2016, 490 páginas.
El libro Etnoarqueologías andinas reúne trabajos de distintos períodos y de varios autores que han formado parte de un destacado equipo de arqueólogos integrado por Victoria Castro, Carlos Aldunate, José Berenguer, Varinia Varela y otros importantes colegas estrechamente vinculados. 
En el texto se hace patente un especial interés por los paisajes culturales y la sacralidad en la Puna de Atacama. Sobresale la importancia central de las montañas en la cosmovisión andina, la relación entre la orientación de los vanos de las chulpas y los cerros que dominan el paisaje local en Likán, y el poder de los gentiles relacionado con el arte rupestre de la zona del río Salado.
Surge con fuerza el proceso de complementariedad entre las tierras altas y el litoral a lo largo del tiempo. También, la importancia de las relaciones interétnicas entre los pescadores camanchangas o changos de Cobija, y los grupos originarios de Atacama, Alto Loa y Loa Medio. El intercambio de pescado por productos del interior y el traslado del pescado a largas distancias hasta alcanzar la ruta de Potosí, hace que los grupos del interior no solo emprendan largos viajes sino también compartan con los pescadores especializados los espacios costeros. El texto referido a este tema representa un homenaje al etnohistoriador John Murra y destaca a la complementariedad como un logro fundamental de las poblaciones andinas.
El hallazgo de un documento de 1677 permite reflexionar sobre el violento impacto de la extirpación de idolatrías y sus manifestaciones más específicas en la Provincia del Loa, en las localidades de Lasana, Caspana y Aiquina. Aflora la resistencia clandestina a través de íconos zoomorfos vinculados a la fertilidad de la tierra y las rogativas para propiciar las buenas cosechas. Se profundiza la relación entre las fuentes documentales y los antecedentes arqueológicos para analizar el culto a los simios, el lagarto, el picaflor Sotar Condi y su vinculación con el agua y las siembras. 
También se trata el complejo tema de las identidades en la subregión del río Salado. Se pueden distinguir dos tradiciones culturales: la tradición del desierto vinculada con los grupos de la zona del Salar de Atacama, que correspondería a la etnia atacameña, y la tradición altiplánica, presente en el Loa superior, compuesta por grupos altiplánicos, sin que puedan establecerse con precisión los aspectos lingüísticos implicados. Algunas fuentes del siglo XVI mencionan a varios grupos étnicos con lenguas aymará, quechua, puquina y uroquilla que se interdigitan en el altiplano meridional.
En varios capítulos adquiere realce el relato oral como vía de conocimiento. Muestra cómo lo natural y lo sobrenatural conforman una unidad indivisible en valiosos testimonios que dan cuenta de una cosmovisión en la cual humanos y naturaleza están asociados por lazos de reciprocidad. El dar y recibir se constituyen en una dimensión sagrada que explica los principios de la vida y organiza sus procesos básicos y, a la vez, trascendentales.
El libro contribuye a reconstruir capítulos importantes de la historia de los pueblos originarios de los ríos Salado y Loa, la zona costera de Cobija y sus relaciones con otras regiones vecinas del mundo surandino. Los estudios de arqueología, de etnoarqueología y las observaciones antropológicas generan aportes significativos para la comprensión de los paisajes y la valoración de la diversidad cultural que se generó y que aún hoy existe en esa región del norte de Chile. Por último, el conocimiento histórico adquiere un sentido especial en función de comprender mejor el sistema de vida de las comunidades actuales.