Mensaje
ACCESO SUSCRIPTOR

SITIOS DE INTERÉS

SM hotel acacias Jose Aldunate jesuitas mirada global Oración Diaria

Manual para mujeres de limpieza

Cultura

 | 24/01/2017

Por: Beatriz García-Huidobro

Leer Compartir
Lucia Berlin / Alfaguara, Barcelona, 2016, 429 páginas.
Siempre está vigente el tema de la vida de un escritor con su obra, de qué manera el uno determina a la otra. Algunos autores defienden la completa autonomía de sus escritos respecto de sí mismos, mientras que otros incluso construyen un estilo de vida determinado por el oficio que anteponen a todo lo demás (y es esta difusa línea la que lleva a la industria a crear escritores/personajes como producto de marketing).
Lucia Berlin es una de esas escritoras completamente subordinadas a su obra y, a la inversa, la obra nace de ella, de sus vivencias, de las imágenes y situaciones que su curiosa existencia le entregó. Siendo una mujer muy bonita, hija de un próspero ingeniero en minas que llevó a su familia a residir en diferentes regiones y países —entre ellos, Chile, donde Berlin fue una muchacha de alta sociedad—, parecía destinada a una existencia plácida y predecible. Pero su vida se fue por otros derroteros: a los diecisiete años se casó con un escultor que la dejó estando embarazada de su segundo hijo, volvió a casarse con un pianista, lo abandonó y se fue con su tercer marido, escogido con el mismo mal ojo, y quedó sola con cuatro hijos, alcohólica, a veces haciendo clases en escuelas o universidades hispanas, a veces trabajando como aseadora o auxiliar en un hospital. Y escribiendo, escribiendo siempre.
Sin embargo, lo interesante de estos cuentos que ella escribió, todos evidentemente autobiográficos, no es su declive personal, sino el ambiente absolutamente demencial de su familia. Los cuentos más notables y que generan mayor impacto son justamente los de su infancia y juventud. La madre también era alcohólica, poco afectiva. Su entorno estaba plagado de personajes insólitos que solo podían conducir a conductas desadaptativas. 
Este volumen reúne un conjunto de narraciones breves en las que suceden hechos que de alguna forma explican el espiral de decadencia que tuvo la autora y, a la vez, describen la atracción que debe haber ejercido su notable personalidad a quienes la rodeaban, de qué manera cautivaba y repelía y desesperaba, y con eso creaba lazos indestructibles. 
Hay un cuento impresionante de ella conversando con su hermana enferma de cáncer terminal, donde analizan la relación con la madre y la imposibilidad del perdón. Otro del abuelo que fabricaba prótesis dentales que parece un personaje de Gabriel García Márquez, un ser inolvidable e inimaginable, si no hubiese sido real. En otro, ella, teniendo ya un hijo pequeño, viaja por Navidad a reunirse con su familia extendida, por supuesto disfuncional. Entonces la había abandonado su marido y estaba embarazada, sin un centavo. Una prima, bella como ella y aún más alegre y atractiva, le paga un aborto. Y estando ahí narra el ambiente descarnado de la clínica clandestina, las mujeres hispanas desoladas, y se arrepiente y regresa, sin el dinero y con un futuro abismante abriéndose ante ella, develando así su impulsividad alegre e impredecible. Es una escritora que en un punto no estético, sino temático, recuerda a Raymond Carver. Fue una mujer que vivió intensamente las consecuencias de su biografía y que murió a los sesenta y tantos de cáncer al pulmón, allegada en el garaje de uno de sus hijos.