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¿Cómo la vivió Ignacio de Loyola?: Búsqueda desenfrenada de sueños y utopías

Iglesia

 | 24/01/2017

Por: Selia Paludo

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En cada uno de nosotros hay una búsqueda de algo. De una profesión, buenos amigos, tiempos de oasis, una prenda de ropa, un regalo, anhelamos estar bien.
En cada uno de nosotros hay una búsqueda de algo. De una profesión, buenos amigos, tiempos de oasis, una prenda de ropa, un regalo, anhelamos estar bien. ¿Buscamos a Dios en la vida ajetreada que vivimos; buscamos su voluntad?
¿Cuál es la voluntad de Dios para mí?: no es una pregunta que muy a menudo nos hagamos o que mucho nos interese, porque la respuesta consiste en buscar y comprometernos con el otro. Nos cansamos de tantas búsquedas. Estas podrían quedarse para mañana, no son urgentes. 
Así hacemos esperar a Dios.
La vida de Ignacio de Loyola fue densa de acontecimientos, de búsquedas, de un hambre infinita por lo espiritual, por conquistar una vida plenamente ordenada de ese modo a Dios, caracterizada de un gran alcance espiritual.
Desde su conversión no dudó en colocar como prioridad esta interrogante en su vida. ¿Qué querrá de mí Dios, nuestro Señor? Antes lo atraía la búsqueda de honores, carrera y poder. No obstante, la grave herida recibida durante el asedio de Pamplona y la convalecencia transcurrida en Loyola ocasionaron en Ignacio una crisis existencial, que lo llevó a preguntarse: “¿Qué cosa tengo que hacer? ¿A qué cosa tengo que dedicar mi vida?”. El tibio cristiano Ignacio fue inducido a decidir y a elegir qué cosa habría dado valor a su vida cristiana en el futuro. 
En su lecho de sufrimiento, Ignacio reconoció cómo Dios había entrado en su vida. Confrontó el efecto que en él provocaban las fantasías de los relatos caballerescos –en un primer momento, el entusiasmo por el “honor” y por la “dama del corazón”– y después el vacío con la consolación duradera que producían en él los sentimientos y pensamientos interiores (mociones) que le nacían al leer la Vita Christi de Ludolfo de Sassonia (n. 8). Ignacio descubrió a Dios en las maravillas de la creación. Su experiencia espiritual lo había llevado a coincidir “solamente en las cosas de Dios” los discursos que tenía con aquellos que vivían con él, de modo tal de “traerles provecho espiritual”.
Este gran acontecimiento transforma a Ignacio. Hay hechos que cambian para siempre nuestra mirada sobre la vida, la creación, el hermano y también sobre uno mismo.
Alguien cambió la vida de Ignacio, sus sueños, sus utopías. Cristo lo transforma en un caballero suyo y él encuentra una gran paz en su alma, deseando estar en los lugares donde nuestro Señor había estado, para poder servirlo allí.
Este era su fin: servir al Rey Eterno y no más a los terrenales. Toda su fuerza, energía y deseos iban orientados allá. En la oración encontró un medio muy eficaz, a punto de sentirse “enfermo” de tanta oración, porque jamás estaba contento y satisfecho con lo que hacía. 
Era incansable. Cada día su corazón deseaba hacer algo nuevo por este Rey, hasta que alguien le dijo que solo le faltaba que Dios se le apareciera. Lo demás ya lo tenía. Y eso fue lo que aconteció.
Ignacio buscaba a Dios a su modo, con sus esquemas, con su comprensión. Dios decidió romper estos esquemas apareciendo de una forma jamás imaginada, donde no dependía de sus esfuerzos.
Dios puede provocar encuentros con nosotros en las situaciones que menos imaginamos, en las más adversas de nuestras realidades. Su encuentro solo nos pide confianza, disponibilidad y apertura interior. Todo lo demás lo hace Él. Solo nos resta cada día estar conscientes de seguirlo a Él, que es gratitud plena.
Dios quiere darse. Quiere encontrarse con nosotros hoy en medio de nuestras preocupaciones, problemas y alegrías. En los encuentros con las personas, con la creación, en la familia, en el trabajo, en los negocios, en los círculos, en las marchas. Quiere ser o seguir siendo un compañero de camino. Tiene deseos de compartir su amor con nosotros y lo hará si así lo deseamos, si nos dejamos buscar por Él y le damos el tiempo y el espacio que le corresponden. Ignacio fue un buscador insaciable por todo lo que de Dios era, reconociendo y contemplando su presencia en todo. 
Quizás el desafío para mí y para ti hoy es mantener un corazón sensible, capaz de percibir las sutilezas de su presencia en lo más insignificante de cada día. Abrirnos a la creatividad, al querer de Dios y a su manera de demostrar cercanía.
Renovemos juntos la certeza de que Dios hace su labor en nosotros y en nuestro favor. Para los que creemos en el Dios de Jesús, siempre hay un nuevo comienzo después de cada circunstancia. Él nos regalonea con su compañía. MSJ