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Noticia Destacada Miércoles, 04 Julio 2012
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“No hay producción teológica sin un espacio de libertad y discusión en el que haya corrección mutua”. Uno de los más reconocidos especialistas latinoamericanos en el Concilio Vaticano II, el historiador y teólogo brasileño José Óscar Beozzo, estuvo unos días en Chile en junio pasado, invitado por el Centro Teológico Manuel Larraín. Participó en charlas y encuentros académicos en la Universidad Alberto Hurtado, la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad Cardenal Silva Henríquez. Una motivación importante para escucharlo es la conmemoración de los cincuenta años de la inauguración solemne de la primera sesión de ese histórico encuentro, el 11 de octubre de 1962. Beozzo se refiere hoy al modo en que la Iglesia ha acogido el sentido que tuvo ese Concilio y expresa su esperanza de que se fortalezca el acento pastoral que este sugiere, con una mayor participación del pueblo de Dios y una más profunda mirada al Evangelio. Algunas de sus expresiones, recogidas en la presente edición de revista Mensaje: -Desde la Iglesia frecuentemente hemos tendido a condenar, ahora ha llegado el momento del remedio, de la misericordia y no de las condenaciones, como nos lo dice Juan XXIII. Aunque hubo presiones en el Concilio para que ciertas cosas se condenaran, no hay condenaciones en los textos finales de este. Hubo un aire fresco para la Iglesia y la gente lo apreció de inmediato. De ese modo, lo más profético –para mí– es una perspectiva que implica volver a introducir la humanidad, una nueva mirada. –Por un milenio estuvimos atrapados en una noción de Iglesia que privilegiaba a los clérigos. Pero, en rigor, no debe ser así, pues todos somos pueblo de Dios. En la Iglesia tenemos la igualdad de un sacerdocio que es común a todos. El bautismo, que es el sacramento esencial de la Iglesia, precisamente en esa noción de igualdad gana toda la densidad que tiene. Recordemos que el sacramento del orden es el sacramento de unos pocos y no es el que estructura la Iglesia. El que la estructura es el bautismo. –Los grandes intercambios culturales o religiosos, y las migraciones o facilidades de comunicación favorecen una intensa vinculación entre pueblos y culturas. De ese modo, una gran cuestión a tratar es la cooperación entre las religiones. Si ese tema tenía peso en el Concilio Vaticano II, hoy lo tiene diez veces más. Si antes tenía urgencia, hoy es una materia crucial, pues si no alcanzamos un espacio de verdadero diálogo entre las religiones, ponemos en peligro la paz. No le hemos dado quizás todavía toda la debida importancia a este tema. |
















