Desde la oscuridad se hace visible un Dios que toma partido por la vida de cualquier ser humano y que nos llama a hacernos presentes donde esa vida está amenazada.
Podemos contemplar cualquier coyuntura histórica como ocasión favorable para la cercanía del mensaje proclamado por Jesús. Compenetrarse del sentido de ese anuncio genera confianza absoluta en el devenir de la humanidad y nos lleva a descubrir, más allá de los aspectos sombríos, la fuerza de Su presencia.