Somos testigos cotidianos de atropellos amparados por instituciones, abusos que tienden a corromper a las personas y la convivencia social, y que tienen como factor común la permisividad de la institución.
El tema me toca muy directamente pues hace casi un año mi hijo mayor fue asesinado por un carabinero y, desde entonces, he sido testigo de mucho de lo que aquí expongo.