Happy Feet: El pingüino es un relato donde los protagonistas son un grupo de pingüinos que viven en la Antártida. Su director es George Miller, un australiano que saltó a la fama en 1979 con Mad Max, aquella cinta protagonizada por Mel Gibson, que mostraba una sociedad futura marcada por la violencia. Con algo de experiencia en películas infantiles -hace algunos años dirigió Babe, un chanchito en la ciudad-, Miller construye un relato entretenido y bastante especial.
La cinta cuenta la historia de Mumble, un pingüino emperador que nace sin tener la posibilidad de entonar canciones. Esto rápidamente le genera un importante rechazo por parte de sus pares, ya que éstos no pueden comprender que no tenga este don. Pero lo que sí tiene Mumble es una gran capacidad para bailar. Dado que su vida en la colonia no parece tener un futuro promisorio, el pequeño decide explorar los alrededores. Allí conocerá a otros pingüinos que lo llevarán a quererse un poco más, valorando su gran talento para bailar.
El relato se estructura principalmente a partir de famosas canciones de Queen, Pink y The Beach Boys, entre otros. Todo acompañado por impresionantes y muy logradas coreografías que hacen que la película sea muy atractiva visualmente. De igual manera, la representación de los parajes antárticos y de los animales que los habitan, es técnicamente muy buena, lo que le da a una fuerte impronta realista a la cinta.
Desde una perspectiva valórica y pensando en los más pequeños, la cinta rescata la importancia de aceptar a quienes puedan ser distintos: Hay quienes muchas veces no tienen nuestras habilidades, pero pueden tener otras tan valiosas como las que nosotros poseemos. La historia también tiene un mensaje acerca de cuidar el medio ambiente, recordando que muchas de nuestras acciones pueden repercutir negativamente sobre otros seres vivos. Si bien hay algunos diálogos que están fuera de contexto, Happy feet: El pingüino es una cinta para disfrutar en familia, ya que entretendrá tanto a grandes como a chicos.