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Líbano: corriendo con los amigos, otra vez

sociedad

 | 17/03/2017

Por: Kristof Holvenyi

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Kassem no recuerda lo que pasó. Una bomba cayó, matando a su padre y a sus tres hermanos. Él y su madre encinta fueron los únicos supervivientes. La bomba le había destrozado su pierna derecha.

Es una tragedia que quedará para siempre grabada en su memoria. La cuenta como si apenas hubiera sucedido ayer. Recuerda la fecha exacta en la que ocurrió: agosto de 2013. Kassem entonces tenía solo ocho años (hoy tiene unos doce) y era como cualquier otro niño en Siria, que disfrutaba divirtiéndose y jugando, completamente ajeno al conflicto en el que quedaron sumidas las vidas de su familia y de sus vecinos.

Ese fatídico día, una bomba impactó en la casa de su vecino en su pueblo de Al-Ghouta (Deir Al Asafir). Toda su familia salió corriendo de su vivienda para ver qué había pasado y por propia seguridad. Su madre, que entonces estaba embarazada de seis meses, entró precipitadamente en el hogar para apagar el gas. Kassem no recuerda lo que pasó después. Luego supo que otra bomba cayó encima de ellos, matando en segundos a su padre y a sus tres hermanos: dos chicas y un chico. Él y su madre encinta fueron los únicos supervivientes. La bomba le había destrozado su pierna derecha.

Junto con otros parientes y amigos, tuvieron que dejarlo todo atrás y huir a Jaramana (en la zona rural de Damasco). Algún tiempo después, con gran dificultad, su madre decidió ir al Líbano con Kassem. Allí dio a luz a un muchacho a quien llamaron Hammud. Hoy Baalbek, en el valle de la Bekaa, es su hogar. Su madre ha tenido la suerte de encontrar un trabajo en una tienda de muebles que le permite cubrir las necesidades de ambos.

Para Kassem, en cierto modo, se ha cerrado el círculo de la vida. Se siente realizado en el Centro Educativo Noor 2 de Baalbek, gestionado por el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS). El Centro es un lugar donde ha encontrado aceptación y pertenencia, y, sobre todo, la posibilidad de hacer algo positivo en la vida. “¡Oh, sí, bromea, algunos de mis amigos se burlan de mí y me llaman ‘sin piernas!’”. Lo dice con dolor porque, en verdad, no le gusta que le insulten. Sin embargo, con esa buena dosis de autoconfianza que le caracteriza, Kassem sigue: “puedo hacer todo lo que pueden hacer los demás y, a veces, mucho más”. Para demostrarme esto, baja corriendo las escaleras del Centro, lo que fácilmente sería un reto para un niño completamente sano de su edad.

Kassem tiene sueños. Le encanta el arte y el inglés. Su maestro favorito es el de arte. Él también quiere ser profesor de arte. Le gusta el billar y pasa buena parte de su tiempo libre practicando este juego con sus amigos.

Es cierto que el conflicto le ha quitado gran parte de su infancia, pero eso no preocupa a Kassem. Él está preparado para afrontar valientemente los desafíos de un mundo nuevo.

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Fuente: http://es.jrs.net