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Trump: Impredecible e incierto

Sociedad

 | 24/01/2017

Por: Cristóbal Madero S.J.

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Tres académicos de la Universidad de California-Berkeley abordan con Mensaje las perspectivas que se derivan de las elecciones en EE.UU.
Hace pocas semanas concluyó en Estados Unidos una campaña electoral brutal, como nunca antes vista en este país. Lo fue por el nivel de las descalificaciones, la agresividad del candidato republicano Donald Trump hacia muchos sectores de la ciudadanía, la incertidumbre que generó la ausencia de un programa de gobierno congruente por parte de él, y los inéditos quiebres dentro del Partido Republicano. 
Revista Mensaje conversó con tres académicos de la Universidad de California, en Berkeley, concretamente en el Centro de Estudios Latinoamericanos, con el interés de conocer perspectivas diversas sobre este proceso. 
Paul Pierson es considerado uno de los más reputados cientistas políticos del país por sus contribuciones al sistema de partidos. Ha integrado los directorios de prestigiosas revistas de ciencia política y es un habitual columnista en diversos medios de prensa. Comenta que hace un año supo de un cientista político que daba por ganador a Trump. Dos semanas antes de la elección estuvo en una conferencia que congregó a los más importantes cientistas políticos del país y allí nadie creía eso. Así, ahora inicia la conversación diciendo que “más que nunca, debe ser puesto en suspenso y evaluado con mucho cuidado todo intento de predecir lo que vendrá”. Y es así no solo por la ignorancia, falta de preparación o ausencia de un programa serio de gobierno en Trump, sino porque los actuales son tiempos de mucha impredictibilidad. De todos modos, eso “no significa que debamos considerar normal el punto en que nos encontramos como país… Esta no es una pacífica transición de un gobierno a otro. Algunas promesas de campaña pueden tener consecuencias enormes, aunque no sabemos cuáles”. 
Maria Echaveste fue parte del gabinete político del primer periodo presidencial de Bill Clinton y el año pasado fue presentada por Barack Obama como embajadora estadounidense en México. Ahora viene llegando de reuniones en Washington D.C. donde estuvo con distintos grupos de ambientalistas, de inmigrantes y de defensa de derechos reproductivos de la mujer. “¡Hay miedo en todas partes!”, dice. Cree que hay que tener muy presente algo fundamental: “Existe entre los estadounidenses mucho miedo y eso no se puede subestimar. Este momento es histórico para que gente que piensa distinto pueda hacer causa común en temas relevantes. Estamos frente a un desafío difícil”. 
Nuestro tercer interlocutor es Harley Shaiken, el director de la institución en que se realizó esta entrevista. Es asesor del Partido Demócrata en temas laborales y de comercio exterior. Cree que el miedo de grupos minoritarios que fueron directamente atacados por Trump durante la campaña es algo real y doloroso. Pero, a la vez, estima que es difícil sostener la idea de que el republicano ganara por una tendencia racista prevaleciente entre los estadounidenses. 
 
EL PORQUÉ DEL TRIUNFO ELECTORAL
 
Revista Mensaje (M): ¿Cómo, según Uds. evalúan, llegó Donald Trump a ser electo Presidente de Estados Unidos?
Paul Pierson (PP): Esto tiene sus raíces en las últimas tres o cuatro décadas. El Partido Demócrata se ha dado muchas vueltas de carnero en los últimos años, lo que lo ha afectado en su raíz. E hizo crisis ante la creciente desigualdad que se hace evidente al compararse la situación de las dos últimas dos generaciones. Además, el balance de poder terminó de girar desde el mundo del trabajo al de los negocios y las corporaciones. Tales procesos han sido de una complejidad que los líderes demócratas no son capaces de afrontar. Tengamos en cuenta que no podían financiar su campaña si no dependía de intereses corporativos. Por otro lado, ese partido cambió su discurso respecto del rol y la utilidad del gobierno. ¿Cómo podía decir a los obreros blancos —que votaron por Trump— que el gobierno federal les ofrece mucho, en circunstancias de que ellos no observan que haya habido ayuda de parte de ese gobierno, encabezado en los últimos años por los demócratas? Promover la importancia del gobierno federal se les hizo muy difícil en la campaña. 
Maria Echaveste (ME): Trump llega a la Presidencia pues la gente que votó por él lo tomó seria, pero no literalmente, mientras que los que no votaron por él lo tomaron literal, pero no seriamente. Eso hizo que hubiera personas para las cuales la ansiedad económica personal fue mucho más importante que proteger los valores que construyeron este país. El candidato republicano atacó a estos al mismo tiempo que enfatizó su atención ante la ansiedad económica. El nombramiento de personas como Stephan Banon en un rol de asesor cercano o del senador Jeff Sessions como procurador general (abiertamente, ellos han defendido la superioridad blanca y el peligro del islam en sí mismo) sugieren que, aparentemente, para una parte de la población todo eso es moralmente correcto. 
Harley Shaiken (HS): Trump no ganó el colegio electoral porque haya habido una tendencia racista en el electorado —aunque esta exista y él la haya movilizado con su retórica—, sino porque supo aprovechar la ansiedad económica de mucha gente. Pensemos en el condado de Macombe en Michigan. La industria automotriz se derrumbó, generando desempleo en una mayoría de obreros blancos. Históricamente, era un lugar demócrata, donde Obama ganó sus dos elecciones y Bernie Sanders ganó la primaria a Hillary Clinton. Y este condado eligió como su representante en el Congreso, por trece elecciones consecutivas, a uno de los políticos más liberales de la historia de Estados Unidos. Pero en esta oportunidad los obreros de Macombe eligieron a Trump, optaron por un cambio por una ansiedad que es real. Un dato: Trump ganó por casi 50.000 votos el condado de Macombe, ¡y por solo 10.000 en el Estado de Michigan! 
 
IMPROBABLE REVISIÓN DE ACUERDOS DE COMERCIO
 
M: Un tema central de la campaña de Donald Trump fue el de revisar los acuerdos de comercio exterior, revertir el NAFTA y no seguir adelante con el TPP. ¿Afectará esto a América Latina y en qué medida lo haría?
PP: Creo que se viene más continuidad de lo que la gente, en general, espera. Muchos en la mayoría republicana en el Senado no van a estar para nada alineados con Trump en esta materia. Habrá más continuidad que cambio, indudablemente. 
ME: Más allá de las propuestas que Trump busque impulsar, las reglas de la Organización Internacional de Comercio son muy sólidas y, en general, justas. Además de lo que expresa Paul respecto de la postura de los republicanos, hay que tener en cuenta que la estructura del comercio internacional va a contrapesar lo que el Presidente estadounidense quiera hacer. No será fácil para él lograr que las empresas muevan sus negocios de un lugar a otro, en la dirección en que apuntaron las promesas de campaña que él formuló. Las corporaciones, siguiendo las reglas, se moverán a donde les haga sentido moverse. 
HS: Trump no podrá tocar los acuerdos comerciales fuera del TPP. En parte, el lobby que ejercerán las distintas industrias será feroz. Un artículo reciente de The New York Times expuso cómo los lobbystas en áreas estratégicas están volviendo a poblar Washington D.C. Y si él tuviera éxito en restringir esos acuerdos, la propia gente que lo llevó a la Presidencia, como los obreros del condado de Macombe, va a ser la más directamente afectada. 
 
LA RETÓRICA ANTIINMIGRACIÓN
 
M: ¿Qué esperar de las promesas de campaña de Donald Trump con respecto al tema de la migración?
PP: Se trata de una materia presumiblemente más complicada que la de comercio. Los republicanos en el Senado han tratado de evitarla en los últimos años. Trump no encontrará senadores liderando el tipo de políticas que él ha enunciado, pues, para su propio partido, hay razonablemente cuestiones mucho más importantes. 
ME: En los últimos quince o veinte años ha sido muy difícil compatibilizar el sistema de inmigración en los Estados Unidos con una buena relación con México y América Central. Sin embargo, ha habido al menos intención de avanzar: justo antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas y al Pentágono, los gobiernos de México y EE.UU. estuvieron a un paso de cerrar un acuerdo migratorio, pero esos ataques lo dejaron en letra muerta. Las administraciones demócratas entendieron siempre que la migración procedente de esos países tenía su origen en situaciones sociales dramáticas, como la violencia. Temo que la nueva administración no estará interesada en desarrollar relaciones bilaterales adecuadas que permitan entender por qué la gente escapa de sus países.
HS: La retórica continúa siendo incendiaria tras la elección, con la posibilidad de expulsar de dos a tres millones de inmigrantes. Junto con el drama que esto significa para familias y comunidades, una acción de este tipo tendría una repercusión económica dramática en México, generándose una inmigración ilegal mayor a la que hoy existe, y que, por lo demás, va a la baja. 
M: Pero la administración de Obama también fue dura con los inmigrantes y eso no se ha reconocido con claridad.
ME: Hay una idea errónea respecto de la reforma migratoria de Obama. Él ingenuamente creyó que, si se mostraba duro contra la inmigración indocumentada, los republicanos se suavizarían y ambos encontrarían sus posiciones en un punto medio. Pero eso no ocurrió y terminamos deportando más de dos millones de personas en los últimos seis años. La realidad termina siendo, finalmente, más complicada de lo que se piensa.
 
INCERTIDUMBRES SOBRE AMÉRICA LATINA
 
M: Salvando la advertencia de Paul Pierson de que hay tener cuidado con las predicciones, ¿qué se imaginan que ocurrirá en el corto plazo? 
ME: No es fácil para Washington poner el foco en América Latina. Lo ha puesto hacia Venezuela y Cuba, a lo más. Y cuando Washington ha mirado con más atención, lamentablemente no ha habido buenas noticias para América Latina. Chile, Guatemala u Honduras nos muestran claramente aquello. Pienso que la falta de atención de esta administración hacia el continente puede ser una muy buena cosa. A América Latina le va a ir mejor en la medida que sea ignorada por EE.UU., aunque es obvio que hay que sacar a México de este análisis. Algunas voces señalan que vamos a ir hacia atrás en el acuerdo con Cuba. Yo creo que habrá oposición hacia un eventual retroceso desde el mismo Partido Republicano, varios de cuyos senadores han aplaudido el acuerdo. Además, existen intereses económicos involucrados a partir de las expectativas de nuevos negocios y eso hace difícil la vuelta atrás. Con respecto a Venezuela y su inestabilidad política, es difícil que la administración de Trump pudiera intervenir. En primer lugar, porque no tendría idea de qué hacer y, en segundo término, porque su predicamento es ocuparse prioritariamente de EE.UU. Respecto de Brasil, no tengo ninguna clave, pues el mismo Brasil no sabe para dónde va. 
HS: Yo sumaría dos aspectos más. Uno es el triángulo norte de América Central: Nicaragua, Guatemala, y Honduras. Es un punto crítico. Hay enormes problemas con el incremento de la violencia en esta región, que hace que la migración procedente de esos países supere la mexicana. No hay absolutamente nada que la nueva administración haya dicho al respecto y es potencialmente muy peligroso y dañino. Otro punto es Colombia. Se acaba de firmar un nuevo acuerdo de paz, el cual no es el final de un proceso, sino el comienzo. ¿Qué rol jugará Washington en él? Estoy seguro de que la administración entrante no tiene ninguna claridad. 
M: Dado que México aparece como un caso aparte en relación al tratamiento de la nueva administración con la región, ¿qué le sugerirían al presidente Enrique Peña Nieto?
HS: La verdad es que Peña Nieto no tiene mucho margen de error. Su popularidad se ha sumergido debajo del 25%. Sospecho que habrá mucha incertidumbre con, por ejemplo, el muro anunciado por Trump. La agencia de seguridad en la frontera se ha opuesto a ello, al igual que muchos republicanos. Con todo, va ser muy muy duro. La retórica importa, y eso ha hecho mucho daño. 
ME: Le diría que se afirme de los acuerdos comerciales para tratar su relación con EE.UU. También, que sus compatriotas billonarios aporten a movimientos civiles en la sociedad norteamericana. Esos dos países están interconectados a un nivel tal que debemos buscar bilateralismo o multilateralismo en la sociedad civil. Tal vez cuando los gobiernos no son capaces de acercarse, la sociedad civil puede. MSJ