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Aprendiendo de la diversidad religiosa en Oriente Medio

“Es cuando tienes un contacto personal que cambias tu manera de ver las cosas. Estamos sirviendo a la gente porque son seres humanos, no por su religión”, dice Angela Abboche, directora de una escuela del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en el municipio armenio-cristiano de Bourj Hammoud, Beirut.

Oriente Medio es una región compleja y diversa en la que personas de diferentes religiones coexisten y viven juntas. Solo en el Líbano hay 18 religiones reconocidas. Con los actuales conflictos en Siria e Irak, uno de los retos de los países vecinos es cómo acoger a las personas que huyen de sus hogares teniendo en cuenta sus tradiciones religiosas.

El JRS ha estado presente en Siria, Irak, Jordania y Líbano desde el comienzo de los enfrentamientos en la región. Nuestra experiencia como organización católica se basa en encontrar la mejor manera de servir a las personas, teniendo en cuenta su dignidad como seres humanos y sin importar su religión.

La mayoría de la gente a la que servimos es musulmana, nuestro personal está formado por equipos multirreligiosos y nos consorciamos con otras organizaciones de diversas tradiciones religiosas. Esta naturaleza interconfesional de nuestra labor es el único camino hacia la paz y la reconciliación.

En el Líbano, por ejemplo, dos de nuestras escuelas en Baalbek están funcionando gracias a la ayuda del muftí de la zona. Él es un punto de referencia en su vecindario; su oficina siempre está llena de gente que busca su consejo. Para él, ver a un líder musulmán trabajar junto con una ONG jesuita es el mejor ejemplo para los niños locales.

En Beirut, el equipo de nuestro proyecto en Bourj Hammoud cuenta con libaneses, sirios y palestinos, todos ellos de diferentes religiones. Celebran juntos las fiestas cristianas y musulmanas y se sienten felices de compartir la alegría de la celebración de los otros. Si respetamos las creencias de los demás, no es muy difícil trabajar juntos y aprender unos de otros.

Como apuntó el director del proyecto, Fadi Daou, en Bourj Hammoud, la diversidad de trabajadores es un valor añadido para los refugiados que forman parte del personal del JRS. Tener que enfrentar las dificultades de la integración en un país extranjero, el hecho de que estén trabajando con el pueblo libanés les hace sentir que una parte de la comunidad local les da la bienvenida.

Para Ana Guimarães, una psicóloga que trabajó en un proyecto en Dohuk, Irak, poder trabajar en un equipo multiconfesional es una forma de conocer gente diversa. Esto crea un sentimiento de solidaridad que luego puede transmitir a las personas a las que sirve. Dice que la forma inclusiva de vivir y trabajar que promueve el JRS contribuye a mejorar la salud mental de sus pacientes. El director nacional en Irak coincide en que “la mejor actividad relacionada con la paz y la reconciliación es que nuestros equipos provengan de diferentes contextos y trabajen unidos. El gran desafío es crear las condiciones que tenemos en nuestros proyectos para alcanzar la paz”.

Trabajar en un entorno inclusivo y servir a las personas independientemente de su religión o creencias es una manera de dar la bienvenida a los refugiados. Cuando huyen de sus hogares y llegan a diferentes países, enfrentan muchas dificultades, incluida la integración en la sociedad de acogida. Después de todos los desafíos por los que han pasado, cuando ven que alguien diferente los está atendiendo sin hacer preguntas, simplemente respetando sus creencias, se sienten acogidos y a salvo otra vez. A veces no es fácil y, de hecho, hay muchos obstáculos, pero tan pronto como superemos nuestras diferencias y comencemos a centrarnos en respetarnos mutuamente, podremos comenzar a dar la bienvenida a las personas y aprender de lo que ellos puedan enseñarnos.

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Fuente: http://es.jrs.net [1]