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Colombia: Lo que pasó y lo que puede pasar

Luego de las elecciones presidenciales realizadas el 27 de mayo, cuyo resultado lleva a una segunda vuelta como todo lo indicaba, es importante hacer una interpretación de lo acontecido y visualizar parte de lo que está por venir, tomando en cuenta las certezas numéricas con las que ahora se cuenta. En política no siempre ocurre lo previsible, pero en el caso colombiano, salvo un reacomodo inesperado, el escenario futuro se presenta accesible a la intuición.

GANADORES

En primer lugar, se fortaleció la institucionalidad, la credibilidad en los organismos del Estado responsables de convocar, ejecutar y supervisar la jornada electoral. La Registraduría Nacional, ente encargado de manejar y presentar los resultados, ofreció en su portal web, desde aproximadamente las 5:00 de la tarde, hora colombiana, boletines detallados sobre porcentajes y regionalización de los votos.

Hablando de los contendientes, el gran ganador fue Iván Duque, quien obtuvo 7.567.783 votos, lo que representa 39.14%. Este dato confirmó la influencia real de su mentor Álvaro Uribe, quien por su parte fue el candidato que mayor número de votos alcanzó en las recientes elecciones legislativas. En otras palabras, el triunfo de Duque es el triunfo de Uribe.

Gustavo Petro, segundo en las votaciones (4.850.583 votos, para un 25.09%), también han ganado en este proceso. Petro accede a la segunda vuelta más allá de su pasado como guerrillero (miembro del extinto movimiento M-19) y de su simpatía declarada por gobiernos como el de Venezuela. Tuvo, además, una pésima gestión como alcalde de Bogotá y fue destituido por la Procuraduría, no obstante, dejó muy mal parado a un político tradicional y de abolengo (con lo que eso representa en la sociedad colombiana) como Vargas Llera (quedó cuarto en las elecciones y solo recibió 1.407.604 votos), hecho que ilustra que su opción ha calado en un importante sector que lo percibe como una alternativa.

A Sergio Fajardo, quien quedó en tercer lugar (4.588.497 votos, para un 23.73%), no le faltan motivos para celebrar. Su candidatura, apoyada por quienes valoran su gestión como alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia, representa una visión renovada de la política, alejada de la militancia de los partidos tradicionales y con una mezcla de sensibilidad social con capacidades gerenciales comprobadas. Con un importante caudal de votos, su decisión de apoyar alguna de las opciones para la segunda vuelta, será, sin duda, un elemento a seguir.

PERDEDORES

Aunque no era candidato, el Presidente Juan Manuel Santos fue derrotado. Una popularidad en declive, una gestión ambivalente y las dudas que ha generado el proceso de paz, bandera de su gobierno, han sido un importante factor movilizador de los votos que ha capitalizado Uribe, uno de sus más acérrimos críticos. Con la derrota simbólica de Santos, puede precipitarse, lamentablemente, la derrota real del proceso de paz.

El Partido Liberal, principalmente su cara visible, el ex presidente César Gaviria, carga con estos resultados la pesada cruz de la inoperancia y destinos que no permitieron concretar una coalición con Fajardo, lo que hubiese permitido la construcción de un real centro entre los polos claramente ubicables de Duque y Petro. Otro punto es que, por su soberbia, sacrificó a Humberto de la Calle, que en buena medida fue sacrificar al candidato del proceso de paz. Las motivaciones tras esas maniobras y el impacto que finalmente tengan, se conocerán pronto.

LO QUE VENDRÁ

Hasta el 17 de junio, día de la segunda vuelta, el escenario está servido para la polarización exacerbada, en todos los ámbitos y a todos los niveles. Al ser dos propuestas totalmente disímiles, la estrategia se basará precisamente en defender el postulado propio a través de la descalificación del otro. Son dos los temas en los que se concentrará la pugna: los acuerdos del proceso de paz y el modelo económico que sustenta cada proyecto político. Los dos temas estarán cargados de alusiones a Venezuela.

El proceso de paz parece estar gravemente herido. Esta afirmación no obedece exclusivamente a la fuerza del Uribismo, se suma al debilitamiento de la unión entre los factores que lo defienden, y las dudas presentes en millones de colombianos que se debaten entre la realidad y los fantasmas; entre las bondades de la paz y las concesiones que esas bondades requieren. La sensibilidad para abordar este punto, sin manipulación ni desprecio, será clave en el desarrollo de esta etapa antes del 17 de junio.

Sirva esta breve descripción de los hechos y del clima electoral previo a la segunda vuelta, para recalcar la complejidad del momento colombiano. Dos visiones de país que se disputan el poder, pero por lo extremas y sectarias que son, colocan sobre la mesa dos interrogantes compartidas por muchos países latinoamericanos: ¿por qué siempre elegir entre el mal menor?, ¿qué pasa si nos equivocamos?

* Nota: Cifras tomadas de www.registraduria.gov.co [1], 27 de mayo, 11:00 pm.

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Fuente: http://revistasic.gumilla.org [2]