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El sufrimiento, omnipotencia e impotencia

El sufrimiento es de esos aspectos de la vida que nos tocan a todos. Tal vez, junto con la muerte, es lo más universal. En ese sentido, la pregunta por el sufrimiento es no solo pertinente, sino necesaria. Las aproximaciones actuales —las respuestas y las prácticas— frente al sufrimiento y a los sufrientes tienden a ser más bien intimistas que colectivas, esotéricas que evangélicas, desesperadas que reflexionadas. El sufrimiento nos llega como aquel visitante inesperado del evangelio de Mateo (24, 42-44) y, en general, nunca se está realmente preparado. En este artículo queremos profundizar en uno de los aspectos a los que nos enfrentamos cuando hablamos del sufrimiento y, más aun, cuando nos acercamos a la persona que sufre: la impotencia. Respecto a lo que hemos estado viviendo como Iglesia chilena, nos parece pertinente decir unas palabras respecto a los anhelos de poder y al llamado evangélico —y experiencia de Jesús— a partir de una reflexión ética desde la fe.

TEOLOGÍA Y SOCIEDAD: EL RIESGO DE LA OMNIPOTENCIA

En nuestras sociedades podemos reconocer una cierta tentación a la omnipotencia, ya que una sociedad que no respeta y no reconoce su «negatividad»(1) se percibe a sí misma como ilimitada, como todo-poderosa. Una sociedad sin miedo, sin dolor, sin fracasos —al menos, en el discurso y la intención práctica—, es una sociedad peligrosa. Para Dorothee Sölle, es claro que la angustia de Jesús provenía de su fuente de humanidad: Es justamente en su agonía que reside la verdadera «dignidad» de Jesús. Un hombre sin angustia es un ser destruido, que posee tan poca estima de sí que no tiene miedo a desaparecer. El miedo es signo de enraizamiento en la vida; debemos dudar de un hombre sin miedo; es capaz de cualquier cosa(2). De manera análoga, la teología ha cedido a veces a esta tentación de la omnipotencia. Respecto al sufrimiento, no son pocos los teólogos que critican una posición demasiado optimista de la teología cristiana. La teóloga protestante Dorothee Sölle es dura frente a lo que ella llama una «teología del masoquismo», en la medida en que el discurso teológico adquiere un tono apologético intentando justificar a toda costa la bondad de Dios ante el mal del hombre. Sölle afirma que casi todas las interpretaciones cristianas niegan la diferencia que existe entre los sufrimientos que podemos remediar y aquellos que no… El sufrimiento está allí para quebrar nuestro orgullo, demostrar nuestro no-poder, sacar partido de nuestra dependencia; el sentido del sufrimiento es conducirnos de nuevo a un Dios, que solo es grande cuando nosotros nos volvemos pequeños(3). Ella va incluso más lejos al decir que ciertas teologías han transformado a Dios en un dios sádico. Estas teologías, en lugar de reconocer su incapacidad, su impotencia, su radical dificultad respecto al sufrimiento, han dirigido su mirada sobre un Dios que atormenta y exige lo imposible(4). Para Dorothee Sölle, la consecuencia extrema del sadismo teológico es la adoración al verdugo. Xavier Thévenot, por su lado, se rebela contra los discursos teológicos todopoderosos que creen explicarlo todo. Desconfía de esos bellos discursos cristianos demasiado ingenuos y muy presentes en nuestros apostolados y catequesis.

Fórmulas como «Dios pone a prueba a aquellos que ama» le son insoportables, y aquella de que «el sufrimiento es redentor» le es, al menos, tramposa y portadora de algunos errores(5). El sufrimiento deshumaniza. Y la vida desfigurada por el sufrimiento nunca encontrará su sentido en la voluntad de Dios. El teólogo francés Thévenot subraya que respecto al sufrimiento estamos llenos de juegos de lenguaje. Incluso la expresión «ofrece tus sufrimientos» es un enorme juego de lenguaje. Ya que el sufrimiento en sí mismo destruye, nunca será del agrado de Dios recibir eso que duele. Al contrario, la alegría de Dios es recibir aquello que construye al ser humano. La alegría de Dios está en acoger aquello que el amor de Cristo ha dejado en el hombre para combatir a pesar de la fuerza de desunión que representa el sufrimiento(6).

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