- Revista Mensaje - https://www.mensaje.cl -

Mujeres abusadas en la Iglesia: El último ocultamiento

Un reportaje en televisión de hace algunas semanas expuso que alrededor de media docena de mujeres, exreligiosas de la congregación Hermanas del Buen Samaritano, de Talca, denunció haber sufrido abusos sexuales sistemáticos por parte de sacerdotes, poniendo en el tapete un tema que, pese a haber estado en el trasfondo de la crisis actual de la Iglesia, ha sido constantemente invisibilizado. En el escenario de la paulatina revelación de los abusos sexuales perpetrados por religiosos y miembros del clero, ¿por qué ha existido un continuo silencio respecto de los abusos sexuales a las mujeres religiosas? ¿Qué factores han influido en la realización y en el permanente ocultamiento de estos delitos? Resulta evidente que es de gran importancia reflexionar sobre las condicionantes que permiten la ocurrencia de este tipo de abusos y discernir si es que existen factores religiosos, psicológicos y/o culturales idiosincrásicos en los cometidos hacia las mujeres, factores que darían cuenta de una especificidad particular de estos crímenes cuando se les compara con los abusos hacia hombres y menores de edad. Precisamente, en estas breves líneas, me gustaría esbozar algunas condicionantes psicoespirituales que he observado —como clínico, supervisor y docente— confluyen en la realización e invisibilización de los abusos sexuales a religiosas y monjas en el mundo católico.

Un primer elemento a considerar se relaciona con la fuerte presencia, en ciertos ambientes religiosos femeninos de la Iglesia católica, de lo que se podría denominar como una cultura de la autoanulación.

Algunas formas de espiritualidad están construidas bajo la creencia de que la vida espiritual implica distintos grados de negarse a uno mismo, incluso yendo en contra de lo que el «yo» desea o anhela. Esta autonegación sería un requisito excluyente del crecimiento espiritual y del desarrollo de la real capacidad de amar. Esta es una perspectiva que, si bien es cierto atraviesa toda la espiritualidad cristiana (al igual que a otras formas de espiritualidad oriental y de los pueblos originarios), está muy acentuada y reforzada en los ambientes religiosos que habitan las mujeres. Muchas veces ser religiosa involucra —implícita o explícitamente— la prescripción de dejar de escuchar la voz del yo, dejar de prestar atención a la personalidad propia —al propio cansancio, a los anhelos, deseos, pasiones, afectos y pensamientos que se puedan experimentar— para pasar a ejercer una constante actitud de servicio, de entrega y de poner a los prójimos primero. Esta posición suele implicar una antropología negativa de lo humano y una espiritualidad de la desconfianza y la lucha: se está constantemente en guerra contra el yo (al que se le suele denominar el «falso yo»), sospechando de su voz y perspectiva, queriendo purificarle y trascenderle. Esta perspectiva espiritual —de fuerte influencia ascética— encuentra su razón de ser última en la creencia de que, a través de la práctica de autovaciamiento, se puede llegar a vislumbrar la realidad fenomenológica de aquello imperecedero que habita en el corazón de lo humano, lo que en lenguaje católico se suele denominar como el Cristo interior.

Este contenido está disponible sólo para los suscriptores activos de Revista Mensaje. Si eres suscriptor, ingresa aquí [1], o bien, sigue aquí las indicaciones para suscribirte o renovar tu suscripción a nuestra revista [2].