Nicaragua a la deriva

Aun con su autoritarismo, el Gobierno de este país no es demasiado distinto a otros de la región y posiblemente tiene en las negociaciones un único camino de salida a la actual crisis política y social.

Raúl Sohr

04 septiembre 2018, 11:13 am
18 mins

La crisis nicaragüense deja, tras cuatro meses, un balance desolador: 317 muertos, millares de heridos y unos cuatrocientos detenidos ilegalmente, según lo consignó en su informe del pasado 2 de agosto la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El Gobierno señala, por su parte, que los muertos suman 197, de los cuales 21 son policías. Tras los violentos choques en tomas urbanas y de rutas, se aprecia un descenso de la violencia. Para el oficialismo, esto es señal de una vuelta a la normalidad. Para los opositores de la Alianza Cívica, que agrupa a empresarios, organizaciones ciudadanas y laborales, es una mera pausa mientras reagrupan sus fuerzas con una meta: terminar con el Gobierno del presidente Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo.

El malestar contra el autoritarismo del Gobierno ya se había manifestado en años anteriores. En primer lugar, por la manipulación de elecciones al interior del mayoritario movimiento sandinista. Quien tuviese el control de la enseña rojinegra, bandera que encarna la consigna de patria o muerte, heredaba el sólido capital político del triunfante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que luchó por 57 años contra el despotismo somocista. En esta pugna, Daniel Ortega logró desplazar a todos sus rivales de las elecciones de noviembre de 2016, entre los que se contaron varios comandantes sandinistas con los cuales lideró la lucha revolucionaria.

ESTALLA LA CRISIS

La mayor protesta fue, sin embargo, la despertada por el proyecto de una empresa china para cruzar el continente con la construcción de un Gran Canal, así llamado para distinguirlo del existente Canal de Panamá. Además, a comienzos de abril de este año se desató un incendio en el bosque tropical próximo a la frontera con Costa Rica. Las llamas se propagaron por la Reserva Biológica Indio Maíz, una de las mayores de Centroamérica. La situación se vio agravada por árboles caídos a causa de huracanes recientes, que proveían abundante material combustible. Costa Rica ofreció oportuna ayuda para combatir el fuego, pero Managua la rechazó por un supuesto orgullo nacional. El hecho es que ardieron sin control más de cinco mil hectáreas. El torpe manejo de la situación causó malestar entre los nicaragüenses y algunos salieron a las calles para criticar al Gobierno.

No se habían extinguido las llamas cuando el presidente Ortega anunció, el 16 de abril, que incrementaría las contribuciones para los fondos de pensiones, a la par que reduciría el monto de las mismas. Esto gatilló una respuesta masiva de rechazo a lo largo del país. Esta vez decenas de miles de personas se echaron a las calles exigiendo que la medida fuese revocada.

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Raúl Sohr

Analista internacional