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Para que haya Patria

Para que el amor de la patria pueda mantenerse, se requiere que ésta ofrezca a sus ciudadanos un mínimum de condiciones a su espíritu, a su cuerpo, a su vida individual y familiar, a sus aspiraciones de cultura, de ascensión, que les permitan sentirse plenamente hombres, ciudadanos conscientes y con oportunidades de progreso. Si esto falta, si la vida de gran número de ciudadanos es inhumana, todas las campañas en pro del patriotismo están condenadas al fracaso: más aún, germinarán en el alma de los chilenos sentimientos de rencor.

Accediendo a la invitación de algunos celosos párrocos, he ido a ver algunas de las nuevas «poblaciones callampas», y otras más antiguas que existen en la periferia de nuestra ciudad. Imposible describir lo que he visto, a pesar de haberlo visto tantas veces: cuatro palos que sirven de pilares; algunos ladrillos mal parados, a veces gangochos, y por techo latas mal unidas, y algunos trozos de fonolita. Por piso, la tierra que absorbe toda la humedad y la evapora permanentemente, engendrando la tuberculosis. Algunas «casas» con cañas de maravilla embarradas. Después de estas lluvias las habitaciones han sido charcos. Una pobre mujer me decía: «Anoche no teníamos postura. Se me han mojado todos los monos y estamos todos enfermos»… Y no eran palabras, pues pudimos constatar esa realidad. Con la última lluvia, varios de estos ranchos se cayeron, haciendo peligrar la vida de sus habitantes.

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