Una reflexión sobre las libertades condicionales

Mientras el Estado no asuma una verdadera política de rehabilitación y reinserción social, las decisiones sobre beneficios penitenciarios continuarán manejándose de forma arbitraria.

Héctor Salazar

04 septiembre 2018, 11:26 am
10 mins

Con ocasión del fallo de la Corte Suprema de Justicia que dispuso que ex agentes del Estado condenados por violaciones a los DD.HH. y que cumplen sus condenas en el penal de Punta Peuco puedan acceder a la libertad condicional, se ha suscitado un debate sobre si ellos, por el tipo de delitos por los que fueron juzgados (delitos de lesa humanidad), tienen derecho a acceder a dicho beneficio y, si así fuere, bajo qué condiciones.

Más allá de las argumentaciones jurídicas que se han esgrimido para justificar o negar la concesión de ese beneficio a tales condenados, y teniendo presente que el fallo del máximo tribunal se funda en un análisis e interpretación de normas jurídicas tanto nacionales como internacionales, me parece necesario reflexionar sobre la materia desde otra perspectiva sobre la materia.

En primer lugar, es necesario interrogarse sobre el sentido de la justicia penal. Al efecto, la respuesta a esta interrogante supone hacerse cargo de la evolución que ha tenido la política punitiva en general. Esta se inicia con la vieja formulación de la Ley del Talión (ojo por ojo, diente por diente), cuyo fundamento era ejercer la venganza, a la que tenía derecho el agraviado por un delito y que se realizaba a través de un tercero (el juez). De esta forma, se buscaba evitar los males que se derivaban de la auto tutela (justicia por propia mano). En suma, el Derecho Penal nace como un instrumento, en esencia, de castigo. Y los castigos, como enseña la historia, llegaron a ser brutales e inhumanos. Como ejemplo más reciente de aquello cabe recordar la pena capital vigente en nuestro país hasta hace unos pocos años y que aún se aplica en algunos Estados. Así, según se pensaba, se lograba satisfacer a las víctimas y también producir un efecto disuasivo importante.

La lógica del castigo ejemplar, que responde a un sentimiento muy arraigado en nuestra sociedad, por sí solo no ha demostrado ser una herramienta que ponga freno al delito. Por lo mismo, se ha ido transitando paulatinamente a una política de morigeración del castigo, incorporando a los fines de la pena la dimensión de la rehabilitación.

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Héctor Salazar

Abogado