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El Amazonas en la mira

Hay un decir chino que reza: «El aleteo de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo». Es poco probable, pero ilustra cómo todo está conectado. Lo que sí es un hecho es que una ventolera en el Sahara gana fuerza a medida que cruza el Atlántico para culminar en un desolador huracán sobre el Caribe. La complejidad de la vida planetaria, en todas sus expresiones, escapa a la capacidad de modelación. Cada cambio interactúa. Cada hectárea talada en el Amazonas y otras selvas tropicales repercute en la atmósfera.

Cada semana ocurre un nuevo desastre climático. Algunos reciben cobertura: el más reciente son las inundaciones causadas por las lluvias monzónicas en partes de Asia. Desde Nepal, pasando por el noreste de India, hasta Bangladesh más de cuatro millones de personas resultaron damnificadas. Otros eventos pasan desapercibidos. Pero lo que no escapa a quienes siguen la evolución climática es el costo ascendente de los desastres. Según un estudio de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el impacto devastador del cambio climático alcanza ya a los 520 mil millones de dólares anuales.

La proyección de las pérdidas económicas, realizadas por 215 de las mayores corporaciones internacionales, alcanza a un trillón de dólares. Algunas empresas ya han sucumbido a los efectos del calentamiento global, como la Pacific Gas and Electric, la mayor compañía eléctrica de California, que se declaró en quiebra tras enfrentar demandas por 30 mil millones de dólares a causa de una ola de devastadores incendios forestales. Sus líneas de transmisión habrían desencadenado algunos de los siniestros que ganaron fuerza gracias a la sequía. El costo de los últimos huracanes se acerca también al trillón de dólares. Aun dejando de lado las muertes y el sufrimiento, está cercana la hora en que el inmovilismo resultará más caro que enfrentar el cambio climático.

Desastres de diversa índole suceden en todo el mundo y no son una novedad. En 2015 la ONU consignó 346 eventos catastróficos, que dejaron veintidós mil muertos y cien millones de personas afectadas. La oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios informó que cada año, «una media de 221 millones de personas se ven directamente afectadas por los desastres naturales, lo que representa cinco veces el número de víctimas de conflictos armados».

Los fenómenos climáticos extremos provocan cada vez más víctimas y daños, debidos principalmente a las lluvias torrenciales, las crecidas, los vientos huracanados y las interminables sequías. Los desastres climáticos son cada vez más frecuentes. En la actualidad, aproximadamente el 70 por ciento de los desastres naturales están relacionados con el clima, el doble que hace veinte años.

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