Tomarse la «crisis de las instituciones» en serio

La invitación del Presidente a un «acuerdo nacional» para fortalecer las instituciones y la calidad de la política ofrece una oportunidad para reflexionar sobre la crisis que en ese ámbito vive el país. Es un gran desafío que una iniciativa de ese tipo se pueda implementar y llevar adelante de manera sistemática y exitosa. Se requeriría abordar la tarea mayor: subsanar la falta de legitimidad de la actual Constitución.

Javier Couso

01 agosto 2019, 5:24 pm
17 mins

El 1° de junio pasado, en su cuenta anual ante el Congreso Pleno, el presidente Sebastián Piñera sorprendió con su anuncio de buscar lo que denominó «un acuerdo nacional y transversal», dirigido a mejorar y fortalecer la calidad de la política y de las instituciones del país. A partir del diagnóstico de un generalizado debilitamiento de las instituciones republicanas, el gobernante convocó al país a un proceso de negociaciones (cuya implementación encargó al Ministro del Interior, Andrés Chadwick), dirigido a introducir reformas institucionales.

La iniciativa presidencial —que no estaba contemplada en su programa de gobierno— emerge luego de nuevos escándalos de corrupción, esta vez surgidos en el Poder Judicial, el Ministerio Público y las Fuerzas Armadas, que se suman a la seguidilla de escándalos que —en los últimos años— han involucrado al Congreso Nacional, a la Iglesia católica, al Tribunal Constitucional, a la Contraloría General de la República, a Carabineros, y a diversos conglomerados empresariales, entre otros entes públicos y privados.

La extensión —y magnitud— de los casos mencionados han minado la confianza ciudadana en las instituciones que estructuran la vida politica, social, económica y cultural del país, introduciendo desconcierto, frustración, e incertidumbre, con consecuencias inciertas, pero en todo caso preocupantes. Así, por ejemplo, en el ámbito de las instituciones políticas, el impacto de los escándalos en los partidos políticos y el Poder Legislativo han redundado en un desinterés ciudadano por participar en procesos electorales que, de continuar, podrían «desfondar» el sistema democrático. En efecto, la crisis de los partidos y del Congreso Nacional (generada por la «captura» de algunos parlamentarios por parte de intereses empresariales, por el nepotismo y, más recientemente, por la amenaza de la infiltración del narcotráfico en algunos partidos) ofrece oportunidades a liderazgos personalistas de corte populista-nacionalista para intentar hacerse del poder, con el consiguiente riesgo que ello representaría para la sustentabilidad de nuestra democracia.

En el contexto de escándalos que se vienen produciendo hace ya demasiado tiempo —y abarcando a cada vez más instituciones—, cabe preguntarse si el llamado del Presidente tiene alguna chance de prosperar. Hay razones para pensar que, más allá de la pompa y la circunstancia que rodeó el anuncio, no se hará nada muy sistemático ni efectivo para abordar un problema multi-causal y extremadamente difícil de tratar. Dicho esto, el gesto de Piñera ofrece la oportunidad de reflexionar acerca de la crisis institucional que vive el país.

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Javier Couso

Abogado; académico UDP y Universidad de Utrecht