¡Prohibido quejarse!

El problema principal es un doble desafío: equidad e integración social. En otras palabras, las carencias no se limitan al «tener», sino también implican el «ser», «estar» y «hacer».

Revista Mensaje

02 Octubre 2017, 12:30 pm
11 mins

En el mes de julio pasado se supo que el papa Francisco puso en la puerta de su habitación en la Casa Santa Marta un elocuente aviso que dice: «¡Prohibido quejarse! Los transgresores son sujetos a un síndrome de victimismo con la consecuente disminución del tono del humor y de la capacidad para resolver problemas. La sanción es doble si la violación es cometida ante la presencia de niños. Para volverse el mejor de uno mismo hay que concentrarse en las propias potencialidades y no en los propios límites. Por lo tanto: deja de quejarte y actúa para hacer mejor tu vida».

El 14 de junio último, al final de la audiencia en la Plaza San Pedro, el psicólogo y psicoterapeuta Salvo Noé saludó por unos instantes al Pontífice, a quien le regaló su libro, una pulsera y el aviso. El papa Francisco apreció inmediatamente y saludó con esta frase: «Lo voy a poner en la puerta de mi oficina, en donde recibo a las personas», aunque al final decidió dejarlo en la de su habitación en la Casa Santa Marta.

Las palabras del aviso, especialmente la frase «deja de quejarte y actúa», son muy apropiadas para enfrentar el clima político que impregna nuestra sociedad, que se va acercando al día de las elecciones.

NO BASTA LAMENTARSE

El padre Alberto Hurtado decía que cuando una crítica no era propositiva no servía para nada, porque lo único que hacía era destruir sin construir alternativas. En el fondo, el pretendido remedio era peor que la enfermedad. De hecho, en su vida se observa una capacidad extraordinaria para detectar un problema, estudiarlo a fondo y convertirlo en un desafío mediante la acción (Hogar de Cristo, Mensaje, Asociación Sindical Chilena…).

En el libro Humanismo Cristiano (1947) escribe: «El mundo está cansado de palabras: quiere hechos; quiere ver a los cristianos cumpliendo los dogmas que profesan». Al fundar la revista Mensaje, el Padre Hurtado insistió en la necesidad imperante del diálogo para proponer pistas de solución frente a los desafíos y problemas sociales.

La indignación ética frente a la injusticia, la corrupción, la reducción de la política a discursos descalificadores… es un primer paso, pero resulta totalmente insuficiente si no va acompañada del compromiso social. Denuncia y propuesta van juntos.

Al respecto, la contribución de Stéchane Hessel (quien formó parte del equipo redactor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948), mediante sus dos libros ¡Indígnate! (2010) y ¡Comprométete! (2011), ha tenido un impacto impresionante. «En este mundo hay cosas insoportables», escribe, pero «la peor actitud es la indiferencia… Si se comportan así, perderán uno de los componentes esenciales que forman al hombre. Uno de los componentes indispensables: la facultad de indignación y el compromiso que la sigue».

UNA NUEVA SECCIÓN

Por consiguiente, en este número de nuestra revista comienza a presentarse una sección nueva, que contiene un dossier sobre un tema determinado. En otras oportunidades se ha expuesto, en forma de Diálogo, dos posturas distintas frente a un tema, pero en esta nueva sección se ofrecen perspectivas que convergen en lo fundamental para comprender un tema con mayor profundidad —tomando en cuenta múltiples visiones— y proponer caminos viables de superación o, por lo menos, mejoramiento.

De esta manera se pretende que la Revista no se quede con la pura crítica frente a los problemas, sino que también contribuya con lo propositivo. Muchas veces la denuncia social es obvia, pero tan solo paraliza, si no va acompañada de posibles salidas viables. Es preciso evitar las calles cerradas que únicamente ayudan a aumentar un ambiente depresivo que se está instalando en la sociedad y abrir caminos de salida en la marcha de la historia nacional.

En noviembre el ciudadano tiene la responsabilidad cívica de participar en la elección de aquella persona que ocupará la Presidencia del país, junto con senadores, diputados y consejeros regionales. Al depositar el voto, es preciso considerar las prioridades y las soluciones correspondientes que cada candidato a la Presidencia formula y promete.

Sin lugar a dudas, y con el consenso de un amplio espectro de la ciudadanía, los problemas de la pobreza y la desigualdad tienen que estar en la agenda política como una de las prioridades. Un mínimo sentido de patria convierte el problema en un desafío de toda la sociedad. Es así, porque no se está hablando de abstracciones, sino de personas concretas que, aunque trabajan, no ganan lo suficiente para vivir dignamente, de quienes en su vejez no reciben lo suficiente para sentirse «jubilados» o de aquellos que, por su condición social, no son verdaderamente tratados como seres humanos.

En palabras del papa Francisco, se trata de aquellos que son «el descarte de la sociedad», producto de una cultura que tiende a considerar al ser humano como un bien de consumo o como un mero «recurso humano», que se puede usar y luego tirar. El Pontífice señala: «Hemos dado inicio a la cultura del descarte que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son explotados sino desechos, sobrantes» (Evangelii gaudium, 2013, N° 53).

HACIA LA SUPERACIÓN DE LA POBREZA

En nuestro primer dossier la temática consiste en el paso de un diagnóstico compartido hacia los caminos de solución. Sería totalmente injusto no reconocer los logros conseguidos en estos últimos años en la superación de esta en el país, pero también sería miope no asumir que todavía falta mucho en ese camino. Por eso es indispensable afinar el diagnóstico sobre las causas profundas de la persistente desigualdad para pensar soluciones viables, atendiendo a que no se trata de números abstractos sino de personas concretas.

En la actualidad se considera la pobreza como un fenómeno multidimensional, que no se limita ni se reduce tan solo a un asunto de ingresos. En vista de eso, puede concluirse que la aproximación a esta materia se ha concentrado más en el tema de la pobreza que en el de la equidad. La política social tiende a entender su rol como uno de transferir recursos a aquellas personas que no pueden comprar ciertos servicios en el mercado, más que de generar espacios de igualdad entre los ciudadanos.

El problema principal es un doble desafío: equidad e integración social. En otras palabras, las carencias no se limitan al «tener», sino también implican el «ser», «estar» y «hacer».

Esto significa que la superación de las situaciones de pobreza pasa por (a) un proceso de redistribución del poder político, económico y cultural, o por crearlo donde está ausente (empoderamiento); (b) esto implica crear auténticas instancias de participación en las decisiones que afectan a la ciudadanía en su diario vivir; (c) considerar la descentralización en su dimensión territorial mediante el traspaso del poder político, fiscal y administrativo desde el gobierno central a aquellos regionales; (d) focalizar de una distinta manera el gasto social, pasando del dar al convocar de manera asociativa y comunitaria; y (e) superar el ambiente de violencia, ya que como sociedad se reproducen esquemas de segregación, maltrato, humillación y largas esperas en políticas y servicios públicos.

Bien lo sintetizan, como se puede leer en nuestras páginas, las palabras del economista Juan Carlos Feres (Presidente de la Fundación para la Superación de la Pobreza): «Lo que falta es vigorizar nuestro compromiso ético con la construcción de una sociedad más justa, equitativa y sin pobreza». MSJ

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