Joaquín Edwards Bello, «el inútil de la familia»

Proveniente de la aristocracia, destacó tanto por su creación literaria como por sus crónicas, constituyéndose como un crítico irónico, de muchas costumbres nacionales y del carácter del chileno de su tiempo.

Eduardo Guerrero del Río

02 agosto 2018, 5:06 pm
17 mins

Con motivo de cumplirse cincuenta años de la muerte del periodista y escritor Joaquín Edwards Bello, la Biblioteca Nacional ofreció la exposición «Joaquín Edwards Bello: al filo de la pluma», para a través de textos y dibujos resaltar la importancia y figura de este narrador chileno (cronista, por excelencia), Premio Nacional de Literatura 1943 y Premio Nacional de Periodismo 1959. Por lo mismo, en esta ocasión, queremos recordar parte de su trayectoria.

DATOS BIOGRÁFICOS

Nació en Valparaíso el año 1887 (10 de mayo), de una familia aristocrática; su madre era hija de Andrés Bello, y a la rama paterna pertenecían los fundadores del diario El Mercurio. Desde muy joven viajó por Europa, y residió en Madrid y París, situación que quedará plasmada en alguna de sus novelas. Novelista y, sobre todo, cronista. Para César Aira, «uno de los grandes novelistas chilenos, quizás el mejor entre Blest Gana y Manuel Rojas». En una de sus crónicas, Edwards Bello alude a la época de su nacimiento: «Sepan ustedes, señores, que yo nací el año del cólera, de la salida del tranque de Mena, de la voladura del puente Cal y Canto; Rubén Darío acababa de lanzar desde los cerros de mi natal Valparaíso un inmenso grito Azul a toda el habla hispana y el presidente Balmaceda se paseaba por los pasillos de La Moneda (el olor de la tragedia ya comenzaba a impregnar la vieja construcción de Toesca)». Opiniones como: «Joaquín Edwards Bello habla como escribe, saltando de una idea a otra, en un proceso de asociación de ideas. Su memoria es como su propia casa: un fabuloso archivo de recuerdos, anécdotas, datos, hechos curiosos, lugares y nombres» (Lenka Franulic); «Joaquín Edwards Bello tuvo la virtud de escribir bien escribiendo mal. Su prosa tiene a menudo algo áspero, opaco y a medio hacer; y, sin embargo, su don de la expresión es tan superlativo que se hace capaz de remontar esa pesadez del lenguaje» (Ignacio Valente), dan cuenta de algunas de las características de su escritura.

Por su fecha de nacimiento, pertenece a la llamada «Generación de 1912» (tercera generación naturalista), vinculada con el mundonovismo, en donde la ciudad se transforma en un mundo de inautenticidad, de deformación de la vida. Esto da lugar, por su parte, a la utilización de un lenguaje que refleja ese espacio. En términos generales, podemos decir que en sus obras iniciales no solo se plasma el tema de la marginalidad, sino que se presenta una crítica latente a la aristocracia, sector del cual provenía.

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Eduardo Guerrero del Río

Doctor en Literatura