La verdadera solidaridad: Así habló el Padre Hurtado

En 1994 nuestro Congreso Nacional instauró el 18 de agosto como el Día de la Solidaridad en Chile en memoria del Padre Hurtado. Y desde el año 2001, al cumplirse cien años de su natalicio, agosto es el Mes de la Solidaridad. ¿Cómo entender la solidaridad, a partir del legado espiritual e intelectual de san Alberto Hurtado? ¿Son aplicables sus propuestas de solución a los nuevos problemas sociales y formas de exclusión que se viven hoy en Chile, 66 años después de su muerte?

María Ester Roblero

01 agosto 2018, 4:38 pm
16 mins

El padre Hurtado salió de Chile a los 24 años como novicio y volvió a los 36, como sacerdote jesuita, doctor en Psicología y Educación. Esos largos años de estudio lo dotaron de un modo de conocer y estudiar la realidad, de proponer soluciones eficaces y de largo plazo a los problemas humanos y le permitieron crear obras sociales que lo trascienden. La suma de todas esas acciones lo llevó a romper el paradigma caridad/limosna que inspiraba a los católicos de mediados del siglo XX para movilizarlos a partir de caridad/justicia social. Hoy, a 66 años de su muerte, en nuestro país se celebra el Mes de la Solidaridad cada agosto, un concepto que puede comprenderse mejor a partir de tres características muy propias de su legado.

EL NUEVO PARADIGMA DE LA CARIDAD

En primer término, la solidaridad puede entenderse, a partir del Padre Hurtado, como la reparación de una deuda y un deber de justicia. En una entrevista con Marina de Navasal, el 25 de octubre de 1946, la periodista escribe: «Sin detenerse en su charla, (el Padre Hurtado) cambia de tono de voz, y agrega con fuerza: ¡Es una vergüenza cómo vivimos; 5.000 vagos arrastran sus harapos, 300.000 tuberculosos… El año pasado nuestras cárceles albergaron a más presos por alcoholismo que todas las cárceles de los Estados Unidos. Y la culpa no es de ellos. La culpa es de la mala organización, de la deficiente forma en que funciona todo… Eso, naturalmente, no puede cambiarse por el momento, y mucho me temo que no mejorará tampoco rápidamente. Entonces, y a la medida de nuestras fuerzas, tratamos de reparar la injusticia, y así cumplimos con nuestro deber».

Reparar la injusticia: «…que dos millones de chilenos vivan como animales… a veces peores que animales: en chozas indignas de seres humanos, empapados en el invierno, hasta siete en una cama… sin espacio vital, sin aire, sin alegría…», describe en la Revista del Hogar de Cristo Nº 7, en agosto de 1948.

Cumplir con nuestro deber: «Este régimen de auténtica justicia social es un verdadero clamor de la fraternidad humana contenida en cada página del Evangelio. Es imprescindible abordar con seriedad las cuestiones económico-sociales que rodean a nuestro pueblo para lograr darle una vida que en verdad podamos llamar humana», explica en El Mercurio, el sábado 16 de noviembre de 1946.

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María Ester Roblero

Fundación Padre Hurtado