Hacia una gobernanza internacional de las migraciones

Todas las naciones se ven influidas por los procesos migratorios, pero aún está pendiente la generación de un régimen migratorio que busque el resguardo de los derechos humanos de quienes participan en ellos. Se hace importante un esfuerzo global en este tema, a fin de responder a las exigencias de una mejor civilización a nivel global, nacional y local.

Carlos Mladinic

Vesna Mladinic

07 diciembre 2018, 5:23 pm
17 mins

Hoy ya nadie duda de que el fenómeno migratorio, con sus múltiples factores que influyen en las grandes transformaciones que sufren las sociedades contemporáneas, sea uno de los principales desafíos del siglo XXI y que ninguna región del mundo está al margen: en la actualidad la mayor parte de los países son, a la vez, origen, tránsito y destino para la migración internacional. Sin embargo, no existe ningún régimen migratorio digno, coherente, unificado, seguro, sensible y centrado en las personas que tenga un mandato internacional en materia de migración internacional, que conduzca a una mejor civilización a escala global, y a nivel nacional y local. Es así, más allá de que debamos reconocer el avance que representan algunos acuerdos binacionales logrados.

Si bien los Estados siguen siendo los actores principales en los temas migratorios, para muchos analistas, la propia naturaleza global de los flujos migratorios y la incapacidad de las políticas nacionales para gestionarlos hacen imperiosa la necesidad de una autoridad supranacional(1). Si no ha surgido todavía un consenso al respecto, es posiblemente porque en estas materias está involucrados asuntos fundamentales de la soberanía nacional, la que se vería inevitablemente socavada con una intervención multilateral en este asunto. De todos modos, pese a la renuencia que existe a desprenderse de la jurisdicción soberana, crecientemente aspectos de las políticas migratorias se discuten hoy en foros multilaterales y cada vez se enfatiza más que existen lazos entre migración y desarrollo(2).

Se ha planteado que una política migratoria coherente «debería apoyarse, al menos, sobre tres pivotes: un modelo de gestión de flujos (regulación del acceso y condición de permanencia de los inmigrantes); una gestión de la integración y, por último —pero no menos importante—, una política de codesarrollo con los países emisores de los flujos migratorios»(3). Pero estas acciones no pueden quedarse solo a nivel local. Se requieren una política migratoria supraestatal y una institución global que pueda velar por los derechos fundamentales de las personas, haciendo abstracción del lugar en el cual nacieron o del lugar donde se encuentren, y también sin importar su estatus migratorio. Tal como señalara el Secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Pietro Parolin, «la cuestión migratoria requiere, por parte de los Estados, un fuerte compromiso político y humanitario para mantener las obligaciones aceptadas a nivel internacional. Es, por lo tanto, indispensable que los Estados cuenten con el apoyo de un sistema multilateral, que hoy precisa ser fortalecido y reformado»(4).

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Carlos Mladinic

Economista, ex director Relaciones Económicas Internacionales, ex ministro de Estado

Vesna Mladinic

Trabajadora Social; Máster en Migraciones Contemporáneas, UAB