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Nuevos paradigmas desafían la fe tradicional

Vivimos en una época vertiginosa. Los cambios suceden a un ritmo jamás visto y no hay manera de evaluar acertadamente sus consecuencias. Sin embargo, si no somos capaces de interpretar los signos de los tiempos, podemos esperar cada vez más situaciones dramáticas y catastróficas. Ejemplos de ese escenario hay muchos. El WWF Living Planet Report de 2018(1) señala que la pérdida de poblaciones de vida silvestre de 60% en un período de cuarenta años es una clara señal de la vía de extinción del antropoceno(2). No hace falta describir acá la multitud de crisis ecológicas que se manifiestan en todo el mundo. Basta estar un poco atento a lo que se publica a diario en la prensa.

Y ellas van a la par de un sinnúmero de crisis institucionales. En este artículo me limitaré a cuestiones que podrían incidir en que la Iglesia afronte hoy una severa crisis, manifestada en Chile en que su valoración ha caído a 14%, según la última vez que fue medida en la encuesta CADEM(3): es el nivel más bajo jamás registrado. ¿Es suficiente afirmar que, a pesar de todas las crisis en sus dos milenios de historia, «siempre ha podido subsistir, permaneciendo casi intacta en lo esencial»?(4). Desde luego, se agradece una mirada y análisis optimista y esperanzador, pero una actitud de alerta es necesaria.

Quiero ahora invitar a mirar de más cerca cómo nuevos paradigmas podrían desafiar contenidos de nuestra fe tradicional. Mi afán no es aportar argumentos que acentúen la crisis, sino abrir la mirada hacia aportes de las ciencias que vienen a enriquecernos para un mejor discernimiento y orientación a la pregunta: «Iglesia, ¿a dónde vas?»(5).

Por supuesto no es de ninguna manera una investigación exhaustiva, solo es indicativa de algunos paradigmas que nos pueden «sacudir» más que otros. Por paradigma entiendo lo que es modelo repetitivo y significativo, ejemplo o ejemplar, en ciencias, ambientes culturales, religiosos etc.

NUEVOS PARADIGMAS EPISTEMOLÓGICOS

Solemos vivir la vida con una epistemología tradicional, que se caracteriza por nuestra capacidad de observar y conocer la realidad. Predomina nuestra capacidad de «etiquetar» los objetos, situaciones, vivencias, etc. Desde pequeños se nos enseña a poner las etiquetas correctas a las cosas desde lo más intuitivo y espontáneo hasta lo más abstracto. El rostro más cercano se llama «Mamá». El objeto más cercano serán el chupete o el pecho materno. Abundan los estudios de psicología evolutiva que describen acertadamente los procesos de aprendizaje en sus distintas fases o etapas hasta la adultez. En esta evolución, es recurrente el esquema de sujeto-conocedor y objeto-conocido, donde el sujeto le pone etiqueta al objeto conocido. Con la antigua expresión escolástica «adaequatio rei et intellectus», se formula tradicionalmente la teoría según la cual la verdad consiste en la correspondencia entre la cosa conocida y el concepto producido por el intelecto.

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