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2019: El Gobierno se juega su identidad y sus legados

Si tuviera que elegir una palabra para representar el tiempo que nos toca vivir, diría sin vacilar que es cambio. Vivimos insertos en el cambio, en pocas décadas vimos caer el Muro de Berlín, derrumbarse el comunismo, la globalización del capitalismo, la revolución tecnológica y de las comunicaciones. Solo sabemos con certeza que nada es como fue y, me atrevo a decir, que nada será mañana como es hoy.

Para contextualizar nuestro análisis acerca de los desafíos y expectativas del Gobierno del presidente Sebastián Piñera, quiero resaltar tres cambios esenciales.

En primer lugar, nos convertimos en un país cuya clase socioeconómica predominante es la de los grupos medios. Es verdad que, dentro de ellos, predomina la clase media baja, esa que apenas ha dado el salto y vive con temor a retornar a la condición de pobre, pero el paso que ella dio al salir de la pobreza es gigantesco.

Además, la revolución de las comunicaciones ha cambiado el acceso a la información de una manera antes impensada, lo que amplifica el efecto político del punto anterior. El pobre está prácticamente condenado al clientelismo: sus necesidades vitales son tan acuciantes y sus medios tan menguados, que solo le queda mirar al Estado y la política como la principal fuente de satisfacción de sus necesidades. La clase media, en cambio, se ha liberado de esa dependencia vital y ahora tiene acceso a toda la información, prácticamente en tiempo real, gracias a lo cual ha desplegado una actitud particularmente crítica.

Finalmente, ha cambiado radicalmente el estatuto que confiere legitimidad a los beneficios o privilegios de la elite. Esto afecta al sistema político y se hace más difícil e inestable la legitimidad de las decisiones que adopta.

El cambio que se produce al transitar a un país de clase media es muy relevante, pues se incrementa considerablemente la dificultad de gobernar. Los sectores medios están marcados por un conjunto de expectativas que, cuando no son satisfechas en un lapso acotado, conducen a la frustración.

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