El mundo con COVID-19

Está por verse qué impacto tendrá el nuevo panorama en el debate sobre el papel del Estado, la desigualdad, el desamparo de mayorías ciudadanas y el proceso de globalización.

Raúl Sohr

05 mayo 2020, 4:21 pm
18 mins

Entre periodistas es un decir que una noticia mata a la anterior. Los titulares están dictados por las coyunturas. En Chile el Covid 19 congeló el enorme debate abierto por el estallido social que irrumpió en octubre del año pasado. Lo mismo ha ocurrido con numerosas reivindicaciones en el resto del mundo. De hecho, 2019 fue calificado por algunos analistas como el “año de las protestas callejeras”.  Desde hace varias décadas no ocurrían manifestaciones tan masivas en tal diversidad de países: Francia, España, Argelia, Hong-Kong, Ecuardor, Colombia, India, Bolivia, Rusia, la República Checa, Irán, Irak, Venezuela, Rusia, Líbano, Brasil, Sudán y Malta. Los motivos y metas fueron tan distintas como las realidades de cada cual. No hubo un hilo conductor entre ellos. Pero sí expresaban un reto a los gobiernos respectivos.

Para el año en curso se anticipaban grandes conflictos que podían acabar en más de un cambio de régimen. Pero ya a inicios de enero comenzó a circular el patógeno que confinó en sus hogares a más de la mitad de la humanidad. Más de tres mil millones de personas bajo cuarentena por semanas y meses. Un cercenamiento brutal de libertades básicas. Pero, más allá de los estados de emergencia o de catástrofe que rigen en muchos países, la gente acata el encierro por la más poderosa de las emociones: el miedo. Nunca tantas personas han enfrentado una amenaza invisible que cada día cobra millares de vidas en las diversas latitudes. A diferencia de terremotos u otros desastres naturales que golpean y destruyen en lapsos cortos, el virus puede circular por meses e incluso años. Es una crisis que envuelve al conjunto de las sociedades y en la cual nadie está a salvo. A diferencia de numerosas enfermedades, en varios países el mal penetró en los sectores más pudientes. Los gobiernos, en su gran mayoría, fueron tomados por sorpresa y, en ausencia de una estrategia y cooperación, cada cual optó por su propio camino. Ante una amenaza global que requería una respuesta colectiva, los Estados optaron por cerrar sus fronteras. Además, comenzaron una pugna por la adquisición de respiradores y material sanitario. En América Latina se habría podido coordinar adquisiciones, pero Chile, Argentina y Brasil optaron por despachar sus respectivos aviones a China para obtener los insumos.

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Raúl Sohr

Analista internacional