Globalización en pausa

El aperturismo actual se frenará e incluso se revertirá, debido al cierre de fronteras, el surgimiento de fuerzas nacional populistas y la pugna chino-estadounidense.

Raúl Sohr

29 mayo 2020, 5:06 pm
18 mins

“Achicó al mundo” es uno de los eufemismos empleados para describir el impacto de la globalización. Con ello se describe la creciente integración cultural y económica entre distintos puntos del planeta. En la misma vena, algunos fueron más lejos y proclamaron que la “tierra es plana”. Con ello no aludían a la realidad geográfica, bien establecida por Cristóbal Colón y su reputado huevo, sino que al proceso de globalización que allana fronteras y uniforma los mercados. Son numerosos, sin embargo, los que estiman que el mundo es todavía redondo, con sus divisiones entre Norte y Sur. Las brechas, que separan a distintas regiones en el acceso a la riqueza y los avances tecnológicos, impiden proclamar que el planeta es una llanura por la que todos pueden transitar en relativa igualdad. Dicho en términos coloquiales, está lejos de ser una cancha pareja.

Ahora el COVID-19 ha puesto en boga afirmar que “la historia se ha acelerado”, una manera de decir que las tendencias en curso han ganado velocidad. En lo que toca a la globalización, se apreciaba una disminución de su ritmo de avance frenético, registrado desde la década de los ochenta del siglo pasado. Entonces la caída de la Unión Soviética, con el consecuente fin de la Guerra Fría, coincidió con el auge de los gobiernos neoliberales de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Ambos, por la vía de privatizaciones y desregulación, facilitaron la expansión de las empresas transnacionales que constituyeron el motor de la globalización. En 1970 había 7 mil compañías en esta categoría. Al comenzar el segundo milenio, pasaban de 53 mil, siendo 450 mil empresas subsidiarias fuera de su país de origen. Ahora superan las 250 mil y con casi un millón de filiales. La expansión fue impulsada por la liberación de trabas políticas, que permitieron relocalizar sus operaciones para sacar el mejor partido a países con mano de obra barata y de bajos estándares de protección laboral y medioambiental. Asimismo, enormes desarrollos tecnológicos en la computación, las telecomunicaciones y el transporte facilitaron la puesta a punto del método just in time (justo a tiempo). Ello permitió un auge sin precedentes del comercio con el masivo desplazamiento de mercancías. Los procesos productivos transnacionales, con veloces cadenas de abastecedores, consiguen ahorros importantes sin tener que almacenar grandes volúmenes de mercancías y repuestos. Se estima que más de dos tercios del comercio mundial se realiza entre empresas transnacionales, con las estadounidenses a la cabeza, seguidas de las chinas.

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Raúl Sohr

Analista internacional