Pistas ignacianas en tiempos de pandemia (II): Ampliar nuestro mundo interior

Si la herida que sufrió en Pamplona le enseñó a san Ignacio a convivir con su fragilidad, en su convalecencia en Azpeitia pudo asumir su dolor como tiempo de creatividad y de vida (1).

Juan Díaz S.J.

31 julio 2020, 12:19 pm
7 mins

Ignacio de Loyola está postrado en casa, descodificando su interior. Es junio de 1521. Convalece después de su herida en su habitación del castillo de Loyola. No ha tenido más remedio que aceptar su situación, la que se parece más bien a la de un derrotado y vencido por circunstancias adversas. Está, ciertamente, enfrentando una crisis.

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Juan Díaz S.J.

Director del Centro de Espiritualidad Ignaciana