Semana Santa: Dolor, esperanza y compromiso

Es la celebración de este amor desmesurado de Dios. Se repite cada año porque la salvación sigue sucediendo hoy. La historia de cada día está abierta para transformarse en historia sagrada. Todos están llamados a participar activamente en esta tarea.

Jaime Castellón S.J.

26 marzo 2021, 1:22 pm
11 mins

De acuerdo a cifras que se han hecho públicas, hasta el 11 de febrero de 2021 el Covid había afectado a más de cien millones de personas en el mundo. Dos millones de ellas fallecieron, de las cuales, 19.600 en nuestro país. Rosa Kornfeld-Matte, experta en derechos humanos, llamó la atención acerca de la situación de personas mayores que han sido abandonadas en asilos en el contexto de esta pandemia.

Por otra parte, el Banco Mundial ha indicado que la pobreza extrema (gente que vive con menos de 1,9 dólares diarios) alcanza a cerca del 10 por ciento de la población mundial; la mitad de ellos son niños. Un informe de la FAO, de julio de 2020, añade que casi 700 millones de personas pasan hambre. Esto supone un aumento de casi 60 millones respecto a cinco años antes.

El Servicio Jesuita a Migrantes señaló que, en diciembre de 2019, la cantidad de migrantes en Chile escaló hasta casi un millón y medio de personas. Ellas abandonaron sus países huyendo de la pobreza, de la violencia, de la falta de horizontes para sus familias.

Todas estas cifras son estremecedoras. Pero lo es más aún cuando pensamos en los rostros de personas sufrientes que hay detrás de esos números. El papa Francisco dijo, en la encíclica Evangeli Gaudium: “La falta de respeto y la violencia crecen, la inequidad es cada vez más patente. Hay que luchar para vivir y, a menudo, para vivir con poca dignidad” (n. 52). “Hemos dado inicio a la cultura del descarte que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son explotados, sino desechos, sobrantes” (n. 53).

El sentido de abandono hace que las personas no solo sufran, sino que perciban que eso a nadie le importa. Muchos llegan a preguntarse dónde está Dios. Les parece que tampoco Él se preocupa de su dolor.

Pero hay personas cuya actitud infunde esperanza, porque hacen suyo el dolor ajeno y se juegan por aliviarlo. Es el caso de muchos padres y madres de familia que luchan cada día por que sus hijos crezcan con una formación integral; hombres y mujeres que trabajan en salud entregando todo su tiempo y sus energías a sus pacientes; profesores que se interesan de corazón por la educación de los niños y la situación de sus familias, ingeniando modos creativos para servirlos; pobladores que organizan ollas comunes, adoloridos por el hambre de sus vecinos; gente que se acerca a ancianos solos y enfermos para auxiliarlos en su debilidad; personas que ayudan a poner en contacto personal con Dios, fuente de todo amor y esperanza, a quienes van por la vida desorientados o ansiosos de infinito.

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Jaime Castellón S.J.

Centro de Espiritualidad Ignaciana