Pobre, menor de edad, mujer: El peor de los mundos

El 17 de marzo, Hogar de Cristo lanzó el tercer estudio de la serie “Del Dicho al Derecho”, referido a la situación de niñas y jóvenes en residencias de protección del Estado. Apela a considerar la dimensión de género en el cuidado y reparación de los traumas que cargan las Lissette Villa de Chile, para ayudarlas y no terminar provocándoles más daño.

Ximena Torres Cautivo

03 mayo 2021, 4:55 pm
17 mins

Cuando Náyade llegó a un programa terapéutico del Hogar de Cristo, los datos de su ficha eran elocuentes: a los 9 meses fue ingresada por primera vez al Sename. A los 10 años presentaba daño orgánico severo por consumo de pasta base y tolueno. Tenía varias enfermedades de transmisión sexual, VIH incluido. Murió a los 19 años en la calle, donde había vivido casi toda su vida.

Su caso es un doloroso ejemplo de la “interseccionalidad de género”, concepto que Hogar de Cristo incorpora en el estudio “Ser niña en una residencia de protección en Chile”, que presentó en marzo pasado en un seminario virtual. Náyade –cuyo nombre es ficticio, no así su historia– pasó y se fue de este mundo en la más sola de las soledades, con la tristeza más triste y la inconsciencia más inconsciente, para terminar con la más muerta de las muertes: las muertes de esas vidas que nadie quiere recordar… salvo otras mujeres, como la psicóloga Carolina Reyes, quien la considera una suerte de “niña símbolo” de la vulnerabilidad femenina. “En el programa donde la conocí, se conjugaban las variables más terribles de la pobreza: abandono, abuso, problemas de salud mental, explotación sexual comercial, consumo problemático y el hecho de ser mujeres”.

Esta suma de condiciones que contribuyen a la vulneración, exclusión y estigmatización de las mujeres es lo que se denomina interseccionalidad de género y alude a que “las niñas, adolescentes y mujeres pueden ser víctimas de discriminación múltiple, producto de la intersección entre dos o más factores de discriminación. El concepto fue acuñado en 1989 por la abogada Kimberlé Crenshaw para destacar que en Estados Unidos las mujeres negras estaban expuestas a violencias y discriminaciones por razones tanto de raza como de género”.

Acá, las investigadoras del Hogar de Cristo –la psicóloga Claudine Litvak, secundada por Carola Salas, Catalina Ortúzar y Consuelo Laso— trabajaron con la ayuda del Centro Iberoamericano de Derechos del Niño (CIDENI) y el apoyo de su fondo de publicaciones para imprimir una pequeña partida de quinientos ejemplares que se difundirán entre los constituyentes electos y otras autoridades relacionadas con la temática. El trabajo, que se puede descargar en https://www.hogardecristo.cl/sernina/, contó además con el apoyo de las fundaciones Colunga, Ilumina, Kawoq y Luksic.

Fueron esas fundaciones las que financiaron las dos residencias piloto que Hogar de Cristo desarrolló a partir de otro estudio lanzado en 2017: “Del Dicho al Derecho: Estándares de calidad para residencias de protección de niños y adolescentes”. Hablamos de una para niños, en Santiago; y de otra, para niñas, en Viña del Mar. La primera sigue funcionando; la segunda fue incendiada por una de las residentes y el caso aún es objeto de investigación judicial.

Paulo Egenau, director social del Hogar de Cristo, dijo a El Mercurio a propósito del lanzamiento de “Ser Niña”: “Nos dimos cuenta de que esa primera investigación no tenía una mirada de género profunda, lo que es una gran falencia pues no es lo mismo una residencia para niñas que una para niños. Es algo que veníamos viendo y viviendo desde hace muchos años. Lo sabemos por los jóvenes que están excluidos del sistema escolar, por los que presentan problemas de salud mental, por los programas de víctimas de violencia intrafamiliar… En todo, las mujeres están atrás. Y no hay una reflexión profunda, seria, profesional y sistemática destinada a satisfacer las necesidades específicas de la mujer. El punto de partida, entonces, es una estrategia para aplicar el enfoque de género en el trato terapéutico y una educación con enfoque de género”, sostuvo, enfático.

Carolina Muñoz, directora de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Católica, alude a esto mismo en la introducción del estudio. Escribe: “Este libro surge de mirar críticamente la reflexión previa de ´Estándares de calidad para residencias de protección´. Ese fue el a priori que dio origen a un nuevo pensamiento. Y este pensamiento pone al centro de la discusión lo que es ser mujer en Chile (…). Las niñas y adolescentes, todas, pero especialmente aquellas que están en el cruce de la pobreza, que es en sí una vulneración, sumada a otras vulneraciones que las introducen en el precario sistema de cuidado alternativo, están en el comienzo de un camino que, de no ser re-direccionado, las empujará a la ausencia de autonomía, poder y vínculos sociales significativos, tal como vivieron linajes previos de madres y abuelas. Sabemos que, en el sistema de protección especializado, la intergeneracionalidad en cuestiones de género es un arma poderosa, porque es lo conocido, lo establecido, lo que morigera la sensación de vulnerabilidad, casi que protege. De allí las resistencias inconscientes para procesar experiencias traumáticas, más aún ante la falta de una alternativa que cuide a la niña, a la adolescente, a la mujer adulta y a la mujer mayor de esa desprotección con la que nació, porque estaba todo hecho para el hombre y la miseria no era solo económica; era también violenta, abusiva y aplastante”.

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Ximena Torres Cautivo

Subgerente de Contenidos y Gestión de Medios, Hogar de Cristo