Verónica Figueroa Huencho: «Estamos camino a una humanización de esta sociedad»

“Todavía el discurso que sigue operando es como si estuviéramos polarizados, y aquí lo que hay es una mayoría tremenda que a una minoría le dice que ya no quiere seguir funcionando con las mismas formas de operar, con los mismos privilegios”. -Verónica Figueroa Huencho, académica del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile.

Haydée Rojas E.

31 mayo 2021, 4:45 pm
13 mins

Verónica Figueroa Huencho habla con pasión de lo que por estos días está viviendo el país. Mapuche, académica del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile y vicepresidenta del Senado Universitario, avizora un panorama esperanzador para nuestro país en el camino hacia una nueva Constitución. Con un PhD in Management Sciences de la Universidad Ramón Lull y postdoctorada en Universidad de Stanford, en los últimos años ha sido una de las voces más activas en el tema del estado plurinacional, la paridad y los derechos sociales.

Tras el resultado de las recientes elecciones, ¿se inicia una nueva etapa política para Chile?

Si bien el 18 de octubre de 2019 es el gran hito que pareciera que marca un antes y un después, pienso que como quedó conformada la Convención, lo que uno ve es que, por primera vez, hay una institución formal que representa la diversidad de Chile —ideológica, social, económica, cultural—, y la paridad de género. Estamos asistiendo a ciertos elementos que ya son incuestionables y que se convirtieron en mínimos de aquí para adelante. Entonces es un panorama esperanzador lo que se viene con la Convención.

¿A qué atribuye los malos resultados de los partidos políticos?

Para mí los partidos son una expresión de la forma de participar en la vida del Estado, en los asuntos que nos conciernen a todas y a todos quienes habitamos este territorio. Y lo que uno ve es que prácticamente los pilares en los cuales se sustentó toda nuestra estructura de representación, de participación, estuvieron muy marcados por lo que las elites definían. Por lo tanto, las alianzas que hacían los partidos políticos, su forma de operar, respondían a esos pilares y pudieron ejercer muy cómodos el poder.

Elites que no representaban a la mayoría de los chilenos…

Efectivamente. Después del 18 de octubre lo que se evidencia es que la desconexión de esa elite es tal, que las desigualdades, las inequidades, no tenían eco en la toma de decisiones. Más aún en medio de una pandemia que demostró todas las debilidades que tenía este modelo en todos los sentidos, desde aquellos de carácter quizás más cultural, de nuestra forma de vida, de consumo, hasta nuestra forma individualista de relacionarnos, lo que dejó en evidencia que esas desigualdades, incluso, podían afectar de tal manera que te podían llevar a la muerte.

¿Por qué hay tanta resistencia a ceder el poder?

Quienes lo han ejercido no quieren dejar ese espacio, esos privilegios. No solamente estoy hablando de los partidos más conservadores o de derecha. Los resultados de la Convención mostraron que incluso la ciudadanía no les cree a los partidos que han disputado el poder desde coaliciones de centro izquierda o de centro. Y por eso no los votó.

Es decir, ya pertenecer a un partido significa cargar con un cierto lastre, y eso no implica que ser independiente es tener todas las papeletas morales para ejercer un cargo. Pero al menos hay que dar el beneficio de la duda de que estas personas —que están emergiendo— vienen de otros tipos de liderazgo, representan otras realidades que nunca habían estado en el poder.

¿El comienzo de una democracia participativa?

Es posible, porque nuestra democracia representativa —esta idea de la ciudadanía como un concepto neutral, un concepto desapegado de cualquier tipo de característica, además con leyes que fueron pensadas desde una lógica masculina—, no representó jamás estas diversidades que ahora se eligieron.

Steven Levitsky en su libro Cómo mueren las democracias, dice que mueren porque las instituciones no tienen la capacidad de adaptarse a esta nueva forma de representación, y terminan convirtiéndose en cuellos de botella más que permitir salidas a estas demandas sociales. Y, claro, cuando tenemos instituciones como el Tribunal Constitucional, un Congreso bicameral que representa a la elite, un poder ejecutivo hipercentralista con poder para co-legislar al ejercer veto, y un poder judicial que sigue anclado en una perspectiva del derecho decimonónico, toda esa institucionalidad de alguna manera ha contribuido a que estemos en este momento.

Pero, se hablaba de perfeccionar nuestra democracia representativa, no reemplazarla.

Claro, el gran problema es qué se entendía por democracia representativa y nunca nos cuestionamos a quiénes estaba representando realmente esa democracia. Y estaba representando a una elite que claramente tenía respuestas distintas a las que en general la ciudadanía planteaba.

Cuando se dice “es que les falta calle”, en el fondo, es verdad, porque la calle significa que tú puedes vivenciar en ti mismo los problemas y transformarlos en decisiones.

Entonces nos compramos toda esta idea de que uno asciende por mérito, que si te esfuerzas vas a llegar, sin darnos cuenta de que el tema era mucho más estructural, porque era el sistema el que no te lo permitía, aunque tuvieras las capacidades. Y todo focalizado, además, en un nivel de competencia extrema, un modelo muy competitivo, individualista. Hoy son los modelos colectivos los que funcionan. Y eso significa un cambio sustantivo en el espíritu de la nueva Constitución.

En una entrevista en la BBC un analista estadounidense señaló que Chile es capaz de resolver dentro de la institucionalidad sus problemas. ¿Está de acuerdo?

En Chile se produce una paradoja bien interesante y es que independientemente de que haya habido un estallido social, movilizaciones, ocupación de espacios públicos, todo se termina resolviendo por la vía institucional. Un proceso eleccionario, con limitaciones, si queremos, porque hubo que recurrir a la ley electoral, hacer una reforma a la Constitución, generar mecanismos como escaños reservados con ciertas limitantes, pero finalmente se resolvió por la vía institucional.

Dada la poca participación en las elecciones, ¿debería ser obligatorio el voto?

Creo que sí, pero no puede ser solamente algo que se hace por decreto. En Chile hemos perdido la educación cívica, la importancia de conocer la institucionalidad y qué implica ir a votar. Qué es lo que nos jugamos cuando un voto se agrega con otro y podemos cambiar las cosas, como quedó demostrado en estas elecciones, aunque claro, nos gustaría que fuera mucho mayor.

Entonces creo que debe volver el voto obligatorio, pero con el compromiso también del Estado de imponer en la agenda la importancia que tiene ese voto obligatorio. No es un castigo votar, sino algo positivo para la ciudadanía.

¿Cuáles serán los temas que concitarán los mayores consensos en la convención?

Voy a partir por aquello que es importante para los pueblos indígenas, y que al parecer también muestra un apoyo mayoritario de la Convención, que es transformar este Estado en uno plurinacional, porque en Chile habitamos múltiples naciones y contribuimos a enriquecer el país de manera conjunta, no una sobre otra. También hay consenso en terminar con el estado subsidiario y avanzar hacia un Estado social de derecho, con derechos sociales como parte sustantiva.

Uno mira estos consensos y ve que estamos asistiendo a un cambio histórico, a una toma de decisiones que va a ser muy beneficiosa para las generaciones futuras. Por supuesto hay acuerdo en que el agua debe ser consagrada como un bien público, y por lo tanto eso va a llevar a transformar de manera importante nuestra legislación y la tenencia de ciertos recursos.

¿Está optimista?

Cuando veo el resultado de la Convención me siento esperanzada. Pienso que por fin estamos asistiendo a un momento en el que va a ser posible poner al más alto nivel político —a este acuerdo político social, dialogante, reflexivo— las temáticas que afectan a la mayor cantidad de personas de la población en Chile. Pero sobre todo creo que también se va a instalar un sentido de equidad intergeneracional. Es una Constitución que tiene que ser pensada para los próximos 40 o 50 años.

Así que me siento muy positiva y muy confiada. Lo que no significa que votamos y ahora nos tenemos que ir para la casa. Al contrario, hay que estar a disposición de los constituyentes, hay que seguir las discusiones y los debates y promover espacios participativos para poder incidir en la Convención.

Finalmente, ¿qué mensaje le daría a la sociedad chilena en estos momentos?

Que vea este momento histórico como una gran oportunidad de cambio, de aspirar a tener una mejor sociedad. Que, obviamente, el cambio siempre trae aparejada incertidumbre. Pero siento que hoy, por primera vez después de más de 200 años de existencia, se están abriendo espacios para que actores políticos diversos —entre ellos los pueblos indígenas— puedan aportar a un debate que hasta el momento no se vió enriquecido por esa participación.

Entonces más bien lo que le diría a esta sociedad chilena es mucho newen, mucha fortaleza, siempre los cambios cuestan pero que confíen en que vamos a ir transitando a una sociedad mucho más equitativa, enriquecida por las visiones de las mujeres, de los pueblos indígenas, de las disidencias, y de los territorios. Y que nada malo puede salir de ahí, todo lo contrario. Creo que esto nos va a llevar a recuperar a lo mejor formas de diálogo mucho más amigables, más humanas. En el fondo creo que estamos camino a una humanización de esta sociedad. MSJ

Haydée Rojas E.

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