Para mejor servir y comunicar

Sin huir de los temas contingentes, como las elecciones y cambios políticos relevantes, conflictivos o polémicos, sino enfrentándolos con perspectiva católica y apoyados en el espíritu evangélico, Mensaje llegó como una expresión de servicio y educación.

Claudio Rolle

06 octubre 2021, 2:47 pm
18 mins

Fiel a la expresión contemplativos en la acción, idea central de la espiritualidad ignaciana, el incansable Alberto Hurtado S.J., que estaba por cumplir 50 años de edad, escribía al viceprovincial Álvaro Lavín S.J., en diciembre de 1950, una carta que iniciaba con un “quiero proponerle varios puntos”, en los que hacía propuestas concretas y prácticas, buscando ser lo más efectivo en sus numerosas tareas. El tercer punto de la carta se presenta con el título de Revista. En él, Hurtado escribe: “Urge la publicación de una revista de vuelo. Finalidad: formación religioso-social-filosófica. ¡Orientar! Ser el testimonio de la presencia de la Iglesia en el mundo contemporáneo. No sería de carácter literario, ni tampoco piadoso, sino más amplia: de orientación”.

Esa preocupación se funda en la necesidad urgente de comprender el mundo contemporáneo, que cambiaba a ritmo acelerado, y también en la responsabilidad de formar y orientar el modo juzgar y actuar de los católicos. “Se espera de la Compañía este servicio de Mayor Gloria de Dios”, argumenta Hurtado, quien entiende que en un mundo marcado por las duras experiencias de medio siglo de situaciones extremas, con las terribles guerras mundiales, con los totalitarismos, con revoluciones y los primeros conflictos poscoloniales, requería una mirada crítica e informada para lograr una buena comprensión del mundo, en el cual los cristianos debían actuar con discernimiento y libertad. Esa libertad le había ocasionado críticas y malentendidos, pero Hurtado la defenderá con pasión y con obras sólidas y contundentes, como ocurre con esta propuesta que, en la carta al padre Lavín, detalla en sus costos y perspectivas, sugiriendo nombres y vías de acción concretas.

EN GUERRA FRÍA

Habían transcurrido, para esa fecha, apenas cinco años del fin de la Segunda Guerra Mundial y del inicio de la era atómica, lo que planteaba un escenario inédito en términos de posibilidades de destrucción por obra humana. Para 1950, Estados Unidos había ensayado con varias detonaciones hasta alcanzar ese año la mayor explosión de la historia originada por el ser humano, al hacer detonar en el atolón de Eniwetok, en el Pacífico sur, una bomba de hidrógeno mucho más poderosa que las utilizadas en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. La bomba H sería desde entonces un factor central en las relaciones internacionales entre las potencias mundiales.

Los años en que se comienza a idear la revista, que luego será Mensaje, están marcados también por los inicios de la llamada Guerra Fría. Este conflicto, que habría de durar hasta la última década del siglo XX, se inició inmediatamente después de concluida la lucha contra la Alemania nazi y el imperio japonés, y se manifestó como el enfrentamiento de dos bloques de poder que, en diversos escenarios y de variadas formas, disputaron el dominio de territorios y sociedades configurando una geografía política compleja.

Ya en los años en que Hurtado realizó un viaje a Europa muy significativo para su propia vida, pero también para el servicio de la Compañía de Jesús, él había podido percibir la intensidad de los conflictos de la inmediata posguerra, con el establecimiento de lo que se comenzó a llamar la cortina de hierro que dividía el continente europeo, situando a un lado a los países de orientación socialista, las llamadas democracias populares, que en los años finales de la década de los cuarenta instalaron en la Europa oriental regímenes de partido único dominados por comunistas. También, en varios países de Europa occidental grupos importantes de la población veían en la opción por el comunismo una alternativa válida para las sociedades que surgían de la durísima experiencia de la mayor guerra de la historia de la humanidad. La elección que vivió Italia en 1948, en donde se enfrentaron la Democracia Cristiana y el Partido Comunista, fue percibida como una instancia liminar desde varios sectores del mundo católico que veían al comunismo como una amenaza radical.

Hurtado observa con atención las razones del avance de los partidos comunistas y de la seducción que provocan sus ideas y postulados en los sectores populares, en intelectuales y artistas, e incluso en algunos grupos al interior de la Iglesia, como ocurría con el movimiento de los sacerdotes obreros que conoce de cerca en Francia y que busca comprender. De ahí la pasión con que se dedica a la ASICH y a otras vías de formación de católicos informados y preparados para servir en sociedades democráticas y libres.

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Claudio Rolle

Doctor en Historia; profesor Facultad de Historia, P. Universidad Católica de Chile