Una Iglesia sin exclusiones

Entre el 21 y el 28 de noviembre se efectuará en México la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe. Se pone en marcha una metodología pastoral: la sinodalidad, para que el sentir del Pueblo de Dios permee y renueve la vida de la Iglesia.

Óscar A. Elizalde Prada

09 noviembre 2021, 4:51 pm
15 mins

Desde que se lanzó la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, el 24 de enero de 2021, el papa Francisco se anticipó a subrayar su novedad: “es la primera vez que se hace”, dijo, matizando que “no es una Conferencia del Episcopado Latinoamericano como se hicieron las anteriores, la última, Aparecida, [de la que] hoy todavía tenemos que aprender mucho” (2). Desde este primer momento, el Obispo de Roma clarificó que la Asamblea Eclesial era “otra cosa”. Estamos, en efecto, ante un acontecimiento inédito en la tradición de la Iglesia latinoamericana y caribeña, pues se trata de “una reunión del Pueblo de Dios: laicas, laicos, consagradas, consagrados, sacerdotes, obispos, todo el pueblo de Dios que va caminando. Se reza, se habla, se piensa, se discute, se busca la voluntad de Dios” (3).

Si bien las expectativas —y la solicitud de la 37ª Asamblea General Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM)— apuntaban en un comienzo hacia una eventual VI Conferencia General del Episcopado —en continuidad con las de Río de Janeiro (1955), Medellín (1968), Puebla (1979), Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007)—, el Papa latinoamericano, conocedor excepcional del Magisterio de la Iglesia en este continente, trazó la ruta hacia una nueva experiencia de cuño eclesial, profundamente sinodal y abierta a la participación del Pueblo de Dios en cada una de sus fases metodológicas.

JUNTO AL PUEBLO DE DIOS Y EN ORACIÓN

De hecho, Francisco propuso dos criterios que han acompañado este tiempo de gracia, de kairós. Por una parte, para que “esta Asamblea no sea una elite”, subrayó que la Asamblea Eclesial debía hacerse “junto al Pueblo de Dios”, del cual todos nos reconocemos parte como bautizados, desde la riqueza y la originalidad de las diversas vocaciones y carismas que el Espíritu ha suscitado en la Iglesia. “Fuera del Pueblo de Dios surgen las elites ilustradas de una ideología, de otra, y eso no es la Iglesia” ha dicho el Papa, recordando que “la Iglesia se da al partir el pan. La Iglesia se da con todos, sin exclusión. Y una Asamblea Eclesial es signo de esto, una Iglesia sin exclusión” (4).

El segundo criterio en el que ha insistido el papa Francisco ha sido la oración, porque “en medio de nosotros está el Señor”. “Que el Señor se haga sentir, desde ahí nuestro pedido para que esté con nosotros” (5), señaló.

EXPERIENCIA SINODAL

Al tenor de estos criterios, la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe ha estado marcada por la experiencia sinodal genuina o, si se quiere, por una original manera de “caminar juntos” —como práctica concreta—,  a través de la “línea de tiempo” que fue diseñada para cada una de sus etapas: en la elaboración del Documento para el camino y la Guía metodológica, en un primer momento, que dio lugar a un itinerario espiritual y ha suscitado un amplio proceso de escucha, que permitió reconocer las voces del Pueblo de Dios e inspiró la redacción del Documento de discernimiento que permitirá que la Asamblea sea el lugar propicio para que emerjan nuevos caminos bajo la convicción de que “todos somos discípulos misioneros en salida”.

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Óscar A. Elizalde Prada

Asesor para el Centro de Comunicación del CELAM