Cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga: Una Iglesia «en conversión misionera»

La nueva constitución del Vaticano, Praedicate Evangelium, otorga la mayor relevancia a un nuevo Dicasterio para la Evangelización, apuntando a que el compromiso es buscar “una Iglesia en salida y, luego, una Iglesia samaritana”.

Juan Rauld

04 mayo 2022, 3:57 pm
30 mins

Tras nueve años de trabajo en su elaboración, el 5 de junio comenzará a regir la nueva constitución del Vaticano, Praedicate Evangelium (Predicar el evangelio), que involucra una profunda reforma a la curia, sus organismos y sus tareas. Considerado como un cambio que debiera marcar la vida de la Iglesia por muchos años, es un paso institucional que reúne las inspiraciones esenciales del papa Francisco. De hecho, constituye una de las primeras decisiones que él adoptó al asumir en marzo del año 2013, encargando su elaboración a un grupo de ocho cardenales de distintos continentes, coordinados por el arzobispo de Tegucigalpa, Óscar Rodríguez Maradiaga.

Tal labor concluyó en un borrador que el año 2018 se entregó al Papa y que en los meses siguientes fue consultado con los distintos dicasterios vaticanos y a las conferencias episcopales, recabando opiniones. Fue estudiada por el Consejo de Cardenales y por distintos canonistas, hasta que el 22 de marzo último fue promulgada oficialmente.

El cardenal Rodríguez Maradiaga recuerda el inicio de ese trabajo. Relata que, exactamente tres días antes de la ceremonia de inicio del pontificado, en la casa de una familia en la que él se hospedaba en Roma, sonó el teléfono: “¿Quién llama?El Papa… ¡Pero eso no existía jamás! El Papa no llamaba nunca a nadie. Todo se hacía a través del secretario de Estado… Y él me pregunta: ¿Qué vas a hacer mañana domingo después del Angelus?Su Santidad, lo que usted me digaPues vente a comer conmigo… Y así fue. Él y yo en un cuartito, y lo primero que me dijo fue: Voy a hacer un Consejo de cardenales. ¿Te animás a coordinarlo?… Bueno, si Ud. me dice, tengo que hacerlo… Muy bien, pero no digas nada hasta abril porque tengo que conversarlo con los demás”.

Tras hacerse el anuncio respectivo, el Consejo comenzó a operar desde el 1° de octubre de 2013 (1). Con innumerables diálogos telemáticos y al menos seis reuniones presenciales cada año —normalmente, en un pequeño salón al lado de la sacristía en la Residencia Santa Marta—, la instancia trabajó continuamente manteniéndose en conversación con las conferencias episcopales y con diversas expresiones de la Iglesia en los distintos continentes. En simultáneo a esa labor, el papa Francisco iba adoptando decisiones —como la reforma económica, la creación de dicasterios o el nombramiento de laicos en cargos de importancia— congruentes con el espíritu de la nueva constitución.

—Sin embargo, la reforma al Vaticano él la inició el primer día, cuando decidió alojarse en la Residencia Santa Marta y no en el Palacio Apostólico. “Necesito estar cerca de la gente”, nos decía. Y allí, efectivamente, puede recibir a quien quiere, cuando quiere y como quiere. Recordemos que, antes de la pandemia, él todos los días en la capilla de Santa Marta celebraba una misa con fieles de las parroquias de Roma y con visitantes que venían a verlo de todo el mundo, y saludaba personalmente a cada uno de ellos. Esto también ha sido una reforma total. Sin embargo, no olvidemos que ya en las reuniones previas al cónclave de la elección del papa Francisco, se escucharon muchas voces reafirmando la necesidad de un cambio en la constitución de la curia vaticana. La Iglesia requiere de estas reformas. San Pío X hizo una a comienzos del siglo XX —reestructurando el gobierno de la Iglesia— y otras fueron realizadas por san Pablo VI tras el Concilio Vaticano II y por san Juan Pablo II en 1988, esta última concretada en la constitución Pastor Bonus, que dejará de regir el próximo 5 de junio, cuando comience la vigencia de Praedicate Evangelium. La Iglesia no es un organismo esclerotizado. Es un organismo vivo, que debe responder a los cambios en los tiempos.

UNA IGLESIA SINODAL

¿Cuál es el cambio eclesiológico que se refleja en esta constitución?

La Iglesia se presenta al servicio de las personas, siguiendo el ejemplo de Jesús, lo cual hace necesaria una conversión cada cierto tiempo, y la que hacemos ahora es una “conversión misionera”. Estamos en una Iglesia misionera, una Iglesia que va en salida. Un testimonio de esta inspiración misionera es que el primer dicasterio que se menciona en esta nueva constitución es el Dicasterio de la Evangelización. Antiguamente, el primero era el de la Doctrina de la Fe. Hay acá, entonces, una orientación nueva. Un signo muy fuerte aquí es que se instituyó que el Prefecto en ese Dicasterio de la Evangelización será siempre el Papa.

Esto se asume junto con el criterio de tener una “Iglesia sinodal”. Ya en el Preámbulo de esta constitución encontramos la comprensión de una Iglesia que está unida a la eclesiología de la comunión, lo cual es descrito con varias expresiones. Por ejemplo, “la Iglesia tiene el rostro de la sinodalidad”: es un caminar juntos, es un escucharse mutuamente para aprender todos de todos, desde los fieles hasta los obispos, y desde los obispos hasta el Obispo de Roma.

En el artículo 33 se incluye la Secretaría General del Sínodo. Antiguamente, el Sínodo era como una estructura externa. ¿Significa esto que queda abolido lo que el papa Paulo VI instituyó después del Concilio Vaticano II? No, pues va a continuar ese Sínodo de los Obispos, aunque no será la única institución sinodal. Esto es importante en momentos en que nos movemos hacia un Sínodo sobre el Sínodo el año 2023. Así, la Secretaría del Sínodo garantiza un servicio eficaz al Papa y a la curia.

UNA NUEVA CONCEPCIÓN DE LA CURIA

—Hay, en todo este marco, una nueva concepción del servicio de la curia, que deberá estar al servicio de toda la Iglesia y no solamente al servicio del Papa. En esta nueva constitución aparece claramente que la curia no se sitúa en una posición intermedia entre el Papa y las conferencias episcopales, sino que está al servicio tanto del Papa como de las conferencias episcopales. Es un criterio que apareció apenas comenzamos el trabajo de nuestro consejo. La curia es un servicio, no es un poder.

Observemos que la nueva constitución presenta en su Preámbulo una prospectiva de la espiritualidad del Concilio Vaticano II. El papa Pablo VI había hablado ya de una Iglesia samaritana. Entonces, la curia está llamada a celebrar una espiritualidad del buen samaritano, lo cual está en el número 11, donde se señala que ella está al servicio de todo el pueblo de Dios y de la humanidad. Y esto puede ser observado en el artículo cuarto, que habla de una espiritualidad peculiar vinculada al carácter pastoral que debe tener la curia. El suyo no es un carácter simplemente geopolítico o político, sino que es un servicio espiritual.

LAICAS Y LAICOS

¿Qué implica para cada católico la declaración de esa inspiración misionera?

Tiene consecuencias en cuanto a que, si la constitución toda está orientada a la misión, el sentido de la evangelización como tarea principal apunta a todos los bautizados. Se nos recuerda que cada cristiano es discípulo misionero. Un criterio importantísimo en esta constitución sobre esta Iglesia misionera es mencionado en el número 10 del Preámbulo, en donde se dice que “laicas y laicos pueden entrar en el gobierno y en posiciones de responsabilidad”. Y, en los principios, se expresa que “cualquier fiel puede presidir un dicasterio o un organismo de la curia”. ¿Por qué? Por lo dicho: porque “todo cristiano es un discípulo misionero”. Esta es una reforma sustancial que todavía no acaba de ser digerida ni aceptada. Está costando bastante, pero ese es el camino. Es una nueva comprensión de la potestad de gobierno, que no está ligada al sacramento del orden. Hay ciertas cuestiones que están ligadas al sacramento del orden, pero el gobierno de la curia no tiene por qué estar en esos límites. Es un cambio eclesiológico muy grande, pero no es herejía. Es un paso adelante.

¿Con qué velocidad se producirán cambios en relación con que laicos asuman esos altos cargos?

Recuerde Ud. que eso ya se está dando. Hay un laico que es presidente de Comunicación Social y no hay impedimento para que un laico o laica asuma en Desarrollo Humano Integral, donde ya hay una religiosa que es presidenta ad interim. Es decir, todo esto ya está en acción. Por otra parte, la cifra de mujeres que trabajan en el Vaticano ha crecido muchísimo. El año 2010 había 697, entre los 4.053 empleados. El último dato de que disponemos es del 2019, cuando llegaron a ser 1.016 mujeres, del total de 4.600 empleados. Y esto va a seguir.

¿Qué significación tiene, en ese sentido, la creación de un dicasterio de laicos, la familia y la vida, anunciada el año 2016 y que se incorpora en esta constitución?

Este fue creado por el papa Francisco atendiendo a que los laicos y las laicas son la mayoría de la Iglesia. Antes había únicamente un Consejo Pontificio para los Laicos, el cual trataba básicamente de las Jornadas Mundiales de la Juventud y de los movimientos apostólicos. Sin embargo, desarrollar una teología del laicado es una tarea importante y, para eso, se hace necesario un dicasterio. Este tiene enfrente hoy temas muy relevantes, como situaciones difíciles de las familias, entre ellas, las de las familias disgregadas o deshechas, o la situación de los divorciados y los vueltos a casar. Se indica que ofrecerá una “reflexión eclesial sobre la identidad y misión de la mujer y el hombre en la Iglesia y en la sociedad, promoviendo su participación, valorizando las peculiaridades femeninas y masculinas y desarrollando también modelos de roles orientadores de la mujer en la Iglesia”. Igualmente, la relación entre los laicos y los ministros ordenados en base a los diversos carismas. Hay horizontes muy positivos para seguir avanzando.

¿Cómo se sitúan en este nuevo cuadro las conferencias episcopales?

Su importancia es subrayada en la nueva constitución, en la que también se destaca el rol de sus asociaciones continentales. En todos los artículos de esta constitución referidos a los dicasterios, hay menciones a las conferencias episcopales. Se las tiene en cuenta, se las valora. Y no olvidemos que antes era “toleradas”, aunque no aceptadas plenamente. Las conferencias episcopales tienen mucho que dar al gobierno de la Iglesia universal.

EL ROL PARA LA DOCTRINA DE LA FE

¿Cómo se entienden los cambios en relación con el Dicasterio para la Doctrina de la Fe?

Uno muy importante es que el papel de ese dicasterio ya no es simplemente buscar a los herejes para llamarles la atención. La suya es una tarea propositiva respecto a cómo responder, a la luz de la fe, a las nuevas preguntas que se formulan en nuestra sociedad o en las ciencias. Este dicasterio no es una torre de control que ve dónde surgen las herejías para caerles con todo el peso de la recta doctrina, pues su rol es mucho más grande: es evangelizador.

El Papa creó tres secciones en este dicasterio. La primera, para su labor propositiva y a veces de corrección. Una segunda es para la parte propiamente punitiva, especialmente para afrontar los abusos, tanto sexuales como de poder. Una tercera sección otorga la protección pontificia para la tutela a los menores. Anteriormente, esto último era simplemente una comisión, pero ahora pasa a ser parte del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, en su artículo 78.

¿Cómo se hará esa labor propositiva? ¿Mediante documentos, intervenciones, instancias de diálogo?

Todo eso y más, pero corresponderá señalarlo a los reglamentos de cada dicasterio, porque lo que está en la constitución son los principios generales.

Igualmente, se observa en el texto de la constitución que el tercer dicasterio es el de la Caridad.

Está mencionado en tercer lugar en vista de su importancia. Antes únicamente existía la Limosnería Pontificia y ahora se crea el Dicasterio para el Servicio de la Caridad para subrayar la importancia de la misericordia como función de la Iglesia, cuestión muy importante en estos tiempos difíciles de guerras y crisis. Es el amor Cristiano. Ahora el cardenal Krajewski, prefecto de ese dicasterio, ha estado en misión en Ucrania. Se trata de ser una Iglesia samaritana y no de una Iglesia refugiada en una torre de marfil.

En todo este marco, ¿hay alguna clave de lectura que Ud. pueda mencionar para entender mejor esta constitución?

Sugiero que el lector se detenga sobre todo en el Preámbulo, en el que está el espíritu de esta reforma, que se da en un contexto de una necesidad de hacer misión.

FINANZAS VATICANAS: ORDEN Y TRANSPARENCIA

¿Cómo sintetizaría los cambios en cuanto a la administración de la economía vaticana?

En nuestra primera reunión como Consejo de Cardenales, el 1 de octubre de 2013, el Papa nos dijo que el primer paso debía ser abordar el desorden de las finanzas vaticanas. Ya en enero de 2014 se nos hizo claro que se requería crear una Secretaría para la Economía. Hasta entonces, cada dicasterio tenía sus cuentas por separado, había desorden. Una primera decisión del Papa fue que cualquier donación recibida sea entregada a la Administración del Patrimonio de San Pedro. Comenzaron entonces las resistencias a nuestro trabajo, pero se continuó adelante y se hizo una gran reforma económica. Se efectuaron muchos ajustes y recortes de gastos. Imagínese usted que en el Vaticano había 52 porteros. ¿Había tantas puertas? Solamente en la radio Vaticano había más de 200 personas contratadas…. Ahora hay más orden y transparencia. Están la Secretaría y la Administración que he mencionado, además de una instancia de auditoría general, absolutamente autónoma. Al Instituto para las Obras de Religión, IOR —que no es un banco, como algunos piensan, sino una fundación creada para proteger bienes de las congregaciones religiosas—, se le suprimieron miles de cuentas de personas, que buscaban no pagar impuestos en Italia: el Papa advirtió que esa institución no debía ser refugio de capitales para no pagar impuestos ni blanqueo de dinero.

LAS RESISTENCIAS

Evidentemente, la complejidad del trabajo determinó que se tardara mucho en redactar esta constitución. Pero ¿cuánto contribuyó a esto el que hubiese resistencias al interior de la curia?

Claro que sí influyó. Y, por lo demás, no se trató de que simplemente se nos ocurriera algo y lo aprobáramos. No fue así. Pasamos horas de horas, escuchando. Cada uno de nosotros escuchó en su propio continente todo lo que querían aportar todos. Desde ese punto de vista, quiero subrayar que el cardenal Francisco Javier Errázuriz hizo un trabajo precioso. Incluso en una asamblea del CELAM escuchó a todos los obispos de América Latina y lo aportó. Él trabajó muchísimo en esta constitución y tenemos que reconocérselo. La suya ha sido una labor grandísima.

¿En qué ámbitos, más específicamente, evalúa Ud. que hubo más resistencia?

Tuvimos enemigos, pero escuchamos también a los enemigos. Dentro de la misma curia, muchos no querían cambios. Un aspecto que generó resistencia es la expresión, que finalmente se aprobó, de que la curia “está al servicio de todos los obispos”. Para los críticos, la curia debía estar “al servicio del Papa”. El punto es que eso implicaba que la curia se transformaba en un organismo de poder. Algo de eso se observó en los últimos años del papa Juan Pablo Segundo, cuando se generaron disputas, precisamente, por buscar poder. El mismo papa Benedicto XVI tuvo problemas para informarse bien de algunas situaciones, en vista de los filtros que había allí.

El menor rango otorgado ahora a la Congregación para la Doctrina de la Fe debe haber provocado resistencias.

Por supuesto. Críticos muy tradicionalistas han dicho que caemos en la ignorancia, si no damos prioridad a la Doctrina de la Fe. Pero la reforma apunta a algo integral, en donde están tanto la doctrina como la fe y muchos otros valores. El 5 de junio, fecha en que comenzará la vigencia de esta nueva constitución, continuará el camino que hemos recorrido estos años, aunque habrá más atención a la tarea de estudiar cómo hacer para implementar la constitución. Porque —atención— es una reforma que involucra no solo a la curia, sino también a conferencias episcopales.

¿Cómo se trabajará con ellas?

Se trabajará en cada continente, de acuerdo a cada realidad. Tenemos que llegar a ellas y de manera fecunda. La sinodalidad no es tan automática y en la etapa de la escucha tampoco han estado suficientemente los obispos, de manera que se inicia un trabajo bastante profundo con las conferencias episcopales. Recientemente estuve en la Universidad de Loyola —Chicago— en un muy interesante diálogo con obispos estadounidenses. Uno se preguntó “por qué en nuestro episcopado” hay tanta oposición al papa Francisco. Comenzamos entre todos a buscar razones y hablamos con mucha sinceridad. ¿Sabe Ud. cuál fue la razón que más frecuentemente surgió entre ellas? ¡La ignorancia sobre el Concilio Vaticano II! Parece increíble, pero hay obispos que tienen cinco años de nombrados y miran al Concilio como si fuera algo del Antiguo Testamento. Y no entienden que todo el pontificado del papa Francisco es poner en práctica el Concilio, ponerlo en marcha porque en muchos lugares está dormido. Ocurre que esos críticos, al leer la constitución Lumen Gentium (1964), pasaron directamente del primer capítulo al tercero, que es el de la jerarquía, obviando el capítulo del Pueblo de Dios. Algunos critican la teología que viene del Pueblo de Dios, ¡pero ese es el Concilio!… En consecuencia, ese es uno de los puntos que tenemos que trabajar.

CAMBIOS EN COLEGIO CARDENALICIO

Tras haber promulgado esta constitución, teniendo a la vista las encíclicas y los procesos que él ha echado a andar en el Vaticano, ¿qué es lo que aún le queda por hacer al papa Francisco?

Reformar el Código de Derecho Canónico. Ya ha hecho bastante, pero queda mucha tarea aún. Si uno lo mira, se da cuenta de que hay una gran cantidad de cánones que ya no rigen, en vista de que ya los reformó mediante diversos motu proprio. Hay que recordar que entró un libro nuevo, cual es el camino penal dentro de la Iglesia. Todo esto es una gran tarea, pero afortunadamente al papa Francisco lo vemos completamente lleno de energía: es como si estuviera comenzando su pontificado. Me acuerdo que, cuando lo inició, hubo cardenales que decían bueno, este va a ser un Papa de transición, cinco añitos y ya pensaremos en el siguiente…  Sin embargo, van a tener que seguir pensando porque hay mucho por delante aún. De hecho, otra reforma importante, que muy poco se menciona, es la reforma al colegio cardenalicio. He estado en dos cónclaves y la mitad de los asistentes eran europeos. Pero ahora ya no, y se observa hoy a cardenales procedentes de lugares que nunca tuvieron un cardenal. Está además el cambio de criterio: el Papa dice que los cardenales son consejeros y electores del Papa, no son prefectos de congregaciones ni ese cargo se trata tampoco de un premio para alguna diócesis. Esto último le ha significado batallas. Así las cosas, en el próximo cónclave serán muy importantes la presencia y la voz de continentes que antes significaban muy poco, como África o Asia. Quite Ud. Corea del Sur y Filipinas, y verá que el cristianismo casi no está en Asia, donde vive el 60 por ciento de la población mundial.

¿Qué le dice Ud. a quienes se preocupan por la lentitud de la Iglesia para hacer cambios y que la ven un poco rígida ante un mundo tan cambiante?

En primer lugar, un saludo a los lectores de Mensaje, revista que me ha gustado mucho desde que la conocí cuando fui presidente y secretario general del CELAM. Entiendo la misión que tiene esta publicación y quiero decirle que no se desanime, pues la Iglesia está más viva que nunca, aunque no haga ruido. El gran compromiso es la misión. Esa es la asignatura pendiente. Buscamos una Iglesia en salida y, luego, una Iglesia samaritana porque hay una gran cantidad de heridas por sanar. MSJ

(1) N. del E.: Entre 2013 y 2018, estuvieron los cardenales Sean Patrick O´Malley (Boston), Reinhard Marx (Munich), Oswald Gracias (Bombay), Guiseppe Bertello (gobernador del Vaticano), Laurent Monsengwo Pasinya (Kinshasa), George Pell (Melbourne) y Francisco Javier Errázuriz (Santiago, Chile). El 2018 se incorporó Pietro Parolin (Secretario de Estado, Vaticano) y dejaron de participar Monsengo, Pell y Errázuriz. En el 2020, se incorporó Fridolin Ambongo Besungu (Kinshasa).

Juan Rauld

Revista Mensaje