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El año 1986 y la música

Sin ninguna razón en particular, desde hace un tiempo retomé la audición de la música de Crowded House, un grupo australiano-neozelandés nacido en 1985 y que saltó a la fama internacional en 1986 con su primer disco homónimo, célebre por una bellísima canción titulada «Don’t Dream, it’s Over». No podría omitir el dato. 1986 fue un año bisagra en mi vida. Ahora me doy cuenta, además, de que en ese mismo año nació otra estrella de la música actual, y no en cualquier lugar del mundo. Como diría una sobrina, una verdadera conjunción de astros.

NEIL FINN › OUT OF SILENCE (2017)

Crowded House se distinguió desde sus inicios por su calidad, pese a incursionar en el poco pretencioso género de la música pop. Su ya larga historia ha tenido importantes vicisitudes. Una primera etapa inicial culminó en 1996 con su separación. Ya en 1994 se había retirado Paul Hester, su baterista cofundador, quien empero accedió a participar en un célebre concierto de despedida, el 24 de noviembre de 1996, en la explanada de la Opera House de Sidney. El 25 de marzo de 2005, a los 46 años de edad, el ya exbaterista del grupo se suicidó en un parque cercano a su casa en Melbourne, tras padecer durante más de siete años una profunda depresión. Los sobrevivientes, Neil Finn (guitarra y voz) y Nick Seymour (bajo) no se reunirían sino hasta 2006. Sumando a un nuevo baterista, han producido desde entonces dos nuevos discos, el último de los cuales, Intriguer, fue comentado en su momento en estas páginas (Mensaje, noviembre 2010). Entretanto, y ya desde 1998, el talentosísimo Neil Finn inició una carrera como solista, acumulando hasta ahora seis discos de estudio. En este último, Out of Silence, entendemos una vez más por qué Finn siempre ha sido considerado el cerebro y el corazón de Crowded House. El cerebro, por su increíble capacidad para gestionar buenos productos artísticos; y el corazón, por ese talento que parece que le brotara a borbotones por cada uno de los poros de su cuerpo. Gran guitarrista y mejor cantante, lo sigue siendo a pesar del paso de los años. Las canciones de este disco mantienen esa atmósfera melancólica de las grandes composiciones de Crowded House, las mismas que Neil Finn todavía canta, con esa cara de niño que no cambia, pese a las arrugas que comienzan a aparecer. En 2016, Crowded House hizo una serie de conciertos, nuevamente a los pies de la Sydney Opera House, para conmemorar el vigésimo aniversario de aquel otro gran evento de 1996. Disfruto del registro gracias a YouTube. Ya no está el amigo Paul Hester, pero Neil Finn canta tan bien como siempre, con el apoyo de su otro compañero y bajista de tantos años, Nick Seymour. Las grandes canciones de este grupo, ya icónico, son cantadas como verdaderos himnos por una multitud presidida, aunque no monopolizada, por cincuentones y sesentones. Yo me sumo al otro lado de la pantalla, junto a mi hija Magdalena, quien, apenas superando la mayoría de edad, disfruta igualmente de este grupo.

REBECCA TRESCHER & ENSEMBLE 11 › FLOATING FOOD (2017)

Esta notable clarinetista nació, también, en 1986, y nada menos que en Tübingen, esa bellísima y pequeña ciudad del suroeste de Alemania en que hice mi doctorado en teología. Me conmueve pensar que al llegar allí junto a Cecé y Pablito, Rebecca tenía apenas cuatro años de edad. ¿Cuántas veces habré pasado en bicicleta frente a su Kindergarten? ¿Cuántas veces habremos coincidido en la misma Spielplatz? Leo en su página web que se formó en Nürnberg, especializándose como clarinetista de jazz y, posteriormente, también como compositora y arregladora para el mismo género. Actualmente se desempeña como músico y como profesora de música.

A diferencia del disco antes comentado, aquí nos situamos en un ámbito muy distante de lo popular. Yo diría que Floating Food se ubica en un territorio limítrofe entre el jazz y la música «docta», sobre todo por las estructuras de las que Rebecca Trescher se vale para organizar sus composiciones. Se trata de una música muy sofisticada y, sin embargo, grata para quien la escuche con suficiente disposición. Como especialista en el instrumento, la intérprete utiliza diversas variantes del clarinete, según el registro requerido para las respectivas composiciones. Un clarinete alto (en un registro superior al usado comúnmente) nos pone en un rango de sonido muy cercano al del saxo, lo que resulta muy interesante para el oyente. Discos como este nos ayudan, así, a ampliar nuestro horizonte auditivo, y eso hay que valorarlo y agradecerlo. MSJ

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Fuente: Comentario publicado en Revista Mensaje N° 671, agosto de 2018.