El Evangelio que anunciamos las mujeres. «¿Cuánto nos preocupa la vida eterna?»

Tomar conciencia de la injusticia es un deber prioritario de todos.

María Teresa Valenzuela Silva

08 octubre, 2021, 10:46 am
9 mins

Domingo 10 de octubre de 2021
28º domingo de tiempo ordinario
Marcos 10, 17 – 30.

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?”. Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre”. Él replico: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño”. Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: “Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme”. A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús mirando alrededor, dijo a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!”. Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: “Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios”. Ellos se espantaron y comentaban: “Entonces, ¿quién puede salvarse?”. Jesús se les quedo mirando y les dijo: “Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo”. Pedro se puso a decirle: “Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”. Jesús dijo: “Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones—, y en la edad futura, vida eterna”.

¿CUÁNTO NOS PREOCUPA LA VIDA ETERNA?

Comienza el Evangelio de Marcos, con una escena que se da entre un joven que se le acerca corriendo y, arrodillado ante él, le pregunta: “¿Qué haré para heredar la vida eterna?”. La trascendencia siempre ha sido una preocupación humana. Hannah Arendt dice que “en toda filosofía verdaderamente cristiana el hombre es un ‘peregrino en la tierra’” (Arendt, 2005), pues no es inmortal. La muerte de nuestros seres queridos, siempre nos recuerda que cada uno de nosotros, es igualmente mortal. Estamos de paso.

Jesús le recuerda los diez mandamientos de la ley de Dios, pero el joven replicó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño”. Ante esta respuesta, Jesús lo quedó mirando con cariño y le dice que una sola cosa le falta, que venda todo lo que tiene, entregue su dinero a los pobres y así tendrá un tesoro en el cielo. La ambición, la codicia, la avaricia y también la envidia son pecados que con frecuencia cometemos ante la tentación de las riquezas. Es la conciencia de la finitud de nuestra vida y la esperanza en la vida eterna, lo que nos puede librar de esas tentaciones, al reconocer que amontonar riquezas “no es más que un soplo” (salmo 39-7).

Por otra parte, la riqueza del joven está relacionada con la pobreza de otros. La Teología de la Liberación nos ha llevado a descubrir que las causas de la pobreza de muchos, no es natural ni normal. Es injusto. La riqueza injustamente acumulada por unos pocos genera la pobreza de muchos.

De aquí que ante la actitud del joven que frunció el ceño y se marchó, Jesús sea tajante y que a sus discípulos les diga cuán difícil será que los ricos entren al Reino de los Cielos. Es imposible ser rico con justicia, mientras existan hermanos a los que les falta lo necesario para vivir dignamente.

San Agustín dice que los “bienes superfluos de los ricos son necesarios a los pobres”. De este modo, si se poseen cosas superfluas, se está poseyendo de lo ajeno. Así el abrigo que cuelga en el closet, sin usar, pertenece a quien lo necesita, y el dinero que se acumula, pertenece a los pobres.

Ante el asombro de los discípulos, Jesús explica que los ricos ponen su confianza en el dinero, por lo que no podrán entrar al Reino de los Cielos.

El apóstol Santiago es elocuente para explicar este texto: “¡Habéis amontonado riqueza! El jornal defraudado a los obreros que han cosechado vuestros campos está gritando contra vosotros; los gritos de los segadores han llegado al oído del Señor del Universo. Habéis vivido en este mundo con lujo y entregados al placer. Os habéis cebado para el día de la matanza” (Carta de Santiago 5, 1-6).

El primer mandamiento que nos dice amar al prójimo como a uno mismo no es posible de cumplirse si se acumulan cosas innecesarias, que son imprescindibles para otros.

Hoy en día en Chile la desigualdad se encuentra a la vista de todos, de manera que tomar conciencia de la injusticia es un deber prioritario de todos, para erradicar sus causas y renunciar a privilegios, aunque estén insertos en numerosas leyes. Hoy urge que los ricos renuncien a los privilegios, que generan felicidad en los menos y sufrimiento en la mayoría, compartiendo aquello que injustamente poseen.

Termina el Evangelio recordando que lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios. Vender todo lo que tengo y darlo a los pobres, para mí es tan imposible como lo fue para el joven rico que, interpelado por Jesús, se marcha pesaroso. Se aleja de Dios con mucha pena porque humanamente siente apego a las riquezas. Será Dios el que pueda cambiar su corazón de piedra por un corazón de carne.

Para todo aquello que difícilmente podemos cambiar nosotros en nuestro corazón, podemos pedírselo a Dios, para que Él nos dé de su infinita compasión, misericordia y bondad, lo que necesitamos para compartir nuestro pan con los hermanos más vulnerables.

Pidamos a Dios nos ilumine para luchar por la erradicación de las causas de la pobreza y denunciar las injusticias que la provocan.

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Fuente: https://www.facebook.com/MujeresIglesiaChile

Mujeres Iglesia Valparaíso, Chile.