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El Evangelio que anunciamos las mujeres. “Danos Señor tu mirada”

Domingo 9 de septiembre
Danos Señor tu mirada” (Mc 7, 31-37)

Una de las cosas que me cautivan de Jesús es que siempre está en camino, es Él quien va al encuentro de la vida, se anticipa, se hace accesible para todos y no solo es un constante peregrino, sino que en ese peregrinar, va haciendo el bien.

Este encuentro que nos relata Marcos es otra muestra más de ello.

Podemos entrar en el Evangelio desde muchas maneras y miradas… Quiero invitarlas a hacerlo desde dos lugares: desde los que conducen al sordomudo a Jesús y desde el mismo sordomudo; desde allí contemplar y acoger lo que Jesús nos invita a hacer y a vivir…

Podríamos decir que los que llevan ante Jesús al sordomudo son sus amigos, que saben captar y reconocer lo que su amigo sufre, necesita. No solo lo presentan ante Jesús, sino que además piden por él; amigos que son capaces de hacer un alto en su camino, capaces hasta de dejar los quehaceres urgentes para hacer lo que hay que hacer.

Estos amigos pueden representar a la comunidad. Comunidad que se hace cargo de quien la necesita. Comunidad que se compromete hasta el final con gestos (llevar) y palabras (pedir). Comunidad que confía, recibiendo mucho más allá de lo que podría imaginar.

Ese es el tipo de comunidad que estamos llamados a ser y vivir, una comunidad que es capaz de mirar a su alrededor, detenerse, que puede dejar lo “urgente”; y ser “palabra y gesto” para quienes lo necesitan. Es la comunidad a la que necesitamos pertenecer todos y en la que tenemos que visibilizar espacios concretos de acogida para tantos excluidos de este tiempo: migrantes, varones y mujeres abusados, personas LGBTI, y tantos más.

Por otro lado, tenemos a nuestro amigo sordomudo —qué fuerte y doloroso es estar totalmente incomunicado—. El sordomudo representa la soledad de tantos hermanos y hermanas, que por distintas situaciones están incomunicados, aislados o tienen gran dificultad para poder expresar lo que piensan, sienten, sufren, viven… Afortunadamente este hombre cuenta con quienes pueden arriesgar gestos y palabras por él. Pienso en tantas personas de este tiempo, que viviendo sus dolores, sus heridas, y no han tenido una comunidad que abogue por ellos, no han tenido quien los pueda presentar, poner ante la acción amorosa del Dios de la vida… Estamos justamente llamadas a ser esa comunidad, que no solo está atenta a los sordomudos del camino, sino que se compromete y actúa como Jesús “con gestos, metiendo los dedos en sus oídos y tocando la lengua con la saliva”, es decir, entrando en lo más íntimo de la persona y diciendo, como Jesús, “Effetá” – ábrete. Necesitamos afinar nuestro oído y nuestra mirada para saber escuchar y acoger el grito silencioso de tantos y tantas. Necesitamos pedir tener un corazón que se incline todo el tiempo hacia quien tiene necesidad del Señor, de su promesa de vida abundante.

Pidamos a Jesús para que nos siga ayudando a abrirnos a toda la realidad, que nada ni nadie nos quede fuera de esa mirada; y que esa mirada sea sanadora, reparadora y amorosa para todos, sin distinciones como nos dice Santiago en la segunda lectura de hoy.

Que el Señor nos regale su mirada.

Hagamos oración con este canto… Dame Señor tu mirada

* Queridas hermanas, queridos hermanos, les enviamos una nueva homilía del Evangelio que anunciamos las mujeres. Nos alegramos y agradecemos los ojos y la voz nueva de mujeres que se atreven a decir y orar el evangelio para nuestras comunidades. Estas van enriqueciendo nuestra capacidad de comprender y ampliar el mensaje de la Palabra, el mensaje de Jesús. Les invitamos a escuchar, meditar y compartir esta homilía, que nos invita a salir del silencio y hacernos profecía viviente con toda la fecundidad que hay dentro de nosotras. Pueden encontrar todos los comentarios anteriores en Facebook, Mujeres – Iglesia Chile, y en la página de la Revista Mensaje: https://www.mensaje.cl/category/noticias/iglesia/ [1]

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Fuente: https://www.facebook.com/MujeresIglesiaChile/ [2]