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El Evangelio que anunciamos las mujeres. “El Buen Pastor, y… ¿la Buena Pastora?”

Domingo 12 de mayo
El Buen Pastor, y… ¿la Buena Pastora?” (Juan 10, 27-30).

Estamos en tiempo de Pascua, en el que nos animan la alegría y la esperanza de Jesús Resucitado, en el que todos estamos invitados a una vida plena. El evangelista Juan nos invita a sentir este tiempo presente, como el acontecimiento central de nuestra fe, porque renacemos cuando vemos y reconocemos como personas dignas a los hombres y mujeres que cruzamos todos los días: en el trabajo, en la ciudad, en las mañanas; a los hombres y mujeres apurados que se desplazan en el metro, el bus, o la calle, para no llegar atrasados al trabajo o cansados en la tarde noche, para volver a ver a hijos y familia y saber de sus vidas y deberes diarios.

Este texto de Juan 10; 27-30 nos actualiza la promesa de Jesús Resucitado en la figura del pastor y sus ovejas. Hace 2000 años sería normal ver en los pueblos a un pastor cuidando sus ovejas en un lugar provisto de buenos pastos y agua. Las ovejas estaban seguras con su presencia, lo reconocían por su olor, su voz, sus órdenes, sus gestos y sus llamados, con su atenta mirada. El pasto es un alimento para la vida diaria de las ovejas y Jesús, asimilándonos a ellas, nos promete una vida definitiva más allá de la muerte. El Pastor de todo el rebaño, que le reconoce y confía en él, es capaz de dar la vida por sus ovejas de distinto color. Jesús nos lleva a su Padre, porque Él se las ha entregado en cuidado y protección, nadie las puede separar. El regalo que nos promete Jesús es el Espíritu Santo, la Ruah, que nos llevará a una vida nueva después de la muerte. Nos recuerda que Él y su Padre son uno solo.

¿Cómo estar y pertenecer al rebaño de Jesús hoy, en esta realidad local, en este país lleno de desigualdades sociales? Seguir a Jesús es vivir como Él, al lado de los que sufren, de los pobres y hambrientos, los enfermos y marginados, los distintos, los diversos, los de capacidades diferentes, los “raros”, en una sociedad que crea barreras y se envuelve en sí misma.

Hoy en Chile tenemos escasos pastores con olor a oveja, atentos a su rebaño, pero los hay, y me alegro por eso, les reconozco en sectores populares y rurales; al lado de los excluidos, los migrantes, los necesitados de pan, techo y abrigo; al lado de las víctimas de abuso de poder, conciencia y sexual.

No tenemos pastoras, el rebaño las necesita, ellas, junto a los pastores con olor a oveja, cuidarían mejor de sus rebaños y de sus crías; velarían por todas ellas, a ejemplo del Buen Pastor.

Hay pastores, cubiertos de ropajes y encajes, que están muy lejos del modelo del Buen Pastor, y se resguardan en buenos templos y buenas viviendas, a pesar de esto, muchas ovejas aún se sienten parte del rebaño de Jesús y, con Él, se reúnen, se alimentan, se acompañan; celebran cenas con Jesús, cantan y bailan las canciones de justicia y libertad, caminan juntas en busca de buenos pastos, en una ruta sinodal. Esperan y esperamos al Jesús, al Padre y Madre nuestro, de todos, de hombres y mujeres; lesbianas, gays, transgénero, transexuales, queer, sin barreras de razas ni etnias, sin exclusión.

* Queridas hermanas, queridos hermanos, les enviamos una nueva homilía del Evangelio que anunciamos las mujeres. Nos alegramos y agradecemos los ojos y la voz nueva de mujeres que se atreven a decir y orar el evangelio para nuestras comunidades. Estas van enriqueciendo nuestra capacidad de comprender y ampliar el mensaje de Jesús. Pueden encontrar todos los comentarios anteriores en Facebook: Mujeres Iglesia Chile y en la página de la Revista Mensaje: https://www.mensaje.cl/category/noticias/iglesia [1]

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Fuente: https://www.facebook.com/MujeresIglesiaChile/ [2]