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El Evangelio que anunciamos las mujeres. “Señor entre estaciones”

Domingo 26 de agosto
Señor entre estaciones” (Juan 6, 60-69)

Esta semana los penquistas hemos recordado que seguimos en invierno. Aquí en Concepción ha llovido a cántaros, la lluvia ha resonado fuerte. Como que algo nos hacía sentir en primavera (quizás fue el cambio de horario) pero no, seguimos en invierno. Y es esta estación, la que casi inconscientemente nos hace recordar la experiencia espiritual de la desolación, automáticamente atribuimos esta vivencia interior a la tormenta, a la oscuridad, a las nubes, a la lluvia, es tan difícil comunicar nuestras batallas espirituales que le damos significados simbólicos con conceptos o imágenes. Es como que el invierno se acomodara a la desolación y más en estos meses difíciles para nuestra Iglesia, hemos vivido momentos duros, nos hemos sentido agobiados y perdidos.

Hoy en el evangelio nos identificamos con Pedro cuando le dice a Jesús “¿Señor a quien iremos? ¿Dónde podemos encontrar consuelo si no es en ti?” hay un sentimiento de desconsuelo ¡y cómo no sentirnos así, si nuestros propios pastores han sido los principales responsables de este sufrimiento! Han abandonado a sus ovejas. Aunque para ser justos, no han sido sólo ellos, nosotros/as los/as laicos/as también somos parte del problema, quizás sin darnos cuenta, pero tenemos responsabilidad ya que de una u otra forma hemos sido cómplices con nuestro silencio y nuestra quietud al naturalizar prácticas abusivas. También nosotras las mujeres nos hemos dejado marginar y no hemos asumido un papel más protagónico.

Pero hay buenas noticias en Concepción y en varias ciudades de Chile, los/as laicos/as están despertando, así que no seamos injustos con el invierno, quizás lo hemos mal comprendido, ya que también en este tiempo Concepción se ha organizado, la comunidad se ha congregado y al igual que Pedro el buen Espíritu nos ha ayudado a poner la mirada en Jesús. No podemos quedarnos indiferentes o paralizarnos por el miedo, debemos juntos/as buscar nuevos caminos y actuar ante lo que hemos visto y oído. Hoy, es nuestra responsabilidad contemplar a Jesús haciendo carne su vida y mensaje. Dejemos que el Espíritu Santo se haga presente para que nos ayude a reparar esta Iglesia derrumbada, y  para que nos dé el don de escuchar y acompañar.

Hoy en el evangelio Jesús dice a sus discípulos “El espíritu es quien da vida” incluso en los momentos de mayor desconsuelo. En esta estación de invierno no nos refugiemos, todo lo contrario salgamos, veamos con esperanza los brotes que se preparan en los árboles para florecer en primavera. Que este inverno masculino sea complemento y ayude a parir a la primavera femenina para que nazca una nueva iglesia florecida con colores deslumbrantes.

Agudicemos nuestros sentidos para sentir de otra forma, ¡no perdamos la esperanza! Y sintamos como el viento, los techos, el agua y los árboles han sido los instrumentos de estos días y su orquesta nos ha deleitado con una espectacular obra musical: “el aguacero” que nos recuerda que Jesús está con nosotros/as y llora con nosotros/as. Que la lluvia limpie todo lo que tenga que limpiar y que se abran nuevos cielos para que el sol nos haga florecer.

* Queridas hermanas, queridos hermanos, les enviamos una nueva homilía del Evangelio que anunciamos las mujeres. Nos alegramos y agradecemos los ojos y la voz nueva de mujeres que se atreven a decir y orar el evangelio para nuestras comunidades. Estas van enriqueciendo nuestra capacidad de comprender y ampliar el mensaje de la Palabra, el mensaje de Jesús. Les invitamos a escuchar, meditar y compartir esta homilía, que nos invita a salir del silencio y hacernos profecía viviente con toda la fecundidad que hay dentro de nosotras. Pueden encontrar todos los comentarios anteriores en Facebook, Mujeres Iglesia Chile, y en la página de la Revista Mensaje: https://www.mensaje.cl/category/noticias/iglesia/ [1]

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Fuente: https://www.facebook.com/MujeresIglesiaChile/ [2]