El Evangelio que anunciamos las mujeres. «Servir como Jesús»

La enfermedad de la ambición, del poder, de querer dominar a los demás, está lejos del proyecto al servicio del Reino de Dios Padre y Madre y su justicia.

Carmen Isabel Martínez Salas

15 octubre, 2021, 11:59 am
7 mins

Domingo 17 de octubre de 2021
29º domingo de tiempo ordinario
Marcos 10, 35-45

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los hijos del Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: “Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir”. Él les preguntó: “Qué quieren que haga por ustedes?”. Contestaron: “Concédenos sentarnos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Jesús replicó: “No saben lo que piden, ¿son capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizarse con el bautismo con que yo me voy a bautizar?”. Contestaron: “Lo somos”. Jesús les dijo: “El cáliz que yo voy a beber lo beberán, y se bautizarán con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado”. Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, reuniéndolos, les dijo: “Saben que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Ustedes, nada de eso: el que quiera ser grande, sea el servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”.

SERVIR COMO JESÚS

“El que quiera ser grande entre ustedes, deberá servir a los demás”.

Palabras de Jesús de Nazaret dichas a sus discípulos y discípulas, frente a la ambición de poder de algunos de ellos, que aún no entendían nada del proyecto salvífico de Jesús. Ellos solo aspiraban a ser los primeros, los más grandes, y Jesús les muestra, con sus palabras y ejemplo, que ese es el camino equivocado, que la enfermedad de la ambición, del poder, de querer dominar a los demás, está lejos de su proyecto al servicio del Reino de Dios Padre y Madre y su justicia. Hay que extirpar esta enfermedad, tentación de la comunidad de discípulas y discípulos, porque ella es una invitación a ejercer el poder como se conocía en su tiempo, que consistía en tiranizar y oprimir.

Hoy también Jesús nos invita, nos llama y nos exige, como comunidad de Mujeres Iglesia Chile, y a la Iglesia católica a la que pertenecemos y a todo el que profesa la fe en Cristo, a olvidarnos de las jerarquías de poder. Nadie debe estar por encima de los demás, no hay amos ni dueños, somos una comunidad de hermanos y hermanas que buscan vivir como Jesús vivió.

Cuando caemos en la tentación de alejarnos del proyecto de Jesús y nos dejamos llevar por la búsqueda del poder, del prestigio, del reconocimiento y para conseguir eso, dominamos, manipulamos, imponemos, sucede lo que sucedió en nuestra Iglesia de Chile: hay abuso, delito, pecado, que tanto daño y dolor ha causado en tantos hermanos y hermanas nuestras, y tantas confianzas rotas, tantos perdones por pedir, tantas vidas por reparar.

Debemos volver nuestra mirada a Jesús de Nazaret que no gobierna, no impone, no domina ni controla. No ambiciona ningún poder, no espera ni quiere ningún título honorifico. No busca su propio interés. Él busca “servir” y “dar la vida”. Por eso es el primero y él más grande.

Hermanos y hermanas, necesitamos una Iglesia, una comunidad, con una mirada distinta; que se levante del dolor y la vergüenza, que cambie la forma de relacionarse, que nos miremos y reconozcamos como hermanos, todos iguales y con la misma dignidad; una comunidad dispuesta a gastar la vida por la construcción del Reino de Dios y su justicia. Una Iglesia con creyentes sin ambiciones personales, que trabajen silenciosamente por un mundo más humano, una Iglesia más Evangélica, donde el sello de vida sea el servicio y no la imposición, la acogida y no la discriminación.

La Iglesia que soñamos y que sabemos posible, es una Iglesia de llamada, que propone un camino de salvación y no lo dictamina, solo llama e invita. Una Iglesia que se pone al servicio del ser humano, para invitarlo a buscar en Dios su salvación, su liberación.

Hermanos y hermanas, en este mundo que vivimos, en el que el llamado es a triunfar a costa de todo, sin mirar a quien dejamos en el camino, Jesús se atreve aun a invitarnos a vivir siendo grandes a los ojos de Dios Padre y Madre, viviendo una vida de entrega y servicio, dispuesta a acoger, escuchar, sanar y liberar a todos los hermanos y hermanas que salgan a nuestro encuentro.

Hoy más que nunca necesitamos una Iglesia de cristianas y cristianos dispuestos a gastar y dar la vida por el proyecto salvífico de Jesús. “Porque aún hay tanto por hacer”.

* Pueden encontrar todos los comentarios anteriores en Facebook: Mujeres Iglesia Chile, en la página de la Revista Mensaje: https://www.mensaje.cl/category/noticias/iglesia

_________________________
Fuente: https://www.facebook.com/MujeresIglesiaChile

Mujeres Iglesia Valparaíso, Chile.