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El Evangelio que anunciamos las mujeres. “Ustedes, vengan a un lugar solo a descansar”

Domingo 22 de julio
Ustedes, vengan a un lugar solo a descansar” (Mc 6,30-34)

Después de leer este evangelio, se me vino a la memoria Jesucristo Superstar; me imagino que recordarán ese tremendo musical de los años ‘70. Es preciosa la escena en la que sus discípulos y la gente le pide explicaciones a Jesús, entre ellos el personaje de Judas Iscariote, que, con nostalgia, interpela su proyecto. Es conmovedora la manera de Jesús de relacionarse con los demás y con María Magdalena. Toda la situación nos muestra a un Jesús cansado, algo conflictuado, pero insistente en su modo de llevar adelante el proyecto del Reinado de Dios.

En esta escena nos encontramos con la bella melodía que introduce el canto de María Magdalena, quien con cariño, acogida y delicadeza le dice a Jesús: “Trata de no preocuparte, trata de no obsesionarte… por los problemas que te preocupan… ¿No sabes que todo estará bien? Esta noche queremos que duermas relajado, deja que el mundo gire sin ti esta noche. Si lo intentamos nos arreglaremos sin ti. Así que olvídate de nosotros esta noche, todo estará bien. Duerme y te relajaré, te calmaré y untaré mirra, entonces sentirás que todo estará bien”. Bellísimo consuelo.

La letra y la música de esta canción, mueve con potencia los afectos. Me hace pensar en los deseos de consuelo por los cansancios y fatigas de tantas/os, en mis propios agotamientos; en las luchas, esfuerzos, fracasos y triunfos que vivimos en nuestros trabajos, estudios, en nuestros hogares y en la Iglesia.

A veces esta necesidad la vivimos en el silencio y detrás de bambalinas sociales, como vivió su protagonismo María Magdalena, o peleando visiblemente causas justas e inclusivas como Pablo (me refiero a la acogida y el anuncio del evangelio a los páganos), y tantos otros personajes de nuestra historia, y sobre todo las/os más heroicas/cos de este último tiempo.

El evangelio de hoy es un tesoro para pulir nuestra humanidad. Mirar a Jesús en esta narración, es para conmover y mover los afectos. El evangelio dice que “Jesús, mirando a la multitud, sintió compasión”. Este es un dato fundamental, porque nos revela que Dios se afecta. Qué bueno sería que para postular o considerar a alguien para liderar un equipo de trabajo, “afectarse” y “dejarse afectar”, fuera un requisito obligatorio.

Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, líder, pastor, responsable primero y último de este proyecto de humanización y de anuncio del Dios verdadero; AFECTADO, acoge a los apóstoles que regresan de la misión. Totalmente afectado e implicado, los recibe, los escucha y les dice: “Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco”.

Estas palabras, me ponen delante del Señor para preguntarle: ¿Quiénes ofrecen y se transforman en un lugar de descanso?, ¿quiénes ofrecen acogida y escucha verdadera?, ¿quiénes ofrecen compartir su tiempo y comida?, ¿quiénes ofrecen su vida para implicarse y complicarse con otras/os?, ¿quiénes son capaces de ponerle pausa a la contingencia, aunque esta grite mil necesidades, para invitarnos a descansar?

La memoria y el corazón (ensayando una respuesta) me hacen rememorar a aquellas/os que han aprendido con otras/os en su historia a ser verdaderamente humanas/os, aquellas/os que han vivido con los pies en la tierra y han permanecido fieles a sus convicciones y reivindicaciones. Aquellas/os que han experimentado en su carne el agotamiento, la frustración, la alegría de anunciar buenas noticias, la consoladora certeza de ser queridas/os y consoladas/os. Aquellas/os que han vivido la incomprensión, la violencia, el atropello de los poderosos de su tiempo y el hambre, entre otras cosas. Jesús, verdadera y entrañablemente hombre, ha vivido todo esto. La lucidez y aceptación de estas experiencias también deberían ser un requisito obligatorio para liderar, sobre todo en nuestra Iglesia.

Que el modo que eligió Jesús de vivir la misión de su vida, ese modo de ser “Pastor” que une, acompaña, se afecta, complica y se entrega, nos interpele y nos afecte para elegir vivir nuestras pequeñas y grandes responsabilidades con humanidad.

Que María Magdalena, apóstola de los apóstoles, interceda por nuestra Iglesia para que, con el corazón puesto en el Evangelio, nos dejemos mover por el Espíritu de Dios.

* Queridas hermanas, queridos hermanos, les enviamos una nueva homilía del Evangelio que anunciamos las mujeres. Nos alegramos y agradecemos los ojos y la voz nueva de mujeres que se atreven a decir y orar el evangelio para nuestras comunidades. Estas van enriqueciendo nuestra capacidad de comprender y ampliar el mensaje de la Palabra, el mensaje de Jesús. Les invitamos a escuchar, meditar y compartir esta homilía, que nos invita a salir del silencio y hacernos profecía viviente con toda la fecundidad que hay dentro de nosotras. Pueden encontrar todos los comentarios anteriores en Facebook, Mujeres Iglesia Chile, y en la página de la Revista Mensaje: https://www.mensaje.cl/category/noticias/iglesia/ [1]

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