Ex niños soldados comienzan una nueva vida en la República Centroafricana

Desde que comenzaron los disturbios civiles en 2013, los niños del país corren un alto riesgo de sufrir abusos, reclutamiento y explotación por parte de los grupos armados.

“Me uní al grupo armado porque [otro grupo] mató a mi padre y a mi madre y quería vengarlos”.

Hoy, Pierre* es un joven que trabaja como mecánico en Bambari, República Centroafricana (RCA). Tenía nueve años cuando perdió a sus padres y sin ninguna alternativa real, Pierre y su hermano mayor se convirtieron en “mensajeros” de un grupo armado local y vivieron “en el monte” con ellos durante años.

Cuando perdió a su hermano, decidió abandonar la violencia.

La vida como soldado no había sido fácil, pero la vuelta a la vida civil resultó aún más dura. “Pasé por muchas cosas. Fui rechazado [por la sociedad]. La gente hablaba de mí”, recuerda Pierre.

Desde que comenzaron los disturbios civiles en 2013, los niños de la República Centroafricana corren un alto riesgo de sufrir abusos, reclutamiento y explotación por parte de los grupos armados. Cientos de miles de personas han huido desde entonces de la violencia. La educación se vio gravemente perturbada y ha empeorado aún más debido a las restricciones de Covid-19 en 2020.

Para fomentar la inclusión social de niños como Pierre, en 2017 el Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) RCA comenzó a hacer campañas para desmovilizar a los jóvenes y ofrecerles oportunidades educativas y de formación.

Dado el estigma al que se enfrentan los ex niños soldados, estas actividades también se dirigieron a la comunidad en general, para fomentar la reconciliación y promover la cohesión social.

Cinco años después, más de 300 niños dejaron el combate, aprendieron nuevas habilidades y comenzaron una nueva vida. En 2017, Pierre participó en una formación de mecánica de motos y comenzó a trabajar poco después. Gracias a su trabajo, hoy contribuye al hogar de su tío, con quien vive.

Ser capaz de mantenerse a sí mismo ha liberado a Pierre y le ha dado la oportunidad de determinar su propio futuro. “Este trabajo puede ayudarme a donde quiera que vaya”.

Al igual que Pierre, Sylvester se unió a un grupo armado cuando tenía nueve años. “La vida era muy difícil en el monte”, recuerda. Sin embargo, en aquel momento, el combate le parecía la única opción: “Lo importante era encontrar comida al menos cada día”.

Cuando sus líderes fueron finalmente asesinados, Sylvester regresó a su aldea. Volver fue duro, ya que no tenía familia y sentía que todos le tenían miedo.

A través de un curso del JRS, Sylvester aprendió a producir jabón y montó su propia tienda. Aunque el negocio tiene sus retos, como invertir dinero para comprar materiales para la producción, Sylvester está contento de ser independiente y tener un lugar en su comunidad. “Me gano la vida […], mi mujer y mi hijo están a mi cargo”.

De pequeño, Jean-Jacques quería ser panadero. Cuando sus padres fueron asesinados en 2013, tuvo que abandonar la escuela y unirse al combate para sobrevivir. Fue niño soldado durante siete años.

Jean-Jacques pronto se dio cuenta de que no le gustaba una vida de violencia, pero no sabía a qué otro lugar acudir: “Ya no creía en nada y había perdido toda esperanza”.

Entonces, un día, los defensores de la desmovilización del JRS se reunieron con el grupo armado y les pidieron que les dejaran volver a casa. Jean-Jacques fue liberado y se incorporó a un curso profesional de panadería, haciendo realidad sus sueños de la infancia.

Junto con otros dos jóvenes, Jean-Jacques abrió la panadería con la que siempre había soñado. “Me siento útil y me gano la vida honestamente. La gente aprecia mucho mi pan”, dice con orgullo. Con su negocio, ahora cuida de sí mismo y de sus hermanos.

En la RCA y en todo el mundo, el JRS sigue construyendo puentes entre los desplazados forzosos y entre los refugiados y las comunidades de acogida.

Reconociendo el impacto personal y comunitario de la violencia, el trabajo de reconciliación del JRS se basa en la justicia y el diálogo entre los grupos.

Ofreciendo oportunidades de subsistencia a antiguos niños soldados como Pierre, Sylvester y Jean-Jacques, y creando espacios de hospitalidad y acogida, las comunidades pueden redescubrir su humanidad compartida.

El programa fue financiado por UNICEF y el JRS USA.

* Los nombres y los lugares han sido cambiados para proteger la identidad de los niños.


Fuente: https://jrs.net

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