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Mira hacia delante

No deja de ser una temeridad atreverse a hablar de discernimiento por parte de un seminarista diocesano en un portal jesuita, pero creo que este tiempo es una especial llamada a que aprendamos a discernir nuestros silencios, nuestras acciones, nuestra vida.

Desde hace varios días nos imagino andando como los funambulistas sobre el cable, un mal paso nos puede hacer caer, pero no caminar también puede poner en peligro. Muchos nos sentimos así, buscando el paso seguro que nos ayude a seguir el camino correcto sobre este cable casi invisible que es la misión de la Iglesia en esta compleja situación.

En los primeros días de resguardarnos en casa todos nos lanzamos al cable, con la certeza de que teníamos algo que ofrecer y dispuestos a recorrer ese vacío, pero tal vez olvidamos mirar antes los detalles: qué longitud tiene el cable, a qué altura está, qué necesito llevar para este camino. Olvidamos discernir cómo debíamos emprender el camino, porque el camino hay que hacerlo, nuestra misión particular no puede enterrarse como el talento de la parábola.

Empezamos a caminar sobre el cable y ahora todo empieza a temblar, demasiados vientos nos azotan, el vértigo se nos agarra al estómago y nos abordan todas las preguntas ¿y ahora cómo seguimos?, ¿tenía que haberme puesto a andar?, ¿tiene sentido este camino? Como el funambulista sobre el cable ahora no es tiempo de miedo sino de certezas interiores, de buscar la fuerza auténtica que nos ayude a dar pasos seguros y ciertos.

Cada uno tenemos un cable a los pies, algunos muy altos otros en cambio tenemos cables más sencillos, pero debemos recorrerlo. No podemos escondernos, porque puede ser tiempo de silencio, pero no de inactividad. El silencio ayuda a encontrarnos con Dios y quien se encuentra con el Dios que se da no puede resguardarse en el puesto seguro, sino que se siente llamado a emprender caminos para que otros también se encuentren con Él.

Atrevámonos a seguir haciendo equilibrio. Los funambulistas clásicos usaban una pértiga para ayudarse a mantener equilibrio, nosotros tenemos algo más que una pértiga. Nosotros tenemos un guía que no se guardó nada para sí, que no temió ponerse en riesgo. Es tiempo de hacer equilibrio, sin temeridad ni miedos, para hacer el camino correcto, y haciendo nuestra la oración de san John Henry Newman fiémonos de quien nos guía a caminar hacia adelante.

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Fuente: https://pastoralsj.org [1]