Mons. Fernando Chica: “Para terminar con el hambre en el mundo es necesario invertir en la paz”

El Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, se refirió a un dato alarmante: tras haber disminuido de forma constante durante más de tres décadas, “el hambre repuntó en el mundo en 38 millones de personas en el 2016”.

Griselda Mutual

25 septiembre, 2017, 12:25 pm
6 mins

Vuelve a aumentar el hambre en el mundo: treinta y ocho millones de personas más respecto del año anterior sufren el hambre en el planeta, debido —en gran medida— a la proliferación de conflictos violentos y a las consecuencias del cambio climático. Así lo informó la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, en lo que es la primera evaluación global de esta organización mundial sobre la seguridad alimentaria y nutrición, publicada tras la adopción de la Agenda para el Desarrollo Sostenible, que tiene por objetivo terminar con el hambre y con todas las formas de malnutrición en 2030. El Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, Monseñor Fernando Chica Arellano, explicó la situación ante los micrófonos de Radio Vaticano.

Firmado por cinco grandes Organismos de Naciones Unidas, a saber, la Organización Mundial de la Salud, UNICEF, la FAO, el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola, y el Programa Mundial de Alimentos, se hicieron públicos el viernes 15 de septiembre las nuevas estadísticas de malnutrición y de la seguridad alimentaria en el mundo.

Monseñor Fernando Chica, se refiere a un dato alarmante: tras haber disminuido de forma constante durante más de tres décadas, “el hambre repuntó en el mundo en 38 millones de personas en el 2016”.

El prelado explica los dos motivos a los que se debe este incremento: por una parte, “el aumento de conflictos y guerras en el mundo, que afectan a veinte países”, y, por el otro, “los graves fenómenos de cambios climáticos, como El Niño, que produce sequías, o La Niña, que produce inundaciones, que impiden que se produzcan las cosechas que alimentan a las personas”. Se trata de “38 millones de personas que están llamando a un incremento de solidaridad y a invertir en el tema de la paz”.

Haciendo referencia a la labor de las organizaciones mundiales que luchan contra el hambre, monseñor Chica Arellano señala la importancia de las evaluaciones y diagnósticos realizados por las mismas, que ponen de manifiesto “la lacra del hambre” que afecta a treinta y ocho millones de personas, “que nos son algoritmos, ni simplemente partes de una estadística, sino personas que llegan a la noche y no tienen nada que comer”.

Un informe que “llama a la comunidad internacional a potenciar la agricultura, a reforzar las ayudas humanitarias, y pone de manifiesto la necesidad de trabajar por la paz”. Esto último, porque mientras en los países haya conflictos, “habrá crisis humanitarias, habrá hambruna, habrá miseria”. Por lo tanto, es necesario “invertir más en la paz, apostar por el diálogo y acabar con las guerras, que tanto mal están haciendo”.

Monseñor Chica señala asimismo el número de países que sufren los conflictos: “son veinte los países que están provocando que no se pueda potenciar la agricultura”, causando, en consecuencia, enormes flujos migratorios, que provocan a su vez “que las tierras queden sin cultivar”, lo que llama a otra cosa: es necesario “invertir en solidaridad y evitar el desperdicio de alimentos”, porque “un tercio de lo que se produce en el mundo o se pierde o se desperdicia”.

Antes se hablaba de inseguridad alimentaria —explica el Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO—, de las causas que mermaban la ingesta de alimentos. En cambio, hay que asegurar la alimentación tanto en cantidad como en calidad, porque, tal como evidencia el informe, mientras hay personas que no tienen nada que llevarse a la boca, es decir, que les faltan nutrientes, hay personas que tienen una salud deficitaria debido al sobrepeso y la obesidad. Esto también conlleva la aparición de enfermedades no transmisibles, como la diabetes, la hipertensión, enfermedades reumáticas; es decir, la malnutrición es tanto la falta de alimentos, como la alimentación no adecuada. “Hace tanto daño a la persona no comer, como el comer malamente”, asegura.

Para hacer frente a esta lacra del hambre en pleno siglo XXI —concluye— “hay que crecer en solidaridad, evitar las desigualdades, y sobre todo asegurar una mejor distribución de alimentos, porque la paradoja es esta: hay alimentos para todos, pero no todos pueden comer”.

_____________________
Fuente: http://es.radiovaticana.va

Escribe para Radio Vaticana.