Nona Fernández: «La Convención es una gran muestra de soberanía popular»

Según esta escritora, la mayor preocupación que debemos tener hoy, es hacer todo lo posible para que las grandes transformaciones que Chile necesita se lleven a cabo. Dice que lo que está pasando en nuestro país es importantísimo, “algo que ha tomado una vía institucional, pero que ha sido empujado desde la calle, desde la ciudadanía”.

Haydée Rojas

13 octubre, 2021, 5:30 pm
13 mins

Si hay algo que caracteriza a Nona Fernández es su versatilidad. Actriz, dramaturga, escritora, guionista de teleseries y feminista. Integra, además, la compañía de teatro La pieza oscura, donde se han estrenado sus obras El Taller y Liceo de niñas. Toda su obra está atravesada por la memoria histórica reciente de Chile, aunque no le gusta encasillarse en ningún estilo ni género, porque está convencida de que “no hay que ponerse límites”. En esta entrevista con Revista Mensaje, sin embargo, abordamos su lado más político.

En gran parte de su obra se reviven los traumas y dolores de Chile. ¿En qué medida ese ejercicio de memoria puede ayudarnos en el contexto que estamos viviendo hoy, post-estallido?

Creo que orgánicamente la revuelta nos ha llevado a observarnos. Si pensamos en nuestra historia tenemos una sociedad que hasta el día de hoy mantiene una herida que no ha sido del todo sanada. Si queremos plantearnos una nueva vida y como sociedad una nueva oportunidad, se hace imprescindible reconocer lo que hemos hecho —lo bueno y lo malo—. Y sin duda que reconocer nuestras heridas y traumas es lo principal que tenemos que hacer o si no vamos a volver a cometer el mismo error.

Y en ese mismo sentido, ¿cuál es la peor herida que tiene Chile y que tiene que sanar?

Son muchas las heridas y se hace tremendamente difícil poder elegir una. Sin duda, el tema de verdad y justicia es un gran asunto que tenemos que sellar, que tenemos que resolver. Ahí hay una herida que está incrustada, y que no ha sido posible sacársela de encima —o sanarla— en la medida que no reconozcamos todo lo que se hizo, que no tengamos esa claridad y que no se pidan todos los perdones que se deben pedir. Desgraciadamente, estamos súper tarde para eso y lo sabemos. La falta de verdad y justicia en relación a los traumas de nuestra historia se repite, vemos cómo estamos viviendo un proceso constituyente con violaciones a los derechos humanos, nuevamente. Y claro, ahí suena la alerta porque esto no puede ocurrir otra vez. No podemos seguir aumentando esa herida.

El otro gran problema es la enorme inequidad social en la que vivimos. La revuelta social es lo que es, justamente, por esta gran herida. Esos dos temas para mí son los protagónicos, los grandes paraguas del resto de los problemas que tenemos.

Usted ha señalado en algunas entrevistas que hay tantos saberes que tenemos que incorporar a la vida democrática del país. ¿Cuáles son esos saberes y qué aporte pueden hacer en concreto?

Existe una diversidad de saberes que están incorporados en los mundos comunitarios, en los mundos territoriales que son los que tenemos que empezar a reconocer. Los saberes de las etnias, de los pueblos originarios, de las pequeñas y grandes comunidades también. Toda esa diversidad es la que nos puede ayudar a constituir un territorio diverso y más equilibrado, para, primero que todo, poder entendernos y, así, poder tejernos.

Ya la Convención nos ha empezado a develar la importancia de que existan otras voces, que no sean siempre las de los políticos y la de los hombres blancos heterosexuales que lo saben todo y que han normado de alguna manera este país.

¿Qué debería preocuparnos del presente?

En este presente inmediato, la mayor preocupación que debemos tener es legitimar una nueva Constitución y hacer todo lo posible para que las grandes transformaciones que este país necesita se lleven a cabo. Si eso no ocurre, vamos a seguir entrampados con esa sensación de molestia y de efervescencia que de alguna u otra manera ha generado esta revuelta social. Necesitamos poner todas nuestras energías —como sociedad— dirigidas hacia eso y apoyar la Convención Constitucional, no aportillarla. Lo que estamos haciendo es importantísimo, es algo que ha tomado una vía institucional, pero que ha sido empujado desde la calle, desde la ciudadanía, por lo tanto, es nuestra gran muestra de soberanía popular. Tenemos que darnos una Constitución que nos permita configurar un acuerdo social, un pacto social.

¿Cuál cree que debería ser la principal característica de la nueva Constitución?

Nosotros necesitamos una Constitución que ponga los derechos humanos como un desde, que nos entregue todos los principios para que sean valorados y respetados. No como letra muerta, si no que como nuestro paradigma de funcionamiento. Y esos derechos debiesen ser consignados también a la naturaleza. Sin duda, que una de esas grandes transformaciones es cambiar el modo cómo cuidamos el medio ambiente, porque si no es nuestra prioridad número uno, nada de lo que estamos haciendo tiene sentido.

¿Qué cree que lo está cambiando todo hoy?

Para mí las grandes transformaciones que estamos empujando en este momento se han podido llevar a cabo gracias al feminismo. Ha sido un motor fundamental, un gran bálsamo, el gran contenedor para que todas estas demandas que por décadas hemos estado haciendo de manera atomizada, tomen un cuerpo común, sean abrazadas por un gran movimiento.

Siento que el feminismo es lo que ha logrado que esta revuelta ocurra. Porque ahí donde hay alguna inequidad, donde hay una precarización, hay una mujer que la está padeciendo y que es capaz de mirar hacia el lado. Insisto, hemos estado décadas con demandas importantes que nos han hecho salir a la calle en forma sectorizada —los movimientos por la salud, por la educación, por Wallmapu—, pero ha sido gracias a la fuerza de las mujeres que estamos aquí.

El feminismo interseccional —que es el que de alguna manera nos está conduciendo a la mayoría de las feministas— nos permite ir abrazando todas las zonas de precariedad y es lo que ha impulsado esta revuelta. Soy una convencida de que, sin feminismo, esto no habría ocurrido o se habría demorado muchísimo más.

¿Sobre qué es optimista?

Soy muy optimista de este proceso constituyente que estamos viviendo. Me gusta, incluso, también llamarlo destituyente, porque siento que en este proceso de constituir nuevas cosas estamos destituyendo muchas lógicas de funcionamiento que nos han hecho muy mal. Entonces es un proceso muy desafiante. Sin duda, que no es un camino fácil para nosotros como sociedad, pero tengo todo mi optimismo puesto en esto. Dentro de mi vida consciente, ni siquiera la llegada de la democracia me ha entusiasmado tanto, porque de verdad este es un momento de soberanía popular. Un movimiento desordenado, caótico, efervescente, loco, muy extraño. La presidenta de la Convención, Elisa Loncón, debe ser hoy la autoridad más legítima en este país: que sea una lamién, profesora, mujer, mapuche, es increíble, avanzamos un siglo.

También me ha tocado ver, por ejemplo, en la comisión de derechos humanos de la Convención, los relatos históricos de los pueblos originarios. No tengo palabras para poder describir lo que está ocurriendo ahí. Creo que es muy bonito lo que está pasando y muy enigmático también. Hay peleas, se agarran, pero por supuesto, qué más podíamos esperar. Esa Convención está catalizando años de inequidad, de injusticia, de invisibilización de muchos sectores. Creo que lo que está ocurriendo ahí es pura alquimia, y eso me mantiene tremendamente optimista. Y voy a hacer todo lo posible porque todo resulte bien.

¿Qué mensaje le daría a la humanidad del siglo XXI y que considera que es clave para el futuro de las próximas generaciones?

Les diría a las nuevas generaciones que tomen partido, que se comprometan. Que las grandes transformaciones son posibles si nos comprometemos, si somos capaces de accionar, de asociarnos unas con otros. Si somos capaces de enredarnos todas y todos tenemos fuerza y voz. Creo que los cambios que necesita la humanidad se realizan a partir de la gente. Las instituciones siempre van más lentas. Las cosas no ocurren solas, somos nosotras y nosotros quienes tenemos que generar esa oportunidad. Yo quiero creer que es posible, tenemos esa responsabilidad y hay que ejercerla.

¿Qué pensadores cree usted que están aportando interesantes puntos de vista a la humanidad hoy?

Bueno, yo vengo del mundo de la literatura y del teatro, del mundo de la creación. Entonces a mí me gusta mucho el pensamiento que está mediado por la metáfora, esa metáfora que nos da sentido. Para mí Diamela Eltit es una gran pensadora, muy lúcida, una autora relevante. Además, acaba de ganarse un premio tremendo ahí en la Feria del Libro de Guadalajara. Su ficción, sus escritos, sus ensayos, cada una de sus entrevistas para mí son, de alguna u otra manera, una forma de observar la realidad y de iluminarla. Iluminarla también desde un lugar que yo comparto, desde esa militancia que es la ficción, la escritura, que son espacios que quizás no cambian el mundo, pero sí nos ayudan a dar sentido al mundo. Y a abrir ventanas de visualidad, de observación, y eso es importante. MSJ

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Nona Fernández es actriz, dramaturga, escritora, guionista de teleseries y feminista. Integra la compañía de teatro “La pieza oscura”, donde se han estrenado sus obras “El Taller” y “Liceo de niñas”.

Periodista.