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Obispos españoles siguen cerrando filas solidarias con los refugiados del “Aquarius”

Primero fueron los cardenales Osoro y Cañizares, seguidos del padre Ángel y del secretario del episcopado, Gil Tamayo. Continúa, ahora, el goteo de obispos españoles que cierran filas con los refugiados del “Aquarius”, siguiendo las indicaciones del Papa y del Evangelio: ‘Fui forastero y me acogiste’. Y, por supuesto, Cáritas.

El arzobispo de Zaragoza, monseñor Vicente Jiménez, ha manifestado sobre la acogida a los refugiados del barco “Aquarius”, que se encuentra entre Malta e Italia, y tras el rechazo del país transalpino a hacerse cargo de él, que “por encima de las disposiciones legales y de los supuestos económicos está siempre primero la humanidad” y “la dignidad de ser personas”.

Por eso, “todos tienen que ser acogidos”, ha señalado en declaraciones a los medios de comunicación, tras participar en la presentación del último número de la revista Aragonia Sacra, que rinde homenaje al ecónomo de la Archidiócesis de Zaragoza, Ernesto Meléndez, fallecido el pasado mes de agosto.

El arzobispo ha señalado que los gobiernos y las autoridades públicas han de “tratar de buscar las raíces hondas del problema y afrontarlo desde el origen, también desde el traslado y desde la llegada, porque en los tres ámbitos hay problemas”.

En concreto, ha precisado que en el origen “hay que fomentar el desarrollo integral”, en el traslado “hay que evitar las mafias y el aprovechamiento de esta gente inocente”, mientras que la acogida hay que hacerla “con los brazos abiertos y ofreciendo la casa común a todos”.

Monseñor Jiménez ha añadido que la Iglesia “siempre acoge a todos los hijos, independiente de la raza, lengua, nación y religión”, porque “son hijos de Dios y son hermanos nuestros”. Ha traído a colación las palabras de Jesucristo en el Evangelio, que emplaza a “acoger al hermano”. “Fui forastero y me hospedasteis, fui emigrante y me acogisteis”, ha apostillado el prelado.

COMUNICADO DE CÁRITAS ESPAÑOLA

Cáritas, como entidad de la Iglesia que se compromete a diario ante el drama de la movilidad humana, como el que ahora vuelve a vivirse en aguas del Mediterráneo a bordo del buque “Aquarius”, se siente interpelada por una realidad que conmueve a la opinión pública europea.

Cáritas se posiciona sin titubeos al lado de esas personas que son testigos de muerte, sufrimiento y dolor. Las biografías de esas 600 personas que viajan a bordo del barco son similares a las que cada día se viven en escenarios como Tarifa, el Tarajal, las Vallas o Siria.

Este goteo intolerable de situaciones inhumanas pone en evidencia el fracaso de unas políticas migratorias orientadas exclusivamente al control de flujos, que Cáritas y otras organizaciones de Iglesia han denunciado reiteradamente y ante las que proponemos un modelo alternativo basado en el respeto de los derechos humanos de las personas en situación de movilidad y el establecimiento de vías seguras de acceso a nuestros países.

Por este motivo, Cáritas reitera su disponibilidad a sumar sus esfuerzos en la eventual acogida de estos migrantes en nuestro país, en el marco de un modelo humanitario basado en la protección, la promoción y la integración a medio y largo plazo.

Asimismo, llama a toda la ciudadanía a actuar con generosidad, diligencia, sabiduría y amplitud de miras a los numerosos desafíos planteados por las migraciones contemporáneas, que quedan tan patentes en el caso de este buque.

Urge, además, a todos los Gobiernos de la Unión Europea a que asuman desde una óptica humanista los retos y las oportunidades que las migraciones plantean, y a que abandonen esa visión que es la que ahora marca las prioridades, como son el control de flujos, la externalización de fronteras o la condicionalidad de la ayuda para el desarrollo.

Se trata de un desafío global que trasciende las fronteras de los países miembros y que, como reto comunitario, no puede ser objeto de transacción política ni de contiendas electorales teñidas de insolidaridad o intereses a corto plazo. Al contrario, el periplo del “Aquarius” afecta a la dignidad y a los derechos de todos nosotros y no solo de quienes viajan a bordo del barco, lo que reclama activar en Europa una mirada a largo plazo, para que incida de raíz en las causas de las migraciones forzadas.

Si de verdad queremos transformar el reto en oportunidad, la respuesta pasa, como propone la campaña lanzada por el Papa Francisco en septiembre de 2017, por “compartir el viaje” para promover la cultura del encuentro entre los inmigrantes y las comunidades locales, convencidos de que las migraciones son una oportunidad para el desarrollo de los pueblos.

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Fuente: www.periodistadigital.com/religion [1]