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Palabras encadenadas

Solemos decir que una imagen vale más que mil palabras, pero eso deja de ser cierto cuando nos adentramos en el mundo de las palabras. Porque ahí descubrimos significados perdidos y etimologías olvidadas que hacen desentrañar un universo entero de una sola palabra.

Hace unos días, descubría un parentesco que me era totalmente desconocido: sólido y solidario. Y es que ambas comparten la misma etimología latina, solidus. Y si uno lo piensa, ¡es tan lógico! Porque si lo sólido se conoce en virtud de su firmeza, densidad, fortaleza o por ser aquello que se establece con razones fundamentales y verdaderas; la persona solidaria es aquella que encarna dichas virtudes. Y, por extensión, también los cristianos. Porque una fe ausente de solidaridad carece de coherencia y de sentido, no es firme y tampoco tiene la suficiente densidad como para soportar la crítica que en algunos despierta vivir al estilo de Jesús. Pero esa solidez de la solidaridad cristiana no se encuentra sino en la soledad. Aquella que busca la intimidad con Dios, que dota de sentido el silencio y que no teme el encuentro cara a cara con el Señor y nuestras fragilidades. Porque hay soledades que son necesariamente solidarias: como la del farero o la de quienes llevan una vida contemplativa y que, sin saber nuestros nombres, nos aman en muchedumbres.

Sólido y solidario; solidaridad y soledad. Palabras que se encadenan y que en hacerlo nos descubren que en realidad unas pocas palabras valen más que mil imágenes.

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Fuente: https://pastoralsj.org [1]