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Pedir en medio de la noche: a propósito de la oración final en ‘No miren arriba’

La película No miren arriba, dirigida por Adam McKay, estrenada en diciembre de 2021 y protagonizada por Leonardo DiCaprio y Jennifer Lawrence, ha causado una sugerente acogida y crítica por parte de la audiencia. La película, una mezcla de humor, drama y catástrofe, relata los meses precedentes a la caída de un gran meteorito que destruirá la tierra. Uno de los personajes de la película, Yule, interpretado por Timothée Chalamet, y en la noche en la que la tierra está siendo destruida realiza una oración en la cena final del grupo de varios de los personajes centrales de la película. Yule es un personaje muy variopinto: anda en patineta, fuma, tiene algunos episodios de robos en tienda y tiene un espíritu antisistema que coexiste con su profundidad espiritual manifestada de manera más clara en la escena de la oración durante la comida. Al momento de estar cenando, Yule encabeza la última oración, la cual dice:

Querido Padre y creador todopoderoso,
te pedimos tu gracia esta noche, a pesar de nuestro orgullo.
Tu perdón, a pesar de nuestras dudas.
Y, sobre todo, te pedimos tu amor para que nos alivie en estos tiempos oscuros.
Que afrontemos lo que venga en tu divina voluntad con valentía y con el corazón abierto a la aceptación. Amén.

La oración es conmovedora y se despliega en medio de los recuerdos, de los temores y de los sabores de la mesa. A partir de esta escena, quisiera escribir algunas ideas en torno a cuál puede ser el significado profundo de saber pedir en medio de la noche, en medio de los tiempos oscuros y de las dudas, utilizando las palabras de Yule.

El rabino Eliezer Melamed, en su libro Pninei Halajá, Leyes referentes a la plegaria, recuerda que rezar es una de las expresiones fundamentales de la fe en Dios. “El ser humano no es perfecto, padece de carencias y anhela completarlas, razón por la cual se dirige al Creador mediante la plegaria”. Esta situación existencial llamada “incompletitud humana” por Melamed, hace que lo seres humanos nos dirijamos a Dios cuando la vida cotidiana se ve afectada (un dolor, una enfermedad, una muerte, necesidad de bienestar). En estas situaciones límites, parafraseando al filósofo Karl Jasper, el corazón humano reconoce la necesidad de la plegaria. Y, en otro momento, Eliezer Melamed afirma: “En el mero acto de comunicación con Dios mediante la plegaria, el ser humano inicia un camino de crecimiento y redención”.

La oración de la noche final de la humanidad es elevada en medio de la incertidumbre, del temor y del reconocimiento de la finitud de la vida humana. Es sugerente además la estructura de la petición de Yule: pedir a Dios que la gracia sea en medio nuestro a pesar del orgullo, es decir, de aquello que hace que nos cerremos a la acción de un otro. La gracia es una fuerza dinámica que se desplaza en medio nuestro y nos hace desplazarnos de nuestras cerrazones. Es necesario abrir el corazón a la aceptación de la voluntad divina y, en ello, se acentúa el carácter de la oración de petición, la cual, y como dice Karl Rahner, no es una confesión de nuestra necesidad, sino que es la afirmación del poder amoroso de Dios. La oración de petición y la plegaria en general poseen una gramática de la apertura de la vida a la presencia del Dios que escucha el corazón del ser humano. El Dios a quien se dirigen nuestras oraciones en medio de la noche, de la noche oscura, de los tiempos de confusión y temor no es un Dios indolente al clamor humano. La fuerza divina manifestada en la Escritura en cuanto contenido de la acción de Dios en el mundo, muestra que el Padre Creador escucha la voz de los seres humanos y que en dicha escucha nos invita a abrir nuestra propia vida para escuchar su voz que resuena en medio de esa oración. De esa manera podremos ir profundizando en los modos de comunicación orante, así como Yule lo hizo en la comida final de No miren arriba. MSJ