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Posverdad, conspiraciones y crisis sanitaria

El sujeto posverdad —aquella persona condicionada o predispuesta a difundir información no chequeada— utiliza como principal arma argumentativa el falibalismo. En simple, el falibalismo extrema la subjetividad al momento de defender argumentos como, por ejemplo: “¿Qué certeza tienes tú de que la tierra es plana si nunca has viajado al espacio?”. “¿Qué prueba existe de que la vacuna contra el Covid funciona, si tras su aplicación ha aumentado el número de casos?”.

El falibalismo, como doctrina lógica, es muy difícil de contra argumentar, pues sus preceptos bases son, justamente, anular el diálogo e instaurar “verdades” de acuerdo a apreciaciones por sobre la técnica. Como sociedad, hace ya varios años hemos transitado de un pensamiento puramente lógico a uno dotado de sentimientos y apreciaciones, es lo que Heidegger en 1955 denominó “La serenidad de las cosas”, cuando el mundo técnico es superado y se abren nuevas vías de conocimiento: la “apertura del misterio”.

Pero esta apertura, supongo, nunca consideró una democratización tal del conocimiento como estamos viendo ahora “gracias” a internet y las redes sociales. Imagino que, en el periodo de posguerra de Heidegger, esta apertura apuntaba más a un afán liberalizador que a uno dogmático. Imagino también que este rechazo a lo técnico era una respuesta a la carrera nuclear que se había iniciado años antes y que terminó con los horrores de Hiroshima y Nagasaki. Apuesto que esta “apertura del misterio” venía acompañada de una toma de conciencia y de nuestro lugar en la sociedad.

¿Cómo entra la Posverdad y la Desinformación en esta apertura? Justamente en la conciencia, en nuestro rol en la sociedad, en el papel que queremos desempeñar en ella. Movimientos antivacunas, conspiracionistas o de extremos políticos no han hecho más que aprovechar esta coyuntura económica o sanitaria para instalar “sus verdades”, sin argumentos plausibles, sin pruebas técnicas, sin análisis de entorno y, lo que es peor, sin sopesar su lugar en la sociedad.

Los tremendos esfuerzos técnicos, científicos y políticos que se han llevado a cabo en Chile y el mundo se ven impactados hoy por grupos minoritarios y bulliciosos que ensucian un proceso ejemplar, todo por levantar su agenda, su verdad, su argumentación vaga.

La conspiración parece ser hoy la respuesta fácil. El movimiento antivacunas mutó de una causa sanitaria a una anarquía sistémica, que no solo está golpeando los protocolos de salud los países, sino también la democracia que muchos nos hemos tardado tanto en construir. MSJ